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La madre que no se rinde

Leticia Bejarano libra una dura batalla por salvar la vida de su hija, quien padece una rara enfermedad.

Se llama Andrea y es parte del millón de personas en el mundo que padecen una rara enfermedad que ocasiona la aparición de tumores benignos en el cerebro y otros órganos vitales como riñones, corazón, ojos, pulmones y piel. Este padecimiento congénito hereditario, que afecta a hombres y mujeres de todas las razas, se caracteriza clínicamente por la triada de déficit cognitivo, epilepsia y adenoma sebáceo, es decir, neoplasias benignas derivadas de una glándula sebácea cutánea.

La batalla por la vida de Andrea no era la única que Leticia debía librar: habría de enfrentarse a un mundo que ignoraba la afección. “Necesitaba trabajar, pero ninguna guardería la aceptaba y yo había perdido el seguro social”, de modo que no podía adquirir los medicamentos; no había terapias. Las escuelas de educación especial son una opción temporal, pues dejan de recibir a los chicos una vez cumplidos los 12 años. “Las crisis son aparatosas y la gente se espanta, así que no es fácil dejarlos en algún lugar. No existen espacios para ellos, y los padres no podemos salir adelante; debemos cuidarlos en todo momento: son muy vulnerables porque su discapacidad neurológica es severa. Dependen de nosotros al cien por ciento”.

Convulsiones, retrasos en el desarrollo, problemas de conducta, anormalidades de la piel y nefropatía son algunas de las secuelas que aquejan a quienes padecen ET; son frecuentes los ingresos a urgencias, sitios en donde o no son atendidos oportunamente o son tratados sin dignidad ni profesionalismo. Leticia recuerda que, en una ocasión, Andrea convulsionó 36 horas seguidas —corriendo el riesgo de caer en paro cerebral— y en el nosocomio solo la canalizaron.