20/03/2026
El equinoccio es este momento en el que la luz y la oscuridad se equilibran: el día y la noche duran prácticamente lo mismo. La mitad luminosa comenzó desde el Solsticio de invierno, cuando la luz empieza a aumenhtar y los días empezaron a alargarse poco a poco. Sin embargo, es ahora cuando la luz realmente “gana la batalla”: a partir de este punto, durante el siguiente cuarto del año, habrá más horas de luz que de oscuridad y esa diferencia seguirá creciendo hasta el Solsticio de verano, cuando la luz alcanza su máxima duración. Después de ese momento, el proceso se invierte lentamente y la oscuridad comienza, poco a poco, a recuperar terreno.
Aunque no siempre lo notemos, este cambio sí nos afecta. Nuestros ritmos circadianos, que regulan el sueño, la energía y muchas funciones hormonales, responden directamente a la cantidad de luz que recibimos . Por eso, estos cambios pueden influir en cómo dormimos, en nuestro estado de ánimo y en nuestros niveles de energía, incluso en la forma en que percibimos el tiempo o la motivación.
Nuestros abuelos lo observaban con precisión, lo esperaban, lo medían y lo integraban como una forma de medir el tiempo, de observar los cambios de la tierra y los momentos para la siembra y de entender su integración con el cosmos. Para ellos, el movimiento del Sol no era externo, era un reflejo del orden que también habitaba en nosotros. Esa comprensión quedó plasmada tanto en la naturaleza como en la arquitectura. En el paisaje, observaron alineaciones como las que conectan el Popocatépetl con el Pico de Orizaba y marcan direcciones solares en momentos específicos del año. Y en los centros ceremoniales, estructuras como El Castillo de Chichén Itzá, Teotihuacan, Monte Albán o Xochicalco funcionan como verdaderos observatorios, donde la luz del Sol señala con exactitud estos momentos de equilibrio. No era solo astronomía: era una forma de sincronizar la vida con el tiempo del universo. Y ese mismo ritmo sigue en nosotros, recordándonos que lo que ocurre en el cielo también ocurre, de otra forma, dentro de nuestro propio cuerpo y nuestra experiencia.