22/09/2026
¿A quiénes vitoreamos el 15 de septiembre?
El grito se repitió como en los últimos años: “¡Vivan nuestros hermanos migrantes!” Y como cada año, dudo que alguien se preguntara qué migrante tenían en mente los que gritaban.
¿Pensaban en el paisano que se fue hace veinte años y manda dólares cada quincena, el que sostiene con su remesa la tiendita, la escuela, el rancho entero? ¿O pensaban en el que hoy vive escondido en un departamento de Chicago? ¿En el que fue separado de sus hijos en la frontera y todavía no sabe cómo recuperar esos años? ¿En el que quedó tirado en el desierto de Sonora, o en el que el Río Bravo se tragó y nunca devolvió?
¿Pensaban en el que camina hoy mismo por la ruta, pagando cuota tras cuota para que no lo detengan, para que no lo roben, para que lo dejen seguir? ¿En el que llegó de Honduras o de Haití o de Venezuela y cruzó México no como destino sino como trampa, siendo secuestrado, reclutado por el crimen organizado, extorsionado por quien debía protegerlo?
¿Se acordaron, al gritar, de que México tiene la obligación —no la opción, la obligación— de identificar y otorgar protección a quien la necesita? ¿Se acordaron de que el sistema de asilo está quebrado, sin presupuesto, sin tiempos razonables, cobrando multas a quien ya no tiene nada que dar? ¿Pensaron en la reforma migratoria que llevamos años pidiendo para la gente que ya construyó su vida aquí, que ya tiene hijos mexicanos, que ya no tiene a dónde volver y que sobrevive del trabajo forzado y mal pagado?
¿O el grito se quedó corto y solo alcanzó a los que se fueron, dejando fuera a los que llegan? Porque también hay desplazamiento aquí adentro, en las fronteras y las rutas del propio territorio, entre pueblos originarios que amanecen sin tierra y sin vida, y de esos no se grita nada.
¿Pensaron en las madres que buscan con las manos, cavando fosas, a un hijo que salió y no volvió? ¿En los que murieron dentro de un centro de detención, lejos de todos? ¿En los que llevan años encerrados, acusados sin pruebas, sin abogado, sin proceso? ¿En los niños que fueron mercancía para alguien?
Dudo que el grito alcanzara para todo eso.
Y no lo escribo para acusar al que gritó. Lo escribo porque una patria que festeja su independencia sin hacerse estas preguntas, festeja a medias. Porque nombrar al migrante en la fiesta y no defenderlo en la ley es una contradicción que no podemos seguir cargando en silencio.
Si de verdad queremos que vivan nuestros hermanos migrantes, tendremos que decir su nombre completo: el que se fue y el que llega, el regular y el que no, el vivo y el que ya no volvió. Y después de nombrarlos, actuar.
Juan Luis Carbajal, cs
Dicastery for Promoting Integral Human Development
Pastoral de Movilidad Humana CEG
Pastoral de Movilidad Humana DEPMH
Servicio Jesuita a Refugiados MéxicoScalabrinianas Misión con Migrantes y Refugiados México
Fundación Scalabrini de México AC
SCALABRINIAN'S FAMILY
Scalabrinianas Misión con Migrantes y Refugiados
Missionarie Secolari Scalabriniane
Casa Tochan - Nuestra Casa
CAFEMIN
Red Franciscana Para Migrantes
Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH)
Arquidiócesis Primada de México
Red Defensoras Dh México
Fathers of St. Charles - Scalabrini Mission Office
CIRM Nacional
Misión Scalabriniana
Scalabrini Press
Seminario San Carlos, Scalabrinianos - Guadalajara