22/07/2026
Un testimonio:
“El síndrome del impostor y la salud mental en los niños y adultos con AC.
La gente en general, tiende a idealizar las altas capacidades. Ven a niños o niñas triunfando en competencias de matemáticas, ciencias o en algún instrumento musical, como el piano o el violín. Imagina un mundo repleto de aplausos, halagos y tal vez un futuro rimbombante. Gracias a ello, los padres e hijos con AC, reciben ataques con comentarios tratando de minimizar o de buscar los mínimos errores para desenmascarar al "genio". Desgraciadamente nadie, absolutamente nadie ve lo que sucede detrás de bambalinas.
En el seno familiar donde hay dudas, frustración y crisis. Los padres de estos niños y niñas han cargado la cruz de no saber por qué sus hijos son diferentes, pues el sistema los encasilla, gracias a psicólogos de librito, como casos de TDAH, Autismo, etc. Pero cuando las altas capacidades salen a la luz, porque eso, aclaramos, no se puede ocultar, el niño o niña resulta incómodo.
Un gran reto para maestros, para los padres, para la sociedad. Las personas con altas capacidades desarrollan una gran empatía así como el sentido de la justicia y la congruencia. Pasando a este punto tan relevante, las personas sobredotadas, empiezan a dudar de sí mismas. En una sociedad que está enfocada en ser pública, famosa y exitosa, el sobredotado cae en una crisis de identidad. Ahí comienzan los problemas de salud mental.
¿Por qué entonces es tan importante que la familia sepa las capacidades de estos niños o niñas? No para presumir o hacer saber a los demás que sus hijos son superiores a la media: es para saber apoyarlos en el proceso de formación. Es para brindar ayuda en crisis de ansiedad o pánico. Para hacerles saber que las altas capacidades no son para que sean los próximos Elon Musk. Sino que sepan que sí son diferentes y que necesitan saber que no están solos. Que sabemos que perciben el mundo de otra manera, que su "intensidad" va de la mano de su neurodivergencia.
Como adulta con altas capacidades sufrí muchísimo porque siempre tuve miedo de que los demás se dieran cuenta que no soy lo que dicen que soy. Para mí era vergonzoso mentirme a mí misma, porque si yo sentía que las cosas eran demasiado fáciles, seguramente cualquiera lo podía lograr. Pensé dentro de mi ser: un día todos se darán cuenta que todo es tan fácil y que mis capacidades solamente eran una fachada. Al dar asesoría a compañeros, descubrí que no era así. Entonces la presión a triunfar en la vida fue más fuerte. Con esa cabeza, decían, te veo estudiando ingeniería o medicina, no música.
El síndrome del impostor siempre será inevitable, especialmente con las personas sobredotadas, porque ahora estamos en un verdadero oscurantismo, donde el más estúpido tiene micrófono abierto y millones de seguidores con ese nivel de estupidez. Nuestros hijos e hijas se enfrentarán con situaciones sumamente difíciles. Situaciones donde encontrarán gente mentirosa que se sobrevalora y se "atreve". Tendremos que dar un apoyo moral "extra" a nuestros hijos sobredotados. Y como siempre: nadar contra la corriente. Una solución realista es darles el apoyo moral necesario para tener una vida plena y sin presión de ser el más exitoso de su generación o su familia.
Y como siempre preguntó mi sabia madre:
¿Con quién quieres quedar bien?
¡Atrévanse a ser!”
💛💛💛