26/01/2026
Hablo como mujer, como bailarina y como alguien que creyó en un proyecto que hoy decepciona profundamente. No es la primera vez que pasa, y por eso duele más. Muchas personas se están yendo, no por chismes, sino por una razón clara y contundente: las prioridades están mal puestas.
Se repite el mismo patrón que ya vimos antes, el de la famosa “Auténtica Camada Payasos de Contla”. Un grupo que prometía ser diferente a los ya rancios, como la “Payasos Primera”, pero que terminó siendo lo mismo, o incluso peor. Separarse de una camada por “principios” para terminar haciendo exactamente lo mismo: dar prioridad a unas cuantas muchachas, usar el nombre, el esfuerzo y el dinero de muchos, y después fingir que no pasa nada.
Aquí nadie les está pagando por bailar. Si alguien baila en el carnaval es por gusto, por tradición, por familia o por amor al folclor. El dinero que entra a la camada no lo ponen unos cuantos; lo ponemos todos con nuestras cuotas y nuestro trabajo. Y, sin embargo, un puñado de hombres —señores rancios como el Kalimán, el Gallo, el Nene y quien ya se siente capitán, el Pirri— pretenden decidir quién sí y quién no, como si el carnaval fuera su negocio personal. Actúan desde las sombras, mandando, imponiendo y tomando fotografías a escondidas a las chicas que bailan en otras camadas para que la capitana haga el juego sucio. ¿Qué les quita? ¿Qué los deja sin dormir? Exigen exclusividad no por beneficio de las y los bailarines, sino por su propio capricho de control y porque, al ser señores que ya no pueden estar en otra camada donde no mandarían, buscan imponer su autoridad aquí.
Y aquí entra lo más obscuro: la camada se está convirtiendo en un botín político. El Pirri, trabajador del ayuntamiento de Contla, no oculta sus ambiciones. Es por eso que ayer se vio al "Mantecas", el expresidente municipal y hermano de la actual presidenta —y por tanto, jefa directa del Pirri—, queriendo aprovecharse de la camada para sus intereses. Es el mismo juego de siempre: usar la estructura, el esfuerzo y la popularidad de la camada como trampolín o moneda de cambio, igual que han hecho con muchas otras agrupaciones en el municipio. No buscan preservar la tradición, buscan influencia y control.
Eso es lo que más corroe y decepciona: que se hable de valores, de comunidad, de ser “popular”, pero se actúe con la misma hipocresía, favoritismo y clientelismo político que tanto criticaron. La gota que derrama el vaso es ver cómo a tantas chicas este año las quieren dejar fuera por pleitos personales. Pleitos de la capitana contra ellas, o de los capitanes señores que usan la exclusividad como arma de venganza o control. La camada no es de unos cuantos para ajustar cuentas. Es el espacio de todas. Como le ah pasado a varias chicas, a quien simplemente les devolvieron el dinero para eliminarlas, o a tantas otras en estos tres años a quienes solo vieron como una fuente de recursos y luego descartaron sin más.
Y la evidencia más clara de que hay algo que ocultar la tenemos en la Capitana 2026. Su manejo ha sido tan cuestionable y el descontento tan grande, que en lugar de dialogar o enfrentar las quejas, optó por la censura: borró mensajes críticos en el grupo de WhatsApp y expulsó a quienes osaron señalar este desmadre. Su objetivo es claro: silenciar, evitar que se denuncie la red de favoritismos, malos manejos y abusos de autoridad que caracterizan a esta capitanía. ¿Qué clase de liderazgo es ese? Uno que teme a la verdad y rehúye a la rendición de cuentas.
La situación es un n**o de intereses turbios. Capitanes que solo asienten con la cabeza, levantando la mano para lo que digan los dueños. Acusaciones de malos manejos: el Nene que no rindió cuentas, su hija Karla que habría desviado dinero, el Pirri que desde el gobierno municipal quiere politizar y que todo le salga regalado. Favores personales que pesan más que el mérito: se rumora que varios capitanes respaldan a la actual capitana por “otro tipo de favores”, mientras ella permite que media capitanía se vaya con tal de no ser removida. Incluso se habla de acoso, de hombres casados como Obed (Osiris) sobrepasando la línea con las bailarinas.
Y en medio de todo, el cinismo de celebrar con botellas llevadas por invitados como Eddy Roldán, mientras se exige exclusividad a chicas que quizá tienen a su novio o a su familia en otra camada.
Qué lástima ver cómo un proyecto que decía ser diferente terminó convertido en lo mismo: en un feudo de favoritismo, exclusión, uso de la gente cuando conviene y ahora, claro, instrumento político. Ahora pretenden elegir al próximo capitán “al dedazo”, sin votaciones, perpetuando el ciclo. Y quién si no el Pirri, respaldado por sus jefes, para asegurar que la camada sirva a sus fines.
Por eso el mensaje es claro: Callar es permitir. Y lo que se está permitiendo hoy es que se pierda el respeto y, con él, la esencia misma de lo que debería ser una camada. Muchas chicas se irán este año. No les darán el gusto de rogar ni de someterse a pleitos absurdos. Simplemente se irán, con su dinero y, lo más importante, con su dignidad intacta.
Que quede como reflexión final: quédense con su camada, con sus reglas de hierro, con sus capitanas que borran mensajes y con sus acuerdos en los pasillos del palacio municipal. Pero no se sorprendan cuando la gente se vaya. Porque cuando el control, el dinero sucio, la hipocresía, la venganza personal, la censura y la politización barata reemplazan a la pasión y la comunidad, lo único que queda es un cascarón vacío. Un cascarón que, por más que se llame “auténtico” o “popular”, ya perdió su alma y ahora es tan solo un apéndice más del poder y los rencores de unos cuantos.
La verdadera tradición no se impone, no se compra, no se vende y mucho menos se usa para saldar cuentas personales. Se vive en libertad, lejos de los escritorios, los grupos de WhatsApp censurados y las ambiciones mezquinas de quienes nunca han entendido lo que significa bailar con el corazón. Y eso es justo lo que nos están robando.