28/12/2025
Estos días que vayas a celebrar, piénsalo bien.
Porque hay quienes creen que sin alcohol no hay celebración,
que si no hay botella no hay alegría,
y que emborracharse es parte obligatoria de la fiesta.
Pero eso no es celebrar…
eso es no saber estar sobrio frente a la propia familia.
Hay personas que solo saben “disfrutar” cuando pierden el control.
Si no toman, se aburren.
Si no se emborrachan, dicen que no es Navidad o cena de Año Nuevo.
Y lo triste es que no se dan cuenta de que el problema no es la fiesta,
es la dependencia.
La cena de Navidad y Año nuevo no es para terminar hablando de más,
rompiendo la paz del hogar,
discutiendo con la esposa,
o dando vergüenza delante de tus hijos.
Porque sí, hay hijos mirando.
Niños que no esperan botellas ni borrachos,
esperan risas, juegos, abrazos
y un padre presente, no uno tirado en un sofá antes de medianoche.
También hay una mujer que no quiere aguantar,
quiere compartir.
Que no espera cuidar a un adulto borracho,
sino sentarse a la mesa con un compañero consciente.
En estas fiestas hay niños,
y ellos aprenden más de lo que ven
que de todo lo que prometes cuando estás sobrio al día siguiente.
Celebrar no es excederse.
Brindar no es perder la dignidad.
Y la alegría no vive en una botella.
Porque nadie recuerda cuántos tragos te tomaste,
pero sí recuerdan cómo los hiciste sentir.
Y si para “celebrar” necesitas perder el control,
tal vez no es Navidad y un bonito fin de Año lo que buscas…
tal vez solo estás escapando.
La mejor Navidad y Año nuevo no deja resaca,
deja recuerdos.
No deja excusas,
deja paz.
Si esto te incomodó, es por algo.