25/10/2025
Viajeros de antaño en León 🦁
Cómo viajeros del tiempo llegamos a León en 1930 en el Arco de la Calzada, se respiraba una tensa calma, un suspiro contenido tras los tristes ecos de la Guerra Cristera. La ciudad, herida pero resiliente, comenzaba a sanar sus cicatrices económicas. Las divisiones políticas y religiosas, como fantasmas cansados, cedían terreno a una convivencia más apacible. El tranvía, fiel compañero de antaño, se despedía de sus rieles, dando paso a un nuevo ritmo marcado por camioncitos que serpenteaban las calles.
En el horizonte, la Colonia Bellavista emergía como un sueño en construcción, un símbolo de esperanza y progreso. Nos aventuramos al corazón de la ciudad, al Centro Histórico, buscando los sabores y colores del Mercado Hidalgo el Parián. Pero el destino nos tenía reservada una sorpresa agridulce.
Un caballero de porte distinguido, ataviado con un elegante sombrero de copa, nos interceptó en nuestro camino. Su rostro, surcado por los años, reflejaba una mezcla de nostalgia y sabiduría. "El Parián...", suspiró, "un incendio lo consumió el año pasado. Una lástima, amigos. Ya no existe". Mis sueños de conocer ese emblemático lugar se desvanecieron como humo en el viento.
Sin embargo, el destino, siempre caprichoso, nos tenía reservada una nueva oportunidad. El caballero, con una sonrisa amable, nos invitó a un evento especial. "Esta noche", nos dijo, "el Círculo Leonés Mutualista abre sus puertas a una cena baile. Habrá música en vivo y el buffet será servido por el mismísimo Güero Vera del Hotel México". Ya les diremos que tal la música y la cena, aprovecharé para platicar con él Güero Don Guillermo Vera, sobre la estancia de Pancho Villa en León, ya que en el breve paso del Centauro del Norte en la ciudad se hizo amigo del Güero Vera, por lo que de seguro será una platica muy interesante y apasionada por lo que pasó en la Revolución Mexicana en León.
Mi bella esposa Elizabeth, con los ojos brillantes de emoción, no podía ocultar su asombro ante la belleza de las construcciónes de la ciudad pudimos ver y entrar al Seminario de León con sus hermosas arcadas y su fuente un edificio imponente, . León, a pesar de sus cicatrices, irradiaba un encanto especial, una mezcla de tradición y pujante modernidad para la época, que la hacía irresistible.
"Ya les contaremos cómo nos fue", dije, tomando la mano de Elizabeth. Sabía que esta era solo una de las muchas historias que León tenía para ofrecernos. Y estábamos listos para escucharlas todas.
ESTAS HISTORIAS CONTINUARÁN.........