21/10/2024
Búsqueda y encuentro
Día de muertas, Taller Eusebio Ruvalcaba
Eterno Femenino Ediciones, 2024, Ciudad de México.
El macho sobra. La naturaleza puede resolver todo problema sólo con la hembra.
Remy de Gourmont
El dios originario, el primero de la humanidad fue una diosa; la primera divinidad de la historia. Las más antiguas obras de arte que conozcamos son las llamadas Venus Esteatopigias. Y he escrito obras de arte para referirme a esas antiquísimas esculturas. Con todo lo que eso implica.
La obra de arte y más en aquellos remotos momentos, era una y la misma cosa que el acto de conocimiento que hoy le llamaríamos ciencia y no menos era la conexión con lo divino. Arte, ciencia y religión eran una y la misma cosa.
En filosofía suelen llamar “El amanecer espiritual” aquel momento en que el australopitecus-pitecantropus-cro-magnon empieza a hacer uso de la razón, a tener consciencia de sí mismo, a pensar para llevar a cabo el intento de explicarse su circunstancia y a sentir los primeros atisbos de la trascendencia al existir en este mundo. La vida y la muerte.
Es indudable que los hombres empezaron a pergeñar las Venus, esas mencionadas pequeñas esculturas (de 5 cm como mínimo y hasta 25 cm las más grandes) porque querían manifestar algo poderoso que sentían dentro de su pecho: el culto a la vida. Y entre los humanos la que daba vida era la mujer. La hembra que más más hubiese parido en su vida, la multípara de senos enormes; vientre, necesariamente, abultado y las caderas, las nalgas, inmensas. Esas mujeres eran sagradas. Los antropólogos las han llamado, muy injustamente Venus esteatopigias. Digo injustamente porque el vocablo “esteatopigia”, por su etimología, significa “que tiene grasa en las nalgas”, que no deja de ser incluso despectivo. ¿Vieja manía misógina del XIX? No olvidemos que lo que hoy llamamos caracteres sexuales secundarios, las formas redondeadas de la mujer, caderas más anchas, senos abundosos, no son más que acumulaciones de grasa. En su libro S*x at down, traducido al español como En el principio fue el s**o; el antropólogo Christopher Ryan sostiene que (parafraseo pues la cita no es textual): “Cuál será el embrujo que tienen sobre los machos humanos esas dos bolsitas de grasa que las hembras humanas muestran en el pecho?”. La belleza encarnada, los senos femeninos, son simplemente dos bolsitas de grasa.
Pero volvamos a las esculturas de las Venus Esteatopigias.
La puntillosa manipulación de los materiales usados para elaborarlas (hueso, marfil, roca, arcilla, madera, terracota), el esmero inusitado, la intención de resaltar los caracteres sexuales en estas esculturas demuestran el sentido de lo divino, la veneración que inspiró a los primigenios artistas. Estamos hablando de hace unos treinta mil a veinte mil años atrás. Las Venus Esteatopigias se fabricaron a lo largo de siglos. Su creación se remonta incluso hasta 200 mil años antes de nuestra era, desde entonces hasta unos veinte mil años atrás de este nuestro momento en la historia. Es decir, el amanecer espiritual (algunos estudiosos lo ubican hace 120 mil años, pudieran ser más) coincide con la veneración religiosa de la mujer que llevó a aquellos artistas a crear tales esculturas. Y es obvio. Pensemos. Aquellos hombres que empezaban a pensar se dieron cuenta de que las mujeres eran las que generaban a la especie humana. Por supuesto, ellos desconocían su papel en el proceso de la creación de una vida humana y sólo observaban como las mujeres, ellas solitas (en apariencia) o quizá pensarían que alguna ayuda proporcionaría el coito, pero lo que veían es que ellas concebían, luego les crecía su pancita mientras gestaban y, finalmente, parían. Sólo ellas traían nuevos humanos al mundo, para que no se acabara la especie. Y aquellos hombres se dieron cuenta de que si no hicieran aquello las mujeres la humanidad desaparecería. Eso era un atributo de los dioses. Así que ellas eran sagradas. Ellas eran la manifestación del dios creador en este mundo. Gracias a ellas los humanos se reproducían. Por eso dios era una mujer igual a las venus prehistóricas. Dios era femenino. Dios tenía enormes tetas, una gran panza de mujer que ha parido diez, quince o quizá más veces y, además, un par de formidables nalgas, porque eso eran los seres que hacían la renovación de la humanidad.
