21/08/2026
A los 16 años le mataron a su padre. Terminó conquistando reinos, gobernando Texcoco y convirtiéndose en uno de los grandes poetas del México antiguo. Este era Nezahualcóyotl.
Olvídate del “Rey Poeta” tranquilo que te enseñaron en la escuela. Antes de convertirse en uno de los grandes pensadores de la lengua náhuatl, Nezahualcóyotl fue un príncipe perseguido que tuvo que aprender a sobrevivir.
Después del as*****to de su padre, huyó para no terminar igual. Durante años vivió oculto, huyendo de sus enemigos y esperando el momento para regresar.
Y cuando regresó, no lo hizo solamente para recuperar un trono.
Se convirtió en guerrero, estratega y gobernante. Participó en guerras, derrotó a sus enemigos y terminó consolidando, junto con Tenochtitlan y Tlacopan, uno de los grandes poderes de la Triple Alianza. Pero mientras acumulaba poder, también dejó una obra que iba mucho más allá de la guerra.
Nezahualcóyotl fue poeta, legislador y estuvo relacionado con grandes obras de ingeniería y arquitectura en Texcoco. Se le atribuyen decenas de composiciones en náhuatl, y en ellas aparecen constantemente la muerte, el paso del tiempo y lo poco que dura nuestra existencia.
Sus poemas hablan de flores, cantos, amistad y belleza, pero debajo de todo eso aparece una pregunta:
¿Qué sentido tiene vivir si todo lo que conocemos algún día desaparecerá?
Para Nezahualcóyotl, ni el poder, ni la riqueza, ni siquiera la vida eran permanentes. Todo era pasajero.
De ahí surge uno de los versos atribuidos a él que mejor resume esta idea:
“No para siempre en la tierra,
solo un poco aquí.”
También se le relaciona con la reflexión sobre Tloque Nahuaque, una expresión nahua que puede traducirse como “el dueño de lo que está cerca y junto”. Su interpretación como una concepción de una fuerza suprema e invisible forma parte de la tradición que se ha construido alrededor de su pensamiento.
Y quizá ahí está lo más interesante de Nezahualcóyotl.
El hombre que pasó su juventud huyendo, que después hizo la guerra, gobernó y construyó grandes obras, terminó dejando sus palabras para enfrentarse a algo que ningún ejército podía conquistar:
entender qué significa estar vivo y qué queda de nosotros cuando nos vamos.
Por eso Nezahualcóyotl no fue solamente un rey ni un guerrero.
Fue un hombre que tuvo el poder de conquistar y gobernar territorios, pero cuya poesía terminó intentando conquistar algo mucho más difícil:
una respuesta a la muerte.