28/03/2026
El rebelde pero tecnológico
Urano lleva décadas siendo el planeta que nadie estudia. El más ignorado del sistema solar. Y resulta que era el más raro de todos.
En febrero de 2026, el James Webb apuntó hacia Urano durante 15 horas seguidas, casi una rotación completa del planeta, y lo que encontró no estaba en ningún modelo.
Urano tiene auroras. Pero no como las de la Tierra, que aparecen cerca de los polos y se quedan ahí. Las de Urano barren toda la superficie del planeta en patrones complejos que los científicos apenas están empezando a descifrar.
La razón es su campo magnético. Urano es el único planeta cuyo ecuador está casi en ángulo recto con su órbita, con una inclinación de casi 98 grados. Y su eje magnético tiene una inclinación enorme respecto a su eje de rotación, lo que lo convierte en un caso completamente aparte de cualquier otro planeta del sistema solar.
El resultado es que esas auroras no se comportan como en ningún otro lugar conocido.
Además, Webb confirmó que la atmósfera de Urano sigue enfriándose. Los científicos notaron que las temperaturas empezaban a bajar desde los años 90, y las nuevas mediciones muestran que esa tendencia continúa. Nadie sabe bien por qué.
Lo más incómodo del descubrimiento es este detalle: el único dato directo que teníamos de Urano venía de Voyager 2, que pasó una sola vez en 1986 y siguió de largo. Todo lo que creíamos saber venía de ese único sobrevuelo de hace 40 años.
Un solo vistazo. Y aun así se dio por entendido.
Publicado en Geophysical Research Letters, febrero 2026.
DOI: 10.1029/2025GL119304