20/08/2026
Sombra para el café, alimento para el ganado, flores para las abejas y madera para el campo. Al tepeguaje (Lysiloma acapulcense) las comunidades rurales le han encontrado más de un oficio.
Su presencia en potreros, parcelas y cercos vivos no es casualidad. Durante generaciones, su follaje y vainas tiernas se han aprovechado como forraje, mientras que su madera ha servido para postes, cercas, horcones, vigas, carpintería y leña. Incluso sus flores aportan recursos para las abejas. Más que destacar por una sola cualidad, el tepeguaje ha ganado su lugar por todo lo que puede aportar dentro de un mismo paisaje.
Esa relación con las personas también permanece en sus nombres. Se le conoce como tepeguaje o tepehuaje, cacho de toro, cañamazo, chipil, ébano, frijolillo, guaje, huaje, negrito, palo de arco, palo fierro y pino blanco. Tepeoaxin en náhuatl; huáyal en huasteco; aaguia, la-guia y yaga-yaci en zapoteco, y guidicui en zoque. También recibe nombres regionales como macho y tripal. Distintas maneras de nombrar a una especie profundamente ligada a la vida del campo.
Pero existe otra cualidad que resulta especialmente valiosa cuando el tepeguaje comparte espacio con los cultivos. Pertenece a la familia de las leguminosas y puede participar, mediante su asociación con microorganismos del suelo, en procesos de fijación de nitrógeno. Sumada a su capacidad para proporcionar sombra, esta característica explica parte de su enorme potencial dentro de los sistemas agroforestales.
En REVIVE aprovechamos precisamente estas cualidades incorporándolo en proyectos de agroforestería, especialmente como árbol de sombra para cafetales y otros cultivos. Con una distribución y manejo adecuados, el tepeguaje permite integrar cobertura arbórea, biodiversidad y procesos que favorecen la fertilidad del suelo dentro de un mismo sistema productivo.
Quizá por eso el tepeguaje nunca necesitó tener un solo oficio: en el campo, su mayor virtud siempre ha sido servir de muchas maneras.