15/04/2026
̃odelaesperanza
Declaración del Caballero Supremo Patrick Kelly:
En los últimos días, muchos católicos y otras personas de buena voluntad se han sentido profundamente decepcionados por los comentarios despectivos que el Presidente de los Estados Unidos dirigió al Papa León XIV. El Sucesor de San Pedro no es un político; es el Vicario de Cristo, encargado de proclamar el Evangelio y guiar a las almas.
Los Caballeros de Colón siempre se han solidarizado con el Santo Padre, reconociéndolo como un padre espiritual que llama al mundo no a la división, sino a la unidad; no al conflicto, sino a la paz. En este momento, reafirmamos ese compromiso con claridad y convicción.
Asimismo, reconocemos que los católicos fieles pueden participar activamente en la vida pública, y que las naciones tienen el derecho y el deber de salvaguardar la seguridad de su pueblo, siempre de acuerdo con las exigencias de la justicia y la búsqueda de la paz. La Iglesia no pide a los católicos que se retiren de la vida cívica, sino que se comprometan con ella y la enaltezcan, aportando a nuestro diálogo cívico la luz de la verdad, el respeto a la dignidad de cada persona y una firme preocupación por el bien común.
El Papa León XIV ha abogado constantemente por la paz, el diálogo y la moderación en un mundo marcado por la guerra y el sufrimiento. Las palabras del Santo Padre no son meros argumentos políticos, sino reflejos del Evangelio mismo. Independientemente de si se está de acuerdo o no con determinadas decisiones políticas, la voz profética del Santo Padre merece ser escuchada con respeto y considerada con seriedad.
Como Caballeros de Colón, estamos llamados a ser hombres de unidad, seguidores de Cristo y ciudadanos patriotas. Animo a todos los Caballeros de Colón a orar por el Santo Padre, por los líderes cívicos y por la paz y quienes trabajan para alcanzarla. Renovemos nuestro compromiso con la caridad en nuestro discurso público. Que se nos conozca no por repetir las divisiones de nuestro tiempo, sino por sanarlas. En momentos de tensión, el camino a seguir no es un conflicto más acalorado, sino una fidelidad más profunda: a la verdad, a la caridad y al Evangelio.