27/10/2025
Muy interesante artículo.
"LA LIMPIEZA VISUAL COMO UN MEDIO DE MANIPULACIÓN Y VIGILANCIA... "
eso incluye la poda excesiva, los cortes de Arbolado y luces muy brillantes.
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Para Claudia Zamorano, mirar la Alameda Central es observar mucho más que una postal urbana. Es observar los efectos acumulados de más de dos décadas de transformación en el Centro de la Ciudad de México. Su investigación parte de una pregunta que parece simple: ¿cómo se construye la imagen de un espacio seguro? Lo que descubre es un entramado de políticas, decisiones de diseño, trabajo invisible y exclusión cotidiana.
Zamorano se sitúa en el cruce de tres procesos que, según su análisis, operan de forma entrelazada: la renovación urbana impulsada desde inicios del siglo XXI, la gntrificación que ha desplazado usos y presencias consideradas no deseadas, y la segurización, entendida como una fuerte inversión —tanto pública como privada— en servicios y dispositivos que buscan generar confianza entre inversionistas y nuevos residentes.
No estudia esto desde lejos. Realiza trabajo de campo, recorre la Alameda, habla con vecinas, trabajadores, comerciantes, observa reuniones vecinales. A través de estas experiencias, identifica dos grandes mecanismos que permiten sostener esta imagen de “seguridad”: el primero, disimular el peligro. El segundo, mantener la apariencia.
El peligro, explica Zamorano, no se elimina. Se vuelve invisible. Esto se logra mediante cambios físicos en el espacio: árboles podados para no crear sombra, iluminación LED para distinguir rostros a varios metros, mármol blanco que refleja la luz del día. Se evita la colocación de muros o barreras, porque romperían con la imagen amable. Se elige otro camino: hacer del diseño urbano una herramienta de vigilancia sin que parezca control.
La apariencia, en cambio, se mantiene a través de dos prácticas. Por un lado, la exclusión de quienes no encajan en el nuevo modelo de ciudad: personas que viven en la calle, vendedores ambulantes, oficios no regulados. No se trata solo de reglas. Se hacen operativos, se desplazan cuerpos. Algunos regresan, sortean la norma, pagan cuotas informales, se adaptan. Por otro lado, están quienes sostienen el orden sin que se les reconozca: empleadas de limpieza, jardineros, personal de vigilancia.
Uno de los ejemplos que Zamorano observa es el de Rocío, trabajadora subcontratada encargada de mantener limpia la Alameda. Está ahí todos los días. Su trabajo permite que el mármol brille, que el parque parezca nuevo, que todo esté en su lugar. Pero su presencia no aparece en los discursos de modernidad. No está incluida en la narrativa del espacio renovado.
Zamorano no busca denunciar un hecho aislado. Propone mirar el modelo que produce estos efectos. Un modelo en el que la seguridad no se construye reduciendo la violencia, sino eliminando sus huellas visibles. En el que la exclusión no es total, pero sí sistemática. En el que la imagen de orden se levanta con trabajo precarizado y con silencios.
Lo que la investigación sugiere es que la ciudad que se presenta como moderna, global y “para todos”, en realidad se apoya en desigualdades persistentes. Lo visible se cuida. Lo que no debe verse, se retira o se esconde. ¿Qué ciudad se está construyendo si solo importa lo que entra en el encuadre?
Fuente: Artículo de Claudia Zamorano publicado en Alteridades, 2022, vol. 32 (63), pp. 51–63.