29/05/2026
En nuestra casa, cada rincón tiene una misión, pero hay un lugar especialmente tocado por la providencia: nuestra bodega de ropa. A simple vista, cualquiera podría ver solo estantes, cajas y prendas de vestir. Sin embargo, para nosotros, este espacio guarda algo mucho más profundo: guarda esperanza y el reflejo fiel del cuidado de Dios.
Cada vez que un niño o una niña llega a nuestras puertas, muchas veces con las manos vacías y el corazón cargado de incertidumbre, este lugar es una de sus primeras paradas. Aquí no solo encuentran una prenda de su talla; encuentran la calidez de un abrazo, la dignidad que merecen y la certeza de que no están solos. Como nos recuerda la Palabra:
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis..."
— Mateo 25:35-36
Nada de esto sería posible sin las manos generosas que Dios mueve para apoyar nuestra labor. Queremos expresar nuestra más profunda gratitud a cada persona, familia y colaborador que se toma el tiempo de donar ropa.
Su generosidad es el motor de esta bodega. Con cada prenda que entregan, se convierten en los pies y las manos de Jesús, asegurando que ningún pequeño que llegue a nuestro hogar carezca de abrigo. Ustedes no solo donan ropa en buen estado; donan sonrisas, seguridad y un nuevo comienzo para nuestros niños.
¡Gracias por ser parte de este milagro cotidiano y por ayudarnos a vestir de esperanza el futuro de la niñez! Que Dios multiplique en bendiciones cada una de sus muestras de amor.