Y se llamó matriarcado. Y las mujeres dirigían a las sociedades humanas (tribus, clanes, pequeñas partidas de humanos al borde del exterminio). Y ellas conservaron a la humanidad por miles y miles de años. Se dice que la mujer es, por naturaleza, conservadora, el hombre, en cambio, también por naturaleza es osado, atrevido, diríamos revolucionario. Pero ellas ordenaban, ellas dirigían el clan, recolectaban frutas y semillas, cuidaban a los niños y niñas que no tenían un papá ni una mamá, sino todos los adultos del grupo eran sus padres y, de por sí, sus madrees. Así sobrevivieron por milenios. Hasta que un día los hombres descubrieron la agricultura. (Se dice que las mujeres la descubrieron antes, lo cual es creíble), pero cuando los hombres aprendieron a cultivar la tierra, obviamente gracias a ellas, poco después, hicieron la revolución del neolítico y cambiaron todo. La similitud parece obvia (y la corrobora el lenguaje: la palabra semen tiene la misma raíz original que la palabra semilla). El hombre agricultor habrá pensado: “El hombre es la semilla, la mujer es la tierra. Viene el hombre y deposita su semen dentro de la mujer, igual que coloca la semilla bajo la tierra. De ahí se reproduce la planta que nos alimenta. Del hombre, en el vientre de la mujer, surge su hijo, su hija. El hombre también tiene un papel importantísimo en la fecundación”. Y el hombre de aquellos tiempos diría: “Los hombres somos más fuertes que las mujeres. Fácilmente podemos dominarlas en la lucha”. Y lo hicieron. Así nació la familia y la propiedad privada, por ahí lo dice Federico Engels. “Esta es mi tierra y esta es mi mujer”. Esto ocurre “apenas” hace unos 15 mil años. Y se acabó el dios femenino. Y se acabó la veneración religiosa por la fémina. “Ella no daba la vida más que el hombre, pero el hombre es más fuerte, más osado, más valiente, más competitivo, citius, altius, fortius”. Y se instauró el patriarcado y luego apareció la civilización y surgieron pueblos, luego ciudades con todo el complejo de organización de gobierno, cultura, religión, abasto de alimentos y desalojo de desechos, urbanización, etc. Y la sociedad, así, en el patriarcado, evolucionó hasta el capitalismo, desechó un intento socialista fallido y así hemos vivido los últimos siete u ocho mil años. Hasta que nos encontramos a punto de darle en la madre a nuestro planeta, contaminándolo, el único que tenemos para vivir.
Y es en este momento en que hay, desde hace algunos años, un poderoso movimiento feminista en México y en todo el mundo. Las mujeres regresan al poder, luego de que fueron expulsadas de éste. Hay casos terribles a lo largo de la historia. Muchas circunstancias que debieran avergonzar a la humanidad relativas al sometimiento, la vejación, el ninguneo, el maltrato, la discriminación y hasta la degradación de las mujeres a lo largo de toda la historia, en todas las etapas de la historia de las civilizaciones. Hoy mismo, en muchos países de religión y cultura musulmana las obligan a usar el rostro cubierto y los hombres, según su poder económico, tienen derecho a desposar a varias mujeres. En la antigua Grecia, tan racionales y sabios ellos, justificaban que las mujeres eran inferiores a los hombres porque no habían terminado de desarrollarse, lo cual estaba ante los ojos de todo el mundo: ellas no llegaban a ser tan fuertes como los hombres, no habían hecho músculos poderosos y, en general, su cuerpo era más blando y su esqueleto más débil e incluso las mujeres normalmente eran de talla más pequeña que ellos y hasta la voz, no les había cambiado, se había quedado aguda, como de niño, mientras que la voz de los hombres se había hecho grave y gruesa. Sería interminable una lista de los agravios que han sufrido las mujeres en toda la historia.
Y ahora ellas regresan a tomar el poder.
La humanidad ha cambiado hasta humanizarse, al menos en el papel. En la edad antigua de la historia era legal la ley de guerra, que autorizaba al guerrero vencedor a apropiarse de los bienes materiales, la esposa y hasta los hijos del vencido incluso como esclavos. Era la ley del más fuerte, la ley de las bestias. Pero eso no se podía sostener. La fuerza física de un hombre acaso dura treinta o si alguien tiene muy buena madera cuarenta años. No más. La vida puede ser más larga. Así que se inventó la política, para hacer la guerra por otros medios. Y los viejos tomaron el poder a través de la política y eso les permitió mandar a los jóvenes a matarse para apropiarse ellos, los viejos, de las tomas de decisión, del poder. Es decir, ya no era la ley del más fuerte, una ley animal. Ahora la ley es la del más astuto, el más inteligente. Sin embargo, el nuevo sistema siguió haciendo exclusión de las mujeres.
