Movimiento por la Esperanza de El Mpio. De Cardonal Hidalgo

Movimiento por la Esperanza de El Mpio. De Cardonal Hidalgo Movimiento por la esperanza de un Cardonal Mejor ✨

12/06/2026
29/05/2026

🌎📚Participa por una de en instituciones nacionales y en el extranjero.

🚨 ¡Aprovecha esta oportunidad para impulsar tu futuro académico y profesional!

🔗 Consulta las convocatorias completas y conoce los requisitos aquí: https://citnova.hidalgo.gob.mx/convocatorias

CITNOVA_Hgo

26/05/2026
Todos los   del Municipio de   🌵 sean muy felices 🫶🏽  🏆
25/05/2026

Todos los del Municipio de 🌵 sean muy felices 🫶🏽
🏆

25/05/2026

🧡 Hoy es , una fecha para reafirmar el compromiso de construir una sociedad libre de violencia contra las mujeres, adolescentes y niñas.
Promovamos desde cada espacio el respeto, la igualdad y una cultura de paz y no violencia. ✋

22/05/2026

, pero de 1902, murió Mariano Escobedo, quien ocupó distintos cargos militares y fue gobernador de Nuevo León en varios periodos. Participó en la Guerra de Reforma y en la lucha contra la Intervención francesa. Su trayectoria estuvo vinculada al liberalismo mexicano del siglo XIX.

Referencia: AGN, Archivos fotográficos, Instrucción Pública y Bellas Artes, Propiedad Artística y Literaria (PAL), PAL/8197, Monterrey Mon. Al G. Escobedo.

19/05/2026

🎤✨ ¡Llegó tu oportunidad de brillar! ✨🎤
¿Cantas en lengua indígena?
Entonces el escenario del Festival de Canto Alegría del Mezquital 2026 te está esperando. 🌵🎶
Atrévete a mostrar tu talento, tu voz y el orgullo de nuestras raíces.
Porque cada canción en Hñahñu, náhuatl, tepehua o cualquier lengua indígena, mantiene viva nuestra cultura. ❤️
🥇 Primer lugar: $7,000 pesos
🔥 Participa, representa tu comunidad y demuestra que las lenguas indígenas también se cantan con fuerza, pasión y orgullo.
No te quedes con las ganas…
🎶 Canta. Sueña. Brilla.
✨ Alegría del Mezquital 2026 puede ser tu momento.

19/05/2026

La madurez del poder: gobernar sin perder el alma del movimiento

René Juvenal Bejarano Martínez

Introducción
Se trata en este texto acerca de un tema especialmente fértil porque conecta varios de los dilemas actuales de la Cuarta Transformación, de la izquierda latinoamericana y de toda organización que pasa de la resistencia al ejercicio prolongado del gobierno.
Además, permite desarrollar varias lecciones para la vida y para la actividad política al mismo tiempo.
Se estructura alrededor de una pregunta central: ¿Cómo evitar que un movimiento nacido para transformar la realidad termine adaptándose demasiado a las inercias del poder?
Ese eje permite reflexionar sobre asuntos muy presentes en la coyuntura: la tensión entre movimiento y gobierno; la burocratización; el desgaste moral del ejercicio cotidiano del poder; la diferencia entre administrar y transformar; la tentación del sectarismo; el peligro de las luchas internas; la necesidad de construir relevos generacionales; la pérdida de sensibilidad frente al sufrimiento social; y la importancia de conservar humildad política aun cuando se gobierna.
Incluso se desarrolla mediante imágenes poderosas: el militante que antes caminaba barrios y ahora sólo recorre oficinas; el dirigente que comenzó escuchando y terminó únicamente hablando; el funcionario que confunde obediencia con lealtad; el movimiento que deja de formar conciencia y empieza solamente a administrar candidaturas.
Hay una frase que podría sirven como columna vertebral de este texto: “La oposición suele desgastarse por la derrota; los movimientos gobernantes suelen desgastarse por el poder.” Y otra más: “El verdadero desafío histórico no es llegar al gobierno; es no parecerse demasiado a aquello que se combatió.”
También permite incorporar referencias históricas y filosóficas: Hannah Arendt y la diferencia entre poder y dominación; Antonio Gramsci y la construcción de hegemonía cultural; Friedrich Nietzsche con la idea de que “quien lucha con monstruos…”; así como ejemplos históricos de movimientos populares que triunfaron electoralmente, pero perdieron cohesión ética.
Y en términos de coyuntura mexicana, el tema permite reflexionar indirectamente sobre: los retos de Morena rumbo a 2027; las tensiones entre corrientes internas; la relación entre gobierno y organización territorial; el papel de las clases medias; la necesidad de preservar autoridad moral; y el riesgo de que la eficacia electoral sustituya la formación política.
Incluso aborda una idea profundamente humana: “La madurez política no consiste en endurecerse; consiste en conservar convicciones sin perder sensibilidad.”
O bien: “Los movimientos sobreviven no sólo por la fuerza de sus dirigentes, sino por la calidad moral de sus hábitos cotidianos.”
Este tema dialoga muy bien con el espíritu de su proyecto sobre Las lecciones para la vida y la actividad política, porque no sería únicamente un análisis coyuntural, sino también una reflexión existencial sobre el poder, el tiempo, la lealtad y la conciencia.

