19/06/2026
Portal La Lonja de Tomasa Osuna Lizárraga: Un Legado Comercial y Arquitectónico en Mazatlán
En el siglo XIX, Mazatlán vivió una serie de transformaciones urbanísticas que no estuvieron exentas de conflictos. Uno de los episodios más representativos de esta lucha entre modernización y tradición se dio en torno al Portal de la Lonja, propiedad de Tomasa Osuna Lizárraga, una comerciante oriunda del pueblo de La Noria, Sinaloa, reconocida por su actividad en la talabartería, especialmente en la venta de calzado.
En marzo de 1864, mientras Mazatlán era testigo de la llegada de La Cordelière con ánimos de guerra, el Ayuntamiento local debatía una importante remodelación urbana que implicaba la alineación de sus calles para proyectar una imagen más ordenada de la ciudad. Como parte de este plan, se iniciaron trabajos en el Portal de la Lonja, ubicado estratégicamente frente a la Plazuela Machado. La estructura, que sobresalía del trazo urbano, se convirtió en el punto de referencia para ejemplificar la reestructuración de Mazatlán.
A pesar de la resistencia de algunos sectores, Tomasa Osuna acató las disposiciones municipales y solicitó los permisos de construcción, aunque su propiedad fue vista como un “estorbo” para el nuevo diseño de la ciudad. Finalmente, el edificio sobrevivió a los cambios y logró mantenerse en pie, formando parte del paisaje emblemático del Viejo Mazatlán.
En 1870, el legado de la familia Osuna continuó cuando Luis B. Canobbio, inmigrante italiano, se casó con Ramona Tamés Osuna, sobrina de Tomasa. Este matrimonio fortaleció el desarrollo comercial del lugar, pues Canobbio estableció la Botica Italiana en la esquina de las calles Correo y Coliseo (hoy Constitución y Heriberto Frías). La botica tuvo un éxito notable, gracias a sus remedios basados en fórmulas europeas de probada eficacia.
Sin embargo, no todo fue sencillo para los comerciantes de la zona. En 1881, Canobbio presentó una queja formal ante el Ayuntamiento debido a la presencia de un sitio de carretelas y carretones frente a los portales. Argumentaba que la acumulación de cocheros generaba malos olores e incomodidad en el que era considerado el mejor paseo público de Mazatlán. En 1882, tras deliberaciones municipales, se acordó mover el sitio un poco más adelante.
A inicios de los años 1870, Los Portales de Canobbio marcaron el auge comercial y social del Nuevo Mazatlán. La transformación del antiguo Huerto de los Naranjos en la Plazuela Machado, impulsada por los vecinos, consolidó la zona como el punto de encuentro de la sociedad mazatleca.
Lo que pocos conocen es que esta emblemática zona solía ser vulnerable a inundaciones, debido a la cercanía con las mareas de Olas Altas y la falta de sistemas de drenaje adecuados. A pesar de las adversidades naturales y la oposición gubernamental, Tomasa Osuna Lizárraga convirtió este espacio en un sitio habitable y comercialmente próspero, dejando un legado que hasta hoy se disfruta en Mazatlán.
Actualmente, este edificio centenario, con su imponente presencia frente a la Plazuela Machado, se encuentra bien conservado y alberga un restaurante italiano. Al caer la noche, su iluminación resalta la majestuosidad de su arquitectura, recordando la visión y determinación de una mujer emprendedora que desafió las circunstancias para dejar su huella en la historia porteña.
Texto: Luis Carlos Salas Marchén