03/03/2026
🔴 Como egresadas de la , los hechos de violencia que viven las estudiantes en este espacio nos duelen e indignan.
⚠️ La situación no es nueva y todas las que estuvimos, las que todavía están, en este espacio la experimentamos:
❌ Profesores que abusan de su poder para entablar relaciones s**o afectivas con sus alumnas.
❌ Alumnos y maestros que acosan y violentan a sus compañeras sin que se les finque ninguna responsabilidad.
❌ La violencia ha escalado cobrando la vida de nuestras compañeras universitarias.
🫂 En 219 acompañamos a Vivas - Morelos en una de las marchas más grandes en el estado para exigir el derecho de las universitarias a una vida libre de violencia.
💪 Hoy no desistimos y seguimos acompañando está lucha. Te compartimos la info 👇👇
Vivas Nos Queremos Morelos nació en 2019 en medio de un contexto de violencia que ya había marcado a la comunidad universitaria. La indignación de entonces desbordó las calles y se convirtió en una de las marchas más grandes que había visto el estado hasta ese momento. Fue hartazgo acumulado.
Pero la violencia hacia la comunidad universitaria no empezó ahí.
Ahí está la desaparición de Viridiana Morales en 2012.
El as*****to del profesor Alejandro Chao Barona en 2014.
La desaparición y as*****to de Laura Ortiz Hernández y Enrique Sánchez Salinas en septiembre de 2024.
El feminicidio de Aylin Rodríguez, de la Facultad de Psicología.
Y tampoco olvidamos a Mariana Leticia (2019) ni a María Fernanda Toledo (2018), violencias que atravesaron directamente a la comunidad universitaria y a su entorno.
Hoy se suma el caso de Kimberly Ramos y otros que nos faltan por nombrar y reconocer.
En la UAEM, a marchas forzadas y por presión de la propia comunidad, se construyeron algunas herramientas institucionales. Sabemos que no eran suficientes. Sabemos que estaban lejos de resolver el problema de fondo. Pero al menos eran un punto de partida que debía fortalecerse, no debilitarse.
Esta rectoría minimizó la Unidad de Género. La dejó casi un año sin titular y redujo de manera sustancial su presencia y capacidad de incidencia, cuando lo que correspondía era consolidarla y dotarla de mayor fuerza institucional.
Desmantelar las instancias que atienden la violencia no es una decisión administrativa menor. Tiene consecuencias reales. Debilitar las instancias que atienden la violencia tiene consecuencias.
Hoy volvemos a escribir desde el dolor porque otra estudiante fue asesinada. Y porque lo que sentimos es la confirmación de que no se ha hecho lo suficiente.
Una comunidad entera vive con miedo, con esta memoria, porque no olvidamos.
Han pasado años y se sigue señalando lo mismo: omisiones, respuestas tardías, protocolos que no alcanzan a proteger a quienes habitan la universidad. La violencia no aparece de repente. Se va instalando cuando no se atienden las alertas, cuando se minimizan los riesgos, cuando se apuesta al olvido.
Respaldamos a las y los estudiantes que hoy se manifiestan. Su rabia es legítima. Es consecuencia de ese cansancio de repetir POR GENERACIONES exigencias básicas.
No vamos a permitir que esto se trate como un hecho aislado ni que se administre como crisis pasajera. Hay responsabilidades y hay una deuda profunda con la comunidad universitaria.
No se puede seguir volteando la mirada.
Vivas Nos Queremos Morelos nació en 2019 en medio de un contexto de violencia que ya había marcado a la comunidad universitaria. La indignación de entonces desbordó las calles y se convirtió en una de las marchas más grandes que había visto el estado hasta ese momento. Fue hartazgo acumulado.
Pero la violencia hacia la comunidad universitaria no empezó ahí.
Ahí está la desaparición de Viridiana Morales en 2012.
El as*****to del profesor Alejandro Chao Barona en 2014.
La desaparición y as*****to de Laura Ortiz Hernández y Enrique Sánchez Salinas en septiembre de 2024.
El feminicidio de Aylin Rodríguez, de la Facultad de Psicología.
Y tampoco olvidamos a Mariana Leticia (2019) ni a María Fernanda Toledo (2018), violencias que atravesaron directamente a la comunidad universitaria y a su entorno.
Hoy se suma el caso de Kimberly Ramos y otros que nos faltan por nombrar y reconocer.
En la UAEM, a marchas forzadas y por presión de la propia comunidad, se construyeron algunas herramientas institucionales. Sabemos que no eran suficientes. Sabemos que estaban lejos de resolver el problema de fondo. Pero al menos eran un punto de partida que debía fortalecerse, no debilitarse.
Esta rectoría minimizó la Unidad de Género. La dejó casi un año sin titular y redujo de manera sustancial su presencia y capacidad de incidencia, cuando lo que correspondía era consolidarla y dotarla de mayor fuerza institucional.
Desmantelar las instancias que atienden la violencia no es una decisión administrativa menor. Tiene consecuencias reales. Debilitar las instancias que atienden la violencia tiene consecuencias.
Hoy volvemos a escribir desde el dolor porque otra estudiante fue asesinada. Y porque lo que sentimos es la confirmación de que no se ha hecho lo suficiente.
Una comunidad entera vive con miedo, con esta memoria, porque no olvidamos.
Han pasado años y se sigue señalando lo mismo: omisiones, respuestas tardías, protocolos que no alcanzan a proteger a quienes habitan la universidad. La violencia no aparece de repente. Se va instalando cuando no se atienden las alertas, cuando se minimizan los riesgos, cuando se apuesta al olvido.
Respaldamos a las y los estudiantes que hoy se manifiestan. Su rabia es legítima. Es consecuencia de ese cansancio de repetir POR GENERACIONES exigencias básicas.
No vamos a permitir que esto se trate como un hecho aislado ni que se administre como crisis pasajera. Hay responsabilidades y hay una deuda profunda con la comunidad universitaria.
No se puede seguir volteando la mirada.