La madurez del poder

He aprendido que el poder posee una extraña capacidad de transformación. No me refiero solamente a la posibilidad de cambiar gobiernos, leyes o instituciones. Hablo de algo más íntimo y peligroso: la manera en que el poder modifica lentamente el alma de quienes lo ejercen.
Lo he pensado muchas veces al mirar hacia atrás, hacia aquellos años en que la izquierda caminaba bajo el sol con más esperanza que recursos, con más convicciones que posibilidades reales de triunfo. Entonces la política tenía el olor de las plazas públicas, de las bardas pintadas de madrugada, de las asambleas interminables, de los volantes húmedos por la lluvia, de los cafés baratos donde discutíamos el destino del país como si en ello nos fuera literalmente la vida. Y acaso sí nos iba.
En aquellos años, muchos de nosotros aprendimos a hacer política desde la intemperie. No había privilegios que administrar ni presupuestos que repartir. Lo único verdaderamente nuestra era la voluntad colectiva. Éramos oposición y, como suele ocurrirle a quienes resisten, la carencia nos obligaba a conservar cierta claridad moral. La derrota constante, aunque dolorosa, impedía algunas deformaciones del espíritu.
Con el tiempo comprendí algo incómodo: la oposición suele desgastarse por la derrota, pero los movimientos gobernantes suelen desgastarse por el poder.
Ésa es una de las grandes tragedias silenciosas de la historia política.
Porque llegar al gobierno no significa automáticamente conservar intacta la esencia del movimiento que luchó por alcanzarlo. A veces ocurre exactamente lo contrario: el poder empieza a sustituir lentamente a las convicciones. La administración cotidiana desplaza a la imaginación transformadora. La prudencia burocrática comienza a sofocar el impulso ético que originalmente movilizó a miles de personas.
Lo he visto muchas veces.
He visto compañeros que antes recorrían barrios enteros bajo la lluvia y que después, ya convertidos en funcionarios, terminaron caminando solamente entre oficinas alfombradas y reuniones de protocolo. He visto dirigentes que aprendieron a escuchar al pueblo mientras eran oposición y que, una vez instalados en el gobierno, comenzaron a hablar sin escuchar. He visto militantes generosos endurecerse hasta convertir la lealtad en obediencia y la crítica en sospecha.
Tal vez por eso recuerdo con frecuencia aquella advertencia de Friedrich Nietzsche*: quien lucha demasiado tiempo contra monstruos debe cuidarse de no convertirse también en uno de ellos.
La frase parece escrita no sólo para los individuos, sino también para los movimientos políticos.
Porque todo proyecto histórico corre el riesgo de parecerse, con el tiempo, a aquello mismo que combatió. El poder tiene inercias seductoras: la comodidad, el aplauso fácil, el círculo de aduladores, la ilusión de infalibilidad, la burocracia que lentamente convierte la sensibilidad en trámite administrativo.
La transformación auténtica exige luchar no sólo contra las injusticias exteriores, sino también contra las deformaciones interiores que el propio poder produce.
He llegado a pensar que la verdadera madurez política no consiste únicamente en aprender a gobernar. Consiste en aprender a gobernarse a uno mismo mientras se gobierna.
No endurecer el corazón.
No perder la capacidad de indignarse.
No acostumbrarse al dolor ajeno.
No mirar al pueblo desde arriba.
Porque cuando un movimiento pierde humildad empieza lentamente a perder pueblo. Y cuando pierde pueblo, aunque conserve cargos, comienza a perder el sentido histórico de su existencia.
A veces la burocracia produce una especie de fatiga espiritual. Los expedientes sustituyen a los rostros. Las cifras reemplazan las historias humanas. Los informes comienzan a sonar más importantes que las personas de carne y hueso. Entonces aparece el riesgo más grave: administrar la realidad en lugar de transformarla.
He comprendido también que los movimientos políticos no se deterioran solamente por la corrupción económica. Se deterioran igualmente por la soberbia, por el sectarismo, por las pequeñas vanidades cotidianas, por la incapacidad de escuchar otras voces, por la tentación de creer que el triunfo electoral equivale automáticamente a la razón histórica permanente.
La historia es más compleja y más cruel.
Ningún movimiento posee garantizada la eternidad moral.
Por eso me preocupa cuando la política deja de ser pedagogía colectiva y se convierte únicamente en disputa de candidaturas. Me preocupa cuando las conversaciones giran más alrededor de posiciones personales que de proyectos nacionales. Me preocupa cuando la organización territorial se abandona porque algunos creen que las redes sociales sustituyen el contacto humano. Me preocupa cuando ciertos dirigentes comienzan a parecer administradores de parcelas y no constructores de esperanza.
