21/05/2026
UNA DE PSICOLOGOS…POR ESO SAN ROQUE A.C….ES UN CAMPEON EN PULIR PSICOLOGOS…EL ESPEJO ROTO DE LA TERAPIA…CUANDO UN PSICOLOGO NO HA RESUELTO AUN SU SOMBRA Y SE PONE A DAR TERAPIA… < Proyecta sus Propios Vacíos.> Existe una creencia generalizada de que quien se sienta en la silla del terapeuta lo hace desde una posición de absoluta neutralidad y salud mental, una gran mentira.
En el mundo clínico habita una verdad incómoda que rara vez se dice abiertamente, estudiar la mente no vuelve automáticamente lúcido a nadie; a veces, solo vuelve más sofisticadas las máscaras del ego.
La historia de la psicología profunda y la investigación revelan que un alto porcentaje de profesionales eligen esta carrera no porque carezcan de heridas, sino precisamente porque el peso de sus propios traumas, apegos o conflictos relacionales los empujó a buscar respuestas.
Estudios clínicos sobre la motivación profesional (como las investigaciones de Elliott, Guy y Straussner) demuestran que las tasas de traumas tempranos y dinámicas familiares disfuncionales son significativamente más altas en los psicólogos que en la población general.
Estudian lo que padecen. Esto no vuelve automáticamente malo a un terapeuta; de hecho, los grandes analistas de la historia estudiaron obsesivamente aquello que los atravesaba internamente. El peligro real comienza cuando el terapeuta carece de suficiente conciencia sobre sí mismo y termina utilizando al paciente como un lienzo para proyectar sus conflictos no resueltos. Carl Jung llamó a esta dualidad el arquetipo del "Sanador Herido". El dolor propio puede ser el puente hacia una empatía genuina, pero si esa herida no está rigurosamente procesada, se activa lo que en psicoterapia se conoce como contratransferencia ciega (las reacciones emocionales, inconscientes y subjetivas que el terapeuta desarrolla frente al paciente). Investigaciones confirman que los terapeutas sin suficiente supervisión clínica tienden a "leer" e interpretar la vida del consultante según los temas y patrones que existen en su propia estructura psicológica.
Es ahí donde descubrimos que no basta con los títulos, el lenguaje técnico o los años de estudio: Alguien puede saber muchísimo sobre trauma, y seguir siendo profundamente reactivo. Puede dar cátedra sobre el apego, mientras crea una dependencia emocional neurótica con sus pacientes. Puede teorizar sobre el narcisismo, mientras utiliza la consulta para alimentar su necesidad de superioridad intelectual.
Puede hablar de sanación, mientras intenta salvarse a sí mismo a través de otros.
Cuando esto ocurre, la terapia deja de ser un proceso de liberación para transformarse en una sutil colonización del ego del analista sobre la psique del paciente. O SEA ENLOZARA MAS A SU PACIENTE DE EN LUGAR DE AYUDARLO.
Si el terapeuta le teme al abandono, boicoteará la independencia del consultante; si arrastra un resentimiento no resuelto hacia la autoridad, incitará a la rebeldía sin justificación clínica.
Para quien acude a consulta, aprender a observar al observador es un acto de supervivencia emocional.
Hay que ser consciente del enorme poder psicológico que el terapeuta ejerce sobre alguien vulnerable; cuando una persona llega confundida o herida, puede terminar adoptando interpretaciones ajenas como verdades absolutas, perdiendo progresivamente su propia intuición.
El profesional no te acompaña a descubrir tu propia respuesta; te dice exactamente qué hacer basado en su filosofía personal o en "lo que a él le funcionó".
Los mejores terapeutas no son los que aparentan perfección, sino los que conocen profundamente su Sombra y saben con honestidad cuándo una emoción les pertenece a ellos y cuándo al paciente. El propósito sagrado del análisis es la autonomía y el despertar del consultante. Porque hay terapeutas que, sin darse cuenta, intentan rehacer al paciente a imagen de sus propias heridas.