13/08/2025
📜 Martes de Micronovelas
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Coatlicue
En lo alto del cerro Coatepec, Coatlicue, la madre tierra, barría el templo con manos gastadas por los años y la devoción. Sus pies descalzos sentían el pulso vivo de la montaña, y el aire, cargado de presagios, le traía el murmullo de las serpientes.
Ese día, mientras el sol caía lento sobre los magueyes, una pluma de colibrí descendió del cielo, flotando como un susurro divino. La recogió con cuidado, la guardó en su pecho… y en ese instante, su vientre comenzó a hincharse con una vida nueva.
No había hombre alguno. Solo el misterio.
Sus hijos mayores, los Centzon Huitznáhuac y su hermana Coyolxauhqui, al enterarse, ardieron de furia. “Es una deshonra”, dijeron. Juraron matarla antes de que el hijo misterioso viera la luz. El cielo se oscureció de lanzas, escudos y gritos.
Pero en el momento en que la muerte iba a tocarla, Coatlicue gritó, y de su vientre surgió Huitzilopochtli, ya adulto, armado con la serpiente de fuego. En un solo golpe decapitó a Coyolxauhqui, cuya cabeza rodó montaña abajo, y dispersó a los hermanos como estrellas caídas en la noche.
La batalla terminó. Coatlicue, con la falda de serpientes y el collar de corazones, quedó sola, mirando el horizonte. Había perdido hijos y ganado un dios, pero en su corazón sabía que la vida y la muerte eran un mismo tejido. Desde entonces, su figura permanece entre el cielo y la tierra, guardiana del amor que da vida y de la guerra que la arrebata.