12/05/2025
Pluma Dinámica ✍️|
Cuando escuchamos “Metro de la Ciudad de México” pensamos en los vagones naranjas llenos, los trasbordes eternos y, últimamente, en accidentes y noticias preocupantes. Y es que el Metro no sólo mueve a más de 4.5 millones de personas al día: también es un reflejo de cómo funciona (o deja de funcionar) la ciudad.
En medio de todo, acaba de llegar un nuevo director: Adrián Rubalcava, exalcalde de Cuajimalpa y político ligado al PRI que ahora se acerca a Morena. Su nombramiento ha dado de qué hablar porque muchos lo ven como un movimiento político más que técnico ¿Puede alguien sin experiencia en transporte masivo encargarse de un sistema tan complejo? Esa es la gran pregunta
El Metro tiene problemas de fondo. Solo en 2024 transportó a más de 1,170 millones de usuarios, pero sus ingresos no han crecido al mismo ritmo. La tarifa sigue en 5 pesos desde el 2013, mientras el costo real por pasajero es mucho mayor; ¿subirán el precio? Técnicamente sería necesario, pero políticamente es impopular. Así que, por ahora, el presupuesto sigue estirándose, aunque no alcanza: en 2025 será de 23 mil millones de pesos, pero debido a la inflación ese dinero vale menos que antes.
A todo esto hay que sumar los riesgos… el Metro se siente como una bomba de tiempo. Muchas de estas fallas vienen de años de mantenimiento insuficiente y trenes ya bastante viejos.
Durante la gestión de Florencia Serranía (directora hasta 2021), hubo críticas fuertes porque además de dirigir el Metro, ella misma era responsable del área de mantenimiento. Tras los accidentes, la Auditoría Superior de la Federación señaló deficiencias en la supervisión. Luego llegó Guillermo Calderón y ahora Rubalcava.
Pero Rubalcava no llega solo con problemas técnicos: también carga su propio historial. Como alcalde fue señalado por clientelismo y por usar recursos públicos con fines políticos, aunque no tiene procesos judiciales abiertos. Su nombramiento se interpreta como parte de acuerdos políticos, más que por méritos en movilidad.
Mientras tanto, la inseguridad sigue: solo entre febrero y marzo de 2025 se registraron 187 robos en el Metro, y se reportaron casos recientes de “pinchazos” a usuarios dentro de estaciones, lo que ha aumentado la preocupación entre los pasajeros. Las estaciones Pantitlán, Hidalgo y Tacuba son las más peligrosas, según la fiscalía. Y aunque hay planes de mejora, las acciones preventivas no se ven claras. Desde 2014 se recomendó implementar sistemas predictivos de fallas, pero hasta ahora no se ha hecho de forma completa.
El reto de Rubalcava no es menor: necesita recuperar la confianza de millones, garantizar seguridad y evitar más tragedias. Pero con menos dinero real, una red envejecida y una designación más política que técnica, su camino luce cuesta arriba. Si su gestión se limita a administrar la crisis sin atacar las causas de fondo, el Metro seguirá atrapado en el mismo ciclo: accidentes, reparaciones de emergencia y promesas sin cumplir.
El Metro no es solo trenes: es tiempo, trabajo, seguridad y calidad de vida para millones. La pregunta es si, esta vez, el gobierno priorizará a los usuarios… o seguirá priorizando la política.