22/09/2026
Vicente Osuna: el noreño de 1802 que sembró una de las grandes ramas de los Osuna 🌳
Para conocer la historia de La Noria no basta con mirar sus viejas casonas, sus calles o sus tradiciones. También hay que seguir los apellidos de aquellas familias que, desde hace más de dos siglos, fueron echando raíces en estas tierras. Y entre esos nombres aparece uno fundamental: Vicente Osuna.
Según los registros genealógicos que hemos localizado, Vicente Osuna nació en La Noria en 1802, hijo de Nicolás Osuna y Paula Gutiérrez. Aunque nació en nuestro pueblo, su registro quedó asentado en la antigua Villa de San Sebastián, hoy Concordia, Sinaloa, como sucedió con otros integrantes de su descendencia. En aquellos años La Noria todavía no contaba con los registros parroquiales que encontramos a partir de 1862, por lo que para rastrear a sus antiguas familias es necesario seguir sus huellas documentales hasta San Sebastián.
Vicente aparece además encabezando la “Familia A” en una antigua genealogía de la familia Osuna publicada en francés. No es un detalle menor: entre los doce hijos que la obra atribuye a Nicolás Osuna y Paula Gutiérrez, Vicente figura primero, y a partir de él se desarrolla toda una nueva rama familiar.
La documentación que hemos venido reuniendo lo señala como un hombre dedicado a dos actividades esenciales para la vida de aquellos pueblos del siglo XIX: fue labrador y también se dedicó al comercio. Podemos imaginar aquel mundo de caminos de tierra, pequeñas propiedades, sembradíos y mercancías que circulaban entre los pueblos; sin embargo, lo que sabemos de su oficio procede de los registros y no necesitamos convertir la imaginación en historia.
Vicente unió su vida a Estefanía Arámburo, cuyo apellido aparece alterado como Arenbora en la antigua publicación francesa. De aquel matrimonio conocemos siete hijos: Ramón, Adauto, Encarnación, Ignacio, José, Saturnino y Dolores Osuna.
Y es precisamente aquí donde la historia comienza a multiplicarse.
Los hijos crecieron, algunos contrajeron matrimonio y tuvieron a su vez descendencia. La vieja genealogía menciona, por ejemplo, a Encarnación Osuna casada con Juan Bastida y a Dolores Osuna casada con Pedro Larrañaga; también desarrolla parte de la descendencia de José Osuna. Así, aquel hogar encabezado por Vicente y Estefanía fue convirtiéndose en un árbol de hijos, nietos y generaciones posteriores.
Curiosamente, varios de esos descendientes continuaron apareciendo en los libros de la Villa de San Sebastián, Concordia. Esto nos recuerda que las fronteras municipales actuales no deben utilizarse para interpretar de manera rígida la vida de nuestros antepasados: La Noria, Concordia y el sur de Sinaloa estuvieron unidos por caminos, comercio, parentescos y actividades agrícolas.
Décadas después, el apellido Osuna estaría profundamente ligado a La Noria. Fuentes históricas incluso documentan a “los Osuna de La Noria” entre las familias relacionadas con la antigua producción regional de mezcal durante el siglo XIX.
Por eso, cuando hoy encontramos escrito “Vicente Osuna” en un documento de hace más de doscientos años, no estamos leyendo solamente un nombre.
Estamos encontrando una de las raíces de un enorme árbol genealógico.
Un hombre nacido en La Noria en 1802, labrador y comerciante, esposo de Estefanía Arámburo, padre de siete hijos y cabeza de una rama familiar cuya huella todavía estamos reconstruyendo.
Y quizá lo más emocionante sea pensar que entre las familias que actualmente viven en La Noria, Mazatlán y Concordia puede haber numerosos descendientes de aquel Vicente y aquella Estefanía.
Porque los pueblos también cuentan su historia de esa manera: de padres a hijos, de abuelos a nietos y de apellido en apellido.
Y después de más de dos siglos, el nombre de Vicente Osuna vuelve a salir de los viejos libros para ocupar el lugar que le corresponde en la memoria histórica de La Noria, nuestro pueblo querido.