02/04/2026
Los laicos no son “una masa informe, sino el Cuerpo de Cristo” con una dignidad y responsabilidad propias en la Iglesia y en el mundo. Así lo afirmó el Papa León XIV en su catequesis de la Audiencia General de este Miércoles Santo 1 de abril, al reflexionar sobre el capítulo dedicado a los laicos en la Constitución dogmática conciliar Lumen gentium.
Tras recorrer en papamóvil la abarrotada Plaza de San Pedro y saludar a los peregrinos de diversos países, el Santo Padre recordó la naturaleza y misión de los laicos, definidos durante siglos como “aquellos que no forman parte de los clérigos o de los consagrados”. Precisó que el Concilio rompió con esta visión, destacó su dignidad, afirmó la igualdad de todos los bautizados y subrayó su misión en la Iglesia y en el mundo: “Cuanto más grande es el don, más grande también es el compromiso”, indicó.
A la luz de Lumen gentium, el Papa León XIV afirmó que, en virtud del Bautismo, “los fieles laicos participan en el mismo sacerdocio de Cristo”. En este contexto, citó la exhortación apostólica Christifideles laici, en la que San Juan Pablo II ensalzó las páginas “verdaderamente espléndidas sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos” del Concilio y, de este modo, “relanzaba el apostolado de los laicos”, precisó.
Asimismo, remarcó que el amplio campo del apostolado laical “no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo”, estando presente “en todos los lugares donde sus hijos profesan y testimonian el Evangelio”. Como ejemplo, mencionó los ambientes de trabajo, la sociedad civil y todas las relaciones humanas, “allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios”.
Según Lumen gentium, el Santo Padre afirmó que “el mundo necesita impregnarse del espíritu de Cristo y alcanzar más eficazmente su plenitud en la justicia, la caridad y la paz”, y añadió: “¡Esto sólo es posible con la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos!”. Esta es, explicó, la invitación a ser esa Iglesia “en salida” de la que hablaba el Papa Francisco: “Una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, ¡portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado!”.
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