20/01/2026
Hermoso testimonio 🔥
A finales de los años 70, siendo un niño de 5 años, me encantaba salir a pasear por el vecindario en una pequeña moto de plástico con pedales y tres llantas, muy común en esos años, la usaba no solo para divertirme. A esa edad, ya sabía que, si quería algunos dulces, pan o algo parecido, bastaba con ir a las casas de los vecinos a “cantarles”. Llegaba en mi motocicleta hasta la puerta, y los vecinos mandaban a sus hijos a abrirme. “Ahí viene Juanito”, decían. “Abran la puerta para que entre y nos cante”. Yo, muy emocionado, les cantaba “La mochila azul” (la única canción de mi repertorio) y a cambio, me daban golosinas.
Durante los últimos años de mi niñez pasé mucho tiempo escuchando a mi padre cantar en un grupo de música secular al que pertenecía. Mi padre, con su guitarra, también cantaba en algunas reuniones familiares y siempre me invitaba a cantar junto a él.
Por el año 1980, mi madre se convirtió al Señor y comenzó a asistir a una iglesia cristiana que se encontraba justo enfrente de nuestra casa, sobre la calle Matamoros: el Templo “San Pablo”, quién hubiera pensado que aquel niño que cantaba a sus vecinos alrededor del Templo, años después estaría cantando para el Señor en ese lugar.
Mi madre nos llevaba con ella al Templo. Tendría unos 7 años, y mis dos hermanos eran menores que yo. Recuerdo que en esa época había un coro infantil al que pertenecí, podría decirse que fue la primera vez que canté en el Templo. Posteriormente, en los años 90, ingresé a la Rondalla “San Pablo” bajo la dirección del hermano Américo Montoya, y por varios años canté con ellos. Después, el Señor me llamó al ministerio como solista, Dios usó a algunos hermanos y pastores para hacérmelo saber. A partir de eso, Dios comenzó a inspirarme cantos, el primero fue “Adiós soledad”, después surgieron: “Dios no te ha olvidado”, “Háblame Señor”, “No te detengas”, “Un amor incomparable”, “Testimonio” y “Él viene ya”. Escribí los cantos, pero no los había grabado, pues no es sencillo producir un disco. Sin embargo, hace como 10 años, una persona se acercó a mí y, sin que yo le pidiera nada, ni comentara algo al respecto, me dijo que quería pagarme un disco; él cubrió todos los gastos de la grabación. Así fue como nació el álbum “Adiós Soledad” con ocho cantos, y posteriormente grabé el sencillo: “Él viene ya”.
Siempre me preguntan cómo me inspira Dios los cantos, si nacen de vivencias o experiencias personales, y yo les digo: definitivamente sí. Por ejemplo: “Adiós Soledad” surgió a raíz de una parálisis facial muy severa que padecí. Como no recibí el tratamiento a tiempo, los médicos me dijeron que ya no había nada que hacer, que así se quedaría mi rostro para siempre y que, además, no podría hablar bien; que las personas no podrían entender todas mis palabras. Me dijeron que lo sentían mucho, pero que tenía que aceptarlo. Eso me llevó a encerrarme por mucho tiempo en mi casa, experimenté tristeza, depresión y soledad. Después de muchas noches y madrugadas orando y clamando al Señor, Él me sanó. De esas largas e interminables noches nació este canto. Y este canto ha tocado corazones, he recibido muchos testimonios y mensajes, de aquí y de otros lugares, contándome cómo Dios les ayudó y rescató de la depresión, y de otras situaciones difíciles, con tan solo escucharlo. Uno de esos testimonios, llamó mucho mi atención, el de una persona que llevaba catorce intentos de suicidio y cuando escuchó este canto, Dios habló a su vida y no lo intentó más. Dios lo rescató, y él volvió con su familia, la cual lo había abandonado por su situación, y ahora, toda la familia se congrega en una iglesia cristiana.
Me gozo mucho con estos testimonios, porque mi motivo principal, no es que me conozcan a mí, ni que me escuchen cantar, sino que conozcan a Dios y lo escuchen a Él a través del mensaje que hay para cada una de las personas que me escuchan cantar.
Como dice uno de los cantos: el camino no ha sido fácil, ni libre de obstáculos; he pasado por enfermedad, luchas, oposición, largos desiertos y tormentas muy fuertes. Aún sigo enfrentando la batalla, pero Dios me ha ayudado y rescatado a través de los cantos que me ha inspirado, y por eso es que puedo llevar el mensaje de Dios, por medio de la música, a las personas que están pasando por situaciones similares a la mía.
Le doy gracias a Dios, por el ministerio que me dio y también por la vida de los pastores Roberto Gómez y Jonás Álvarez, que confirmaron mi llamado y fueron mi cobertura espiritual al inicio de mi ministerio.
Finalmente quiero decirte que, si Dios te ha llamado a un ministerio, no tengas temor. Da el primer paso, Dios te ayudará y suplirá todo lo necesario para que puedas hacer lo que Él te ha mandado. ¡Dios te bendiga!