23/02/2023
ANTES DEL ARREPENTIMIENTO, VIENE EL ABATIMIENTO.
Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira.
Salmo 6:1
El arrepentimiento depende en gran parte de nuestra conciencia del peligro del enojo de Dios y de lo merecedores que somos de sufrir el castigo de su ira.
Esta no es una doctrina popular en una cultura donde la gente piensa lo mejor de sí misma y se auto percibe como buena y sabia - no hay, desde esa perspectiva, motivo alguno para la culpa, la vergüenza o el pesar si a fin de cuentas no somos malas personas ni actuamos con motivos perversos - no pecamos, aprendemos; no necesitamos castigo, sino orientación.
Pero la palabra de Dios derrumba toda pretensión de inocencia en el ser humano - se nos acusa de perversos (Jer.17:9), de inventores de males (Rom.1:30) y de merecedores de la ira de Dios (Sal.7:11)
Así que en lugar de buscar argumentos para defender nuestra indefendible condición caída, bien hacemos en aceptar el justo veredicto de Dios: "CULPABLE" - y así, sin méritos ni recursos propios, en bancarrota y humildad, apelar a la misericordia y bondad de Dios: "Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira" (Sal.6:1).
He ahí el retrato del arrepentido: humillado y preocupado - sabe que el veredicto es justo, sabe que la sentencia es bien merecida: la ira de Dios y el enojo del Santísimo son el justo castigo de la iniquidad y transgresión. Pero también sabe que este juez es bondadoso, apela a la misericordia, suplica auxilio no merecido - y su motivo de esperanza es que allá, en una cruz en el monte de la calavera, cuelga un sustituto por cuya herida se puede tramitar perdón de pecados y justicia para quienes en fe y arrepentimiento se declaran pecadores urgidos de gracia.
No es cómoda la culpa, ni es grato el quebrantamiento - pero es el primer paso para el arrepentimiento.
Samuel HC/Min.Educación