Porque la política verdadera sigue ocurriendo abajo.
En la vecina que pide ayuda para una gestión.
En el joven que busca oportunidades.
En el comerciante que teme perder su patrimonio.
En la madre que necesita seguridad para sus hijos.
En el trabajador que quiere vivir con dignidad.
La izquierda que deja de escuchar esas pequeñas angustias cotidianas corre el riesgo de hablar un idioma que el pueblo ya no reconoce como propio.
He pensado mucho en esto al observar los desafíos actuales de la transformación en México. Gobernar durante años implica un reto distinto al de resistir. La resistencia genera identidad; el gobierno exige madurez. La resistencia moviliza emociones; el gobierno obliga a administrar contradicciones. La resistencia puede sostenerse con pureza discursiva; el gobierno necesita eficacia, resultados y capacidad de construir acuerdos.
Pero precisamente allí aparece la prueba ética más importante: cómo conservar el alma del movimiento mientras se ejerce el poder.
No existe respuesta sencilla.
Quizá la única defensa posible sea conservar viva la memoria de nuestros orígenes. Recordar de dónde venimos. Recordar las luchas sociales, las derrotas, las persecuciones, las marchas, las noches de incertidumbre, los compañeros caídos, las causas que parecían imposibles. Recordar que ninguna responsabilidad pública nos vuelve superiores al pueblo del que surgimos.
A veces pienso que el poder debería ejercerse con una cierta conciencia de provisionalidad. Como quien sabe que ocupa temporalmente una responsabilidad histórica, pero no una superioridad moral definitiva.
Porque el pueblo puede otorgar confianza, pero también puede retirarla.
Y hace bien.
La democracia necesita gobiernos fuertes, pero también ciudadanos críticos. Necesita dirigentes con autoridad, pero no caudillos incapaces de escuchar. Necesita movimientos disciplinados, pero no estructuras petrificadas donde el pensamiento se castigue.
He aprendido además que la unidad política verdadera no nace del miedo ni de la obediencia. Nace de la convicción compartida acerca de un propósito histórico. Cuando la unidad depende exclusivamente de intereses personales, termina rompiéndose tarde o temprano. En cambio, cuando existe conciencia colectiva, incluso las diferencias pueden convertirse en fuerza creadora.
Por eso sigo creyendo en la importancia de formar políticamente. Un movimiento sin formación termina dependiendo demasiado de coyunturas emocionales o de liderazgos individuales. Y ningún proyecto histórico puede sostenerse indefinidamente sólo sobre el carisma de sus dirigentes.
Las generaciones nuevas deben comprender que la política no es únicamente administración de poder. También es una forma de responsabilidad moral frente al tiempo histórico que nos tocó vivir.
A mi edad, después de tantas batallas, he llegado a una conclusión sencilla y quizá melancólica: el verdadero desafío no era solamente llegar al gobierno. El verdadero desafío era no perder el alma en el camino.
Porque al final, los movimientos sobreviven menos por la fuerza de sus discursos que por la calidad moral de sus hábitos cotidianos.
Y acaso la madurez política consista precisamente en eso: en conservar convicciones sin perder sensibilidad; en ejercer autoridad sin despreciar la humildad; en comprender que el poder sólo tiene sentido cuando sigue siendo una herramienta para servir y no un espejo donde termina adorándose uno mismo.

*La frase:
“Quien lucha con monstruos debe cuidarse de no convertirse también en monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” proviene de la obra Más allá del bien y del mal publicada por Friedrich Nietzsche en 1886. La cita aparece específicamente en el aforismo 146.
Es una de las reflexiones más célebres de Nietzsche porque resume varias de sus preocupaciones filosóficas: el peligro moral de la confrontación permanente; la transformación interior producida por el conflicto; y la relación entre poder, violencia y conciencia; y la capacidad de las luchas humanas para modificar psicológica y espiritualmente a quienes participan en ellas.
En el terreno político, la frase suele utilizarse para advertir que: los movimientos revolucionarios pueden reproducir prácticas autoritarias; quienes combaten la corrupción pueden terminar normalizándola; o quienes enfrentan estructuras violentas pueden terminar pareciéndose a ellas.
Por eso la referencia resulta especialmente potente en reflexiones sobre ética del poder y madurez política.


CdMx lunes 18 mayo 2026

Dirección

Cardonal
42370

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Movimiento por la Esperanza de El Mpio. De Cardonal Hidalgo publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir