17/02/2025
A menudo les comparto la extraordinaria magia que se halla en el bosque, su poder sanador y la serenidad que se experimenta aquí en Tonalli Reserva de Niebla.
Este lugar, envuelto en la niebla que se desliza a través de los árboles, tiene una cualidad indescriptible que reconcilia, es como si ahí el bosque pudiera sanar todas las cicatrices invisibles con las que llegamos.
El 12 de diciembre les había hablado de que Paloma esperaba una cría. El mismo día que celebrábamos el día de Guadalupe, Tonantzin madre de los dioses y diosa de la fertilidad en nuestro mundo. Sin embargo, la naturaleza la cual sólo es sin juicios pero a veces es cruel, determinó que el pequeño b***o que había nacido con tanta fragilidad, no pudiera continuar su breve vida entre nosotros.
La muerte, como el inevitable curso del río, llega a todos, sin excepción. Y aunque la vida parece siempre vencer y pujar hacia adelante, su inevitable fin nos recuerda que nada es seguro ni eterno. Es difícil enfrentarse a este hecho cuando se guarda tanta esperanza, y aún más doloroso cuando la naturaleza se presenta en su forma más cruda, y nos obliga a aceptar su ciclo inmutable. Aceptar la muerte y sí duele, duele mucho. Tras la pérdida, Paloma, también siguió adelante al lado de su único hijo. Juntos, viven sus días aquí, afortunadamente ellos aquí no se dedican a la carga o al trabajo, sólo son miembros más de nuestra familia.
Los miro serenos y pienso que los animales a diferencia de los hombres no se quedan tumbados a llorar sus desgracias siempre siguen, firmes y constantes. Esta imagen para mí refleja la verdadera esencia del bosque: que, incluso tras la tormenta más intensa, la vida siempre vencerá incluso cuando el dolor se vuelve parte del paisaje.