30/03/2026
En 1988 en Bogotá, Colombia, se llevó a cabo el primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, a partir del cual se constituyó la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLATRAHO). Derivado de este evento se instituyó el 30 de marzo como el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Los movimientos sociales y organizaciones de trabajadoras del hogar consideran que la celebración de este Día Internacional favorece su inclusión en la agenda pública y coadyuva en el combate a la discriminación sistemática que padecen.
El trabajo del hogar es un empleo y, por lo tanto, debe ser digno. Las personas trabajadoras del hogar prestan servicios para el cuidado de otras personas, incluyendo infancias, adultos mayores o personas enfermas, y realizan tareas que contribuyen al mantenimiento de los hogares, como la limpieza o la preparación de alimentos. Esto permite a quienes les contratan cumplir con sus obligaciones laborales y personales o contar con tiempo de descanso.
El trabajo del hogar o doméstico es una de las ocupaciones más antiguas, que se origina en el trabajo esclavo y otras formas de servidumbre. En el trabajo doméstico se cruzan varias discriminaciones basadas en la raza/etnia (servidumbre) y las de género (asignación de las tareas domésticas y de cuidado de forma casi exclusiva a las mujeres), ya que muchas de las personas vinculadas al sector del servicio doméstico en la región han sido principalmente mujeres indígenas y afrodescendientes. Esto ha profundizado la discriminación y ha dificultado transformar la visión de explotación histórica, y posicionar el principio de que el Estado y el/la empleador/a deber garantizar los derechos laborales en el trabajo doméstico con los mismos derechos laborales que tienen otros empleos y asegurar el trabajo decente.
El trabajo doméstico no remunerado y remunerado es central para la “sostenibilidad de la vida humana” y para el funcionamiento de los hogares, la economía y el conjunto de la sociedad.
Organización Juvenil Sindical