16/09/2026
Nuestra querida escuela que recorrimos durante 7 años de nuestra vida normalista y que ahora recorremos con nuestros recuerdos..."Y en verdad la Escuela Normal fue nuestra Alma Máter: madre comprensiva, generosa, madre espiritual que reconforta y ayuda. Ingresar a los 15 años, dejar por primera vez la familia, fuera un trauma si no hubiésemos encontrado los que allí ingresamos, los consejos y la guía de maestras y maestros, la fraternidad de la familia normalista. El carácter de los que transitamos por la Normal Rural “Justo Sierra Méndez” se moldeó en el trabajo y la solidaridad: la identificación con los desposeídos y la fe en construir en las aulas a través de la luz de la enseñanza, un México más justo...
No imagino qué hubiese sido de muchos de nosotros, sin la presencia de la Escuela Normal Rural. ¿Cuál era la rutina de todos los días? Levantarse a las 5: 30 de la mañana a los acordes de la Banda de Guerra que recorría pasillos y nos despertaba con los épicos ritmos de los tambores y cornetas para ir a rendir honores al lábaro patrio, iniciar las primeras clases, luego el desayuno, después otras sesiones en las aulas, el contacto con la tierra en las labores agrícolas, los talleres de carpintería y herrería, la visita vespertina a la biblioteca y, entre una y otra actividad, las charlas, las bromas a veces pesadas, la fraternidad de quienes se hermanaron en el más noble de los aprendizajes: prepararse para enseñar el alfabeto a los niños. Tal vez la presencia de la Escuela Normal late en nuestros corazones, acaso la grandeza de sus patios y la arquería de sus pasillos brillará por siempre en nuestra mirada; su historia es nuestra historia personal; sus valores, los nuestros; su voz, la que nos hace decir:SOY ORGULLOSAMENTE MAESTRO NORMALISTA."
Reynaldo Joaquín Reyes Viana