28/06/2026
Hay días en los que una convocatoria no sale como esperábamos.
Duele. Frustra. Hace cuestionarnos el tiempo invertido, las horas de escritura, los presupuestos, las cartas, los documentos y todo ese trabajo invisible que casi nunca aparece en los resultados.
Pero estos días también sirven para recordar algo importante:
Nuestros proyectos no nacieron con una convocatoria y tampoco terminan con un dictamen.
Detrás de cada festival, cineclub, taller, función comunitaria o actividad cultural hay años de trabajo construyendo redes, aprendiendo, equivocándonos, insistiendo y creyendo que la cultura puede transformar la manera en que habitamos el mundo.
A veces las instituciones acompañan esos procesos y otras veces no. Ambas situaciones forman parte del camino, pero ninguna define el valor de un proyecto.
Quienes trabajamos en el sector cultural sabemos que sostener iniciativas independientes implica mucho más que gestionar recursos: significa imaginar posibilidades donde muchas veces parecen no existir, abrir espacios para otras voces y seguir construyendo comunidad incluso cuando las condiciones no son las ideales.
Por eso hoy elijo recordar que una convocatoria no mide una trayectoria.
Seguiremos escribiendo proyectos.
Seguiremos buscando alianzas.
Seguiremos haciendo cine, mediación cultural y creando espacios para las infancias y adolescencias.
Porque los proyectos que nacen desde la convicción tienen una enorme capacidad de encontrar nuevos caminos.
Gracias a todas las personas que acompañan, colaboran, creen y sostienen estos procesos. Ustedes también son parte de cada paso que damos.
Seguimos.
"Las convocatorias pueden financiar proyectos, pero son las comunidades las que los hacen posibles."
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