04/06/2026
Hace unos días una funcionaria nos pedía en tono de llamado de atención ser empaticos con la Secretaria de Educación y que atendiéramos a las convocatorias porque había que cumplir la cuota, pero para mí…
Hay algo que resulta difícil de entender.
Cuando en una clínica del ISSSTE se suspende la consulta porque no hay médico, cuando se cancelan cirugías porque falta personal o porque no hay quirófano disponible, nadie espera que los usuarios resuelvan el problema. Nadie llega al consultorio y el doctor le entrega formatos para capturar estadísticas, organizar eventos o cumplir compromisos administrativos de otras dependencias.
Sin embargo, en educación pareciera que la lógica es distinta.
Las autoridades educativas sostienen, con razón, que los grupos no deben quedarse sin atención. Pero al mismo tiempo aceptan como normal que una escuela opere sin el personal suficiente, que se acumulen vacantes durante semanas o meses, o que los docentes tengan que multiplicarse para cubrir funciones que no les corresponden.
Y no sólo se espera que enseñen.
También se les pide apoyar campañas de salud, censos, encuestas, levantamiento de información estadística, programas asistenciales, actividades de organismos electorales, jornadas de vacunación, eventos institucionales y una interminable lista de compromisos adquiridos entre la Secretaría de Educación y otras dependencias.
Pareciera que para muchas autoridades la escuela es la ventanilla más eficiente del gobierno y el maestro el servidor público disponible para cualquier tarea.
Lo preocupante es que mientras se insiste en que la prioridad debe ser el aprendizaje de niñas y niños, cada vez se destinan más horas, más esfuerzos y más recursos humanos a actividades ajenas al propósito educativo.
Incluso, en ocasiones, las escuelas son utilizadas para llenar auditorios, engrosar estadísticas de participación o garantizar que la fotografía institucional luzca exitosa.
La pregunta es simple:
Si la educación es tan importante como se afirma en el discurso, ¿por qué se considera normal que los docentes asuman responsabilidades que corresponden a otras dependencias? ¿Por qué se exige que nunca se suspenda un grupo por falta de maestro, pero se tolera la falta de personal, de recursos y de condiciones adecuadas para realizar la tarea fundamental de educar?
Tal vez ha llegado el momento de recordar que la principal responsabilidad de las maestras y los maestros es enseñar. Todo lo demás debería ser complementario, nunca una carga que termine desplazando la misión esencial de la escuela.