01/02/2026
Coapilla es un pueblo de cultura viva, un refugio de identidad y afecto. Su majestuosidad ha conquistado corazones y mentes brillantes que, a su paso, dejan algo de sí en el encanto de mi pueblo. Al detener la mirada en su verde paisaje, surgen tantas historias que contar: personajes que dejan legados, espacios que se recuerdan con el corazón y memorias que se narran con el tiempo.
Hace unos años tuve la fortuna de leer el libro "Yo, Constancio. Mis memorias", de don Constancio Narváez Rincón, un testimonio valioso de cómo la literatura local preserva la historia oral de nuestra región. No recuerdo las páginas en las que pude detener el tiempo a través de sus memorias, las cuales, a su vez, trajeron muchas de mi infancia como un legado.
Los dulces de coletos, los pajaritos de barro (silbatos de agua), los juegos mecánicos, los trompos, los algodones de azúcar y los caballitos de madera son iconos de la artesanía chiapaneca que corren el riesgo de desaparecer. En sus recuerdos, don Constancio menciona las cabalgatas que salían de la entrada de Coapilla-Ocotepec hacia el rancho Dolores, y nos narra vivencias de sus abuelos.
Don Constancio deja la estampa de doña Ofelia Camacho Zenteno como una dama hermosa y un caballo blanco de fina estampa, propiedad de su abuelo Constancio Narváez Rincón. Nos conduce a un tipo de crónica que define la elegancia rural de antaño, manteniendo esa esencia del pueblo zoque. Es fascinante cómo un relato puede actuar como un espejo de nuestra propia infancia.
Krisstel Malpica
¿Quién de nosotros no tiene algún recuerdo, fotos o anécdotas que contar y compartir?