18/09/2026
La Resurrección de Pancho Villa
(parte 1)
La tarde del 14 de septiembre llama a botasilla el clarín de órdenes en el campamento de Huerachi. En medio de la lluvia, Villa da cuidadosas instrucciones. Aproximarse a Chihuahua por el norte, por el río Chuviscar y concentrarse en la colonia Dale en los suburbios de la ciudad.
Recorrido en medio de una lluvia terrible siguiendo las veredas de la parte más elevada de la sierra, con la prohibición de hacer hogueras porque al arder la leña húmeda soltaba humo blanco. Marcharon durante todo el 14 y el 15 y en las primeras horas de la noche se infiltraron oficiales villistas que se apropiaron de las contraseñas de los carrancistas y las pasaron a los que luego iban llegando. Se escuchaba la música de las bandas y las orquestas previas a la celebración de la fiesta nacional de la independencia.
El capitán carrancista Vega contará más tarde que en los zaguanes de varias casas de Chihuahua aparecieron panfletos en los que se decía que Villa estaría con su querido pueblo para dar el grito de independencia, que se prepararan los changos. Pensaron que era una bravata de las que Pancho acostumbraba. Curiosamente no era la única señal que Villa había dado del asalto; había enviado un correograma a Treviño diciéndole que "el día 15 vendría a acompañarlo a festejar el grito", a lo que Treviño dijo a sus oficiales que eran puras habladas. Si se trataba de tomar la plaza por sorpresa, ¿para qué advertirlo?
El novelista Rafael Muñoz dirá que "una caravana envuelta en sombras que parece una procesión de fantasmas, camina por el cauce del río seco, a pesar de la gran cantidad de pedruzcos, la caravana no hace ruido [...] han entrado con los cascos de sus animales envueltos en trapos". Villa se queda en el rancho del Buey. Tres columnas ingresan a la ciudad.
Hacia las once un centinela sorprendido preguntó:
-¿Quién vive?
-Tu tiznada madre recibió como respuesta,
Los grupos, que se habían concentrado en unos corralones en las afueras de la ciudad, al grito de "¡Viva Villa!", cargaron.
Fiesta popular en las plazas de la ciudad de Chihuahua engalanada con banderas tricolores y foquitos. Los altos mandos militares estaban tomando champán en el salón rojo del Palacio de Gobierno. El general Jacinto B. Treviño se preparaba para dar el grito cuando apareció un jinete uniformado de gala y con sable gritando que todo el mundo se fuera a su casa. Alertas contradictorias, reflectores, despliegue militar, gente corriendo por todos Jados. Nellie Campobello dirá: "Nadie podía creer lo que veía".
Villa colocó su puesto de mando en la presa Chuvíscar. Martín López atacaba el cuartel cercano del 12. José Chávez y los Murga fueron hacia la penitenciaría. Los villistas de Baudelio y Padilla entraron por el centro de la ciudad y tomaron el Palacio de Gobierno que los carrancistas habían dejado abandonado. El ca**ón loco de Baudelio subió su caballo, llamado Flor de Durazno, por las escaleras de mármol del Palacio. Nicolás Fernández entraba al centro para desde allí impedir que los carrancistas reforzaran a los de la penitenciaria y el cuartel. El absurdo era que los villistas no sabían que estaban combatiendo a una fuerza casi diez veces mayor que ellos y que los defensores de Chihuahua también lo ignoraban. Para la celebración del 16 de septiembre se había producido en Chihuahua una fuerte concentración de tropas, más de nueve mil hombres, porque a la guarnición habitual se habían sumado la división de los Arrieta y otras tropas.
REFERENCIA: Taibo. P. (2006). Pancho Villa, una biografía narrativa. Ciudad de México: Editorial Planeta