02/04/2026
En su oración, Jesús experimenta un miedo real ante el sufrimiento. Él siente angustia natural ante la Pasión, lo cual demuestra que asumió plenamente nuestra condición humana.
Benedicto XVI recuerda que Jesús nos dice que el ser humano sólo alcanza su verdadera altura, sólo llega a ser “divino” conformando su propia voluntad a la voluntad divina. Cada día en la oración del Padre nuestro pedimos al Señor: «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
En Getsemaní, Jesús muestra el ejemplo perfecto: su voluntad humana, llena de angustia, se une y se somete a la voluntad divina, y así la voluntad de Dios se realiza en la tierra.
Nuestra oración diaria debe ser pedir la gracia de salir de nosotros mismos, renovar nuestro “sí” a Dios, aprender a confiar en su Providencia y velar con Cristo, incluso cuando su voluntad implique la cruz.
El Jueves Santo es un llamado directo a nuestra identidad: ser hombres que velan, que no se duermen ante el combate espiritual, que no huyen cuando llega la prueba. En Getsemaní aprendemos que la verdadera fortaleza no está en imponer nuestra voluntad, sino en ofrecerla a Dios con humildad y fidelidad. Que nuestra oración sea la de Cristo: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”, y que esa obediencia se convierta en servicio, sacrificio y entrega por nuestras familias, por la Iglesia y por los más necesitados. Porque el Caballero auténtico no abandona al Señor: permanece con Él en la hora decisiva.