18/05/2026
La llama habita en mí
Hay una llama que vive en mí, que arde bajito como el azul más intenso. Calienta mi cuerpo y circula tenue por mis venas.
La llama me habla y me susurra lo que mis ojos no quieren ver entre las rendijas de mis dedos.
En esta paz, en este silencio, me grita que la alimente, que le dé más vida, que la deje arder y quemarlo todo.
¡Quemarlo todo!
Es verdad que ella se desborda y sale. Sale y arrasa. Las cosas claras, ardientes, dolorosas.
Hay una llama que vive en mí, que mis lágrimas mantienen al margen de no provocar un incendio atroz, pero no la puedo contener, me quema, me pide abrir los ojos, los oídos, la boca, el corazón, el alma.
Me quema y se desborda entre mis dedos, toma el control de esta escritora fugaz que cierra los ojos de nuevo y se deja guiar por las llamas que lo incendian todo.
Las lágrimas no son suficientes para controlar esta llama.
¡Grita, grita! Yo la escucho.
Ahora qué más da, los espacios permanecen, las personas no. Los espacios se ocupan, la gente se va.
Déjame habitar en ti y quememos juntas,
ardamos juntas, seamos juntas nuestro
propio espacio, nuestro propio lugar.
La llama habita en mí. Los espacios permanecen, las personas se van. Yo también.
*
Me gusta pedirle tregua al tiempo
que se congele, que cierre la
puerta detrás de él y me deje estar
nos deje estar, horizontales, aquí.
Me gusta pedirle al tiempo que voltee los ojos hacia otro lado mientras yo
te miro en esta habitación cerrada.
Disfruto cuando el tiempo corre
por mis venas y se detiene en
tu cuerpo, cuando el deseo
alcanza su fin.
Disfruto el momento en el que el tiempo abre la puerta, nos mira a los ojos, sonríe. Tomo tu mano, enredadas tus piernas con las mías, te beso, me besas.
Aprovecho cuando el tiempo se va y nos deja, nos deja ser, nos deja estar, amar, desear, parar, respirar, continuar.
Daniela Martín del Campo