26/09/2024
México: la pesadilla de Antígona
(Versión 10.14 24)
Sueña Antígona que despierta de la pesadilla de una estirpe azotada por los males y al despertar la realidad que se muestra es la pesadilla de sus sueños. Piensa Antígona que nadie merece la suerte horrible de no dar sepultura a los que ama; y mientras Antígona sueña y piensa en la realidad terrible de una corrompida Tebas, Creonte, el tirano con su cofradía de decadentes lacayos, entre bacanales y narcoshows telenecróticos, anuncia los nuevos tiempos que vendrán para una nación que renunció a sus derechos soberanos. Aunque todas y todos saben que no habrá tales tiempos, que la peste ha vuelto y está vez no hay quien se enfrente a las Esfinges, como lo hiciera Edipo, sus hijos han mu**to, han desaparecido, o son una estadística más en las fosas que se encuentran por todo el decadente país tebano.
Antígona recuerda que ha escuchado, o ha soñado, la prohibición de que los hijos disidentes de Tebas sean sepultados. Pero de pronto Antígona sabe y comprende que no es un sueño, que el país de su infancia se ha convertido en una gran fosa común donde cada día, cada minuto, aparecen los mu**tos de todos y de todas, aunque cada mañana se vociferen otros datos, aunque el miedo silencie nuestros ojos. Y las madres y lo padres y las hermanas y los novios y las novias se desplazan cientos de miles de kilómetros con la terrible esperanza, de que aquel hallazgo, los nuevos mu**tos sean por fin sus hijos, sus hermanas, sus esposos desaparecidos por la corrupción y cobijados por la impunidad que, el Creonte en turno y los suyos, le han impuesto a la que fuera Tebas la grande, Tebas, la de las siete puertas, hoy tan decadente que nadie atina a reconocer aquella nación que fuera referencia grandiosa de otros tiempos.
Antígona sale a la calle, no sabe si aún vive la pesadilla de sus sueños o si sus sueños son la pesadilla de su vida; costas, selvas, montañas y desiertos recorre para sepultar a sus hermanos y comprende que ella, que se pensó sola, es tantas otras que buscan un mínimo fragmento de carroña que les indique en que lugar del basurero o la carretera pueden estar las hijas, los esposos, las novias, los primos, los vecinos, las amigas, aquellos y aquellas a las que amamos, los que están ausentes por la prepotencia de tiranos que, en su infinita pequeñez, han renunciado como Creonte, al alma humana a cambio de unos denarios; de una miseria que de todas formas no puede ni podrá comprar la ira de tanto dolor, de tanta rabia, de tantas y tantos desaparecidos/as, de tantas y tantos mu**tos sin rostro que cada día nos gritan sus nombres pues se niegan, como también se niegan las Antígonas de esta patria, a que sus seres queridos sigan siendo un número de mi**da en la estadística oficial. Son mujeres, son hombres, son niños/niñas, son migrantes, son estudiantes, son jóvenes, son campesinos, campesinas, son luchadores/luchadoras sociales, que amaron, que creyeron, que soñaron pero no son números, son nuestras-nuestros mu**tos, los mu**tos de todas y de todos. Y de pronto Antígona abre los ojos y descubre que de tanto caminar ha llegado al Tártaro
y que ese lugar hoy se llama Ayotzinapa, Guerrero, México. Y con terror, y ese llanto que arranca la esperanza de los ojos, comprende cuántas sepulturas faltan y cuántos tiranos hay aún por derrocar para terminar de una buena vez con su inagotable e involuntario oficio de sepultadora, de buscadora, Y Antígona agotada desea por un un momento eterno... ser entonces: la sepultada.
RAJ ElNecio
Mínima Galería Íntima
Málaga, Andalucía / Mérida, Yucatán
Octubre 2014 / Septiembre 2024