19/06/2026
Hoy es el Día del Orgullo Autista.
Y hoy estamos aquí junto a las madres buscadoras de Jalisco.
Queremos comenzar diciendo algo muy sencillo:
Estamos aquí porque las reconocemos.
Reconocemos su dolor.
Reconocemos su lucha.
Reconocemos la fuerza con la que han sostenido una búsqueda que nunca debió recaer sobre sus hombros.
Porque en un país justo, las madres no tendrían que salir a buscar a sus hijos.
En un país justo, las madres no tendrían que aprender a identificar restos humanos.
En un país justo, las madres no tendrían que arriesgar la vida para obtener verdad y justicia.
Pero aquí están.
Y eso nos obliga a preguntarnos qué clase de sociedad hemos construido.
Nosotras venimos del movimiento autista.
Somos personas autistas.
Somos madres.
Somos cuidadoras.
Y aunque nuestras luchas son distintas, sabemos reconocer una realidad cuando la vemos.
Sabemos lo que significa que las instituciones te den la espalda.
Sabemos lo que significa recorrer oficinas, hospitales, escuelas y juzgados buscando respuestas.
Sabemos lo que significa escuchar una y otra vez que no hay presupuesto, que no hay personal, que no hay lugar, que no hay apoyos.
Sabemos lo que significa que el Estado se retire y deje a las familias solas.
Por eso estamos aquí.
Porque las madres buscadoras nos recuerdan una verdad incómoda:
Que en México la vida sigue siendo sostenida por las familias cuando las instituciones fracasan.
Son las madres quienes buscan.
Son las madres quienes cuidan.
Son las madres quienes acompañan.
Son las madres quienes sostienen.
Son las madres quienes cargan con el costo emocional, económico y físico de decisiones que nunca tomaron.
Y eso también ocurre con la discapacidad.
Mientras los gobiernos inauguran edificios y anuncian programas, miles de personas autistas siguen esperando atención médica.
Miles siguen esperando una escuela que las incluya.
Miles siguen esperando apoyos que les permitan vivir con autonomía y dignidad.
Miles de familias siguen sosteniendo solas responsabilidades que deberían ser colectivas.
Por eso el orgullo autista no es una celebración vacía.
Es una exigencia política.
Es decir que nuestras vidas tienen valor.
Es decir que no aceptamos ser invisibilizadas.
Es decir que no aceptamos que nuestros derechos dependan de la capacidad económica de nuestras familias.
Y hoy quiero hablar también como mujer autista.
Como mujer autista aprendí muy pronto que muchas veces la sociedad no desaparece nuestros cuerpos, pero sí intenta desaparecer nuestras voces.
Porque durante demasiado tiempo nos dijeron que debíamos ocultarnos para ser aceptadas.
Nos enseñaron a disfrazar nuestras diferencias, a soportar el rechazo, a pedir disculpas por existir, a esforzarnos el doble para obtener la mitad del reconocimiento.
Muchas crecimos sintiéndonos extrañas, inadecuadas, defectuosas.
Muchas llegamos a la adultez sin diagnóstico, sin apoyos y sin palabras para nombrar lo que nos ocurría.
Por eso el orgullo autista no significa que nuestras vidas sean fáciles.
Significa que dejamos de creer que el problema somos nosotras.
El orgullo autista es mirarnos unas a otras y reconocer que seguimos aquí.
Aquí después de años de exclusión.
Aquí después de la discriminación.
Aquí después de escuelas que nos expulsaron, empleos que nos cerraron las puertas y sistemas que nos hicieron sentir que no pertenecíamos.
Aquí después del agotamiento de tener que sobrevivir en un mundo que rara vez fue diseñado para nosotras.
Seguimos aquí.
Y nuestra existencia, nuestra resistencia y nuestra comunidad son motivo de orgullo.
Porque el orgullo autista también es una forma de búsqueda.
La búsqueda de una vida digna.
La búsqueda de un lugar donde podamos existir sin escondernos.
La búsqueda de una sociedad que no nos obligue a elegir entre sobrevivir y ser quienes somos.
Y es también reconocer que ninguna lucha por la dignidad puede construirse ignorando el dolor de otras personas.
Hoy abrazamos la lucha de las madres buscadoras porque sabemos que un país que abandona a las familias de las personas desaparecidas es el mismo país que abandona a las personas con discapacidad y a quienes les cuidan.
No porque se trate del mismo problema.
Sino porque se trata de la misma lógica de abandono.
Una lógica que considera desechables ciertas vidas y reemplazables ciertos sufrimientos.
Por eso hoy decimos:
No queremos más familias buscando solas.
No queremos más familias cuidando solas.
No queremos más familias enfrentando solas las consecuencias de la indiferencia institucional.
Queremos verdad.
Queremos justicia.
Queremos derechos.
Queremos cuidados.
Queremos una sociedad donde la vida de todas las personas importe.
A las madres buscadoras les decimos:
Su lucha también nos interpela.
Su dignidad también nos inspira.
Y mientras ustedes sigan buscando, nosotras seguiremos caminando a su lado.