24/08/2026
Hoy no vengo a platicarles de nuestras deudas ni necesidades. Solo quiero compartirles que estos últimos diez días han sido devastadores emocionalmente. Pasaron muchas cosas buenas, pero a veces ni siquiera eso alcanza para equilibrar lo malo.
Perdimos a Lía, la gatita ciega, y se nos fueron dos de nuestras gallinitas. Sé que a muchos les cuesta imaginar que se pueda sentir tanto por ellas, pero para nosotros su partida duele igual; más aún teniendo a varias enfermas en este momento.
La pérdida de nuestra amada Miel es algo que todavía no logro procesar. Tengo los sentimientos atascados en el pecho, como si su muerte se hubiera quedado suspendida en un limbo al que no puedo acceder. Sigo pensando que en cualquier momento voy a despertar y la veré corriendo por el jardín o lista para entrar a la casa. Nunca me había pasado sentir algo así —o más bien no sentir—, porque esto es exactamente una ausencia de emociones. Como si nada hubiera ocurrido. Creo que es la forma en que mi mente busca protegerse, porque Miel era una de nuestras consentidas. La extraño tanto que aún no puedo asimilar que ya no está aquí.
Además despedimos a Tomasa. Sinceramente no lo veíamos venir; era tan linda y tenía tanta vida por delante, pero de pronto se apagó, sin más.
Y luego llegó Colorado. Ver a este hermoso caballo morir frente a nosotros, lanzando un grito de dolor tan desgarrador que solo de recordarlo se me eriza la piel, fue devastador. No quiero ahondar en esto, pero verlo morir fue la gota que derramó el vaso. Ese día regresé al refugio completamente exhausta y lo único que pude hacer fue tumbarme en la cama y dormir un par de horas, esperando a que mi cuerpo y mi mente se volvieran a encontrar. No sé si les ha pasado esa sensación de no conectar con nada y solo necesitar hacerse bolita y dormir.
Quería compartirles esto porque ver morir a los animales es terrible. Lo de Colorado me trajo el recuerdo de rescates pasados donde ya no había nada que hacer. Esta es la cuarta vez que me toca ver morir a un equino, viendo cómo su vida simplemente se desbarata frente a nosotros. Lo más duro es que cada una de estas muertes era 100% evitable; pero en todos los casos, los dueños o la gente a su cargo no supieron qué hacer. Y para cuando nosotros llegamos, ya era demasiado tarde.
A veces quisiera hacer más, llegar antes, o que se yo. Pero bueno, debo aceptar que solo somos personas comunes y corrientes dándolo todo. No somos super heroes