A pesar de lo anterior, siempre ha habido mujeres muy grandes, geniales, que han abierto brecha e incluso en lo personal se colocaron como científicas, políticas, filósofas, artistas, etc. Por supuesto que es imposible olvidar a María Curie que dejó a la humanidad conocimientos valiosísimos y que pagó con su vida la realización de su trabajo; hoy mismo, sus huesitos siguen, todavía siendo mortales, radiactivos. Recordamos a la gran poeta de México, Juana de Asbaje, conocida como Sor Juana, muy posiblemente ella era la mente más poderosa de la Nueva España y que vivió la peor misoginia que existe, la de la iglesia católica por parte de un sujeto con cariz criminal como lo fue Francisco de Aguiar y Ceijas, el que, en la práctica, la condenó a muerte a sus cuarenta y cuatro años; así perdimos para México a la más grande poeta mexicana, la que incluyó la literatura mexicana en el siglo de oro español. Madame du Chatelet (Gabrielle Emilie le Tonnelier de Breteuil), la mujer que tradujo la obra de Isaac Newton al francés, novia de Voltaire, matemática, física y erudita. Santa Hildegarda, monja, científica, escritora, música, naturalista, mística, compositora, filósofa y tan inteligente que ni siquiera la iglesia de aquellos tiempos oscuros, ella vivió entre los años 1098 a 1179, casi al final de la edad media, llegaron a atreverse a molestarla. Y hay muchas más, desde Hipatia, geómetra y erudita, gran maestra de matemáticas, astronomía y filosofía; Ada Lovelace, matemática, científica y precursora de la computación; Virgina Wolf, gran escritora; Simone de Beauvoir, feminista, filósofa y escritora; las dos margaritas, prodigiosas escritoras francesas, Yourcenar y Duras; Remedios Varo y su gran amiga Leonora Carrington, y etc. Pero todas tenían que ser genios para ser consideradas. El genio existe entre las mujeres, como todo fenómeno humano
Por fortuna hoy las mujeres vuelven a aparecer en primer plano en las sociedades.
Los fenómenos que nos asombran están a la vista. El matrimonio tradicional se encuentra en grave crisis. Las mujeres cada vez son más autosuficientes y menos permiten la sumisión a que las sometía el matrimonio. La familia, como la conocemos, se muestra más disfuncional. Las mujeres resuelven sus propios problemas sin necesidad de un hombre que las mantenga ni les ordene. Pero también los feminicidios han venido al alza. La pareja tradicional se desmorona, pero al parecer el precio de su libertad lo pagan las mujeres con su vida. Los datos prueban que la mayor parte de los feminicidios ocurren a manos de las parejas de las mujeres.
El arte es el reflejo de la sociedad. Y puede ser también un instrumento de denuncia. Las relaciones humanas son relaciones de poder, siempre. La barbarie es el ejercicio violento del poder. Contra la violencia se inventó ese conjunto de actos terribles que suele ser la política, “la guerra por otros medios”. Todo desacuerdo tiene que resolverse pacíficamente. Las sociedades humanas tienen que movilizarse contra la violencia.
Y aquí, en este momento, como parte de tal movilización contra la violencia, con el arte como denuncia, tenemos cuatro cuentos de sendas mujeres extraordinarias. Sus obras son terribles, como es la circunstancia que estamos viviendo. Lidia, Guille, Leslye y María publican sendos cuentos sobre el feminicidio. Una profesora, directora de escuela; una periodista extraordinaria, incluso heroica; una señora escritora y una ingeniera que, además, escribe mejor que la mayoría de los hombres.
Los autores son hijos e hijas de su tiempo. La literatura tenía que tocar estos temas terribles, el feminicidio. Las cuatro mujeres que aquí publicamos, son miembros del taller de creación literaria Eusebio Ruvalcaba que él mismo dirigiera. Hoy, el que fuera el más brillante de sus discípulos, el sapientísimo Jorge Arturo Borja, dirige el taller Eusebio Ruvalcaba.
Los cuatro cuentos que se incluyen en este opúsculo fueron presentados en este taller. La factura inmejorable de los cuatro y la coincidencia en el tema, porque no son por encargo, fueron surgiendo espontáneamente, excepto el que se titula Vicenta, que fue un ejercicio, pero que en su ejecución resultó tan formidable que ganó el concurso nacional de cuento del ISSSTE en 2016. Este opúsculo es una aportación desde la visión de cuatro destacadas mujeres de un fenómeno que debe ser desterrado de la civilización para siempre.
En México hoy es tiempo de mujeres. Porque el espíritu femenino ha sido el gran ausente y ellas hacen falta flagrante, dolorosamente en las sociedades. El mundo es mejor si hay mujeres. La mujer es el lado sublime de la humanidad, pero, más todavía, las mujeres son la parte mayoritaria de la estirpe humana. Y este libro de cuentos extraordinarios es una aportación para la forja de una sociedad más justa, más sana, en donde las mujeres de carne y hueso tengan un lugar preponderante, para bien de la propia sociedad.
Hombres y mujeres unidos buscamos una mejor manera de convivencia. La historia de la humanidad ha sido la de esa búsqueda.