27/08/2026
El ingeniero civil que se desafió al PRI durante la década de 1960, en su época de mayor poder, arriesgando su vida. Su nombre Heberto Castillo. Era inventor y profesor universitario. Pero sus luchas sociales, políticas y el movimiento estudiantil de 1968 lo convirtieron en uno de los personajes más reconocibles de la historia mexicana.
Heberto Castillo Martínez nació en Ixhuatlán de Madero, Veracruz, el 23 de agosto de 1928, y murió el 5 de abril de 1997 siendo senador de la república. Su invento sostiene rascacielos que millones de personas ven todos los días, y sin embargo terminó preso por defender a los estudiantes.
Inventó la Tridilosa: un sistema de entrepiso tridimensional mixto de acero y concreto que elimina el relleno en la zona de tensión y solo usa concreto en la capa superior de compresión. El resultado es un ahorro cercano al 66 por ciento del concreto y estructuras mucho más ligeras capaces de cubrir grandes claros. Se aplicó en el Hotel de México, hoy World Trade Center de 54 pisos, en la Torre Chapultepec de 30 niveles y en el Centro Médico Siglo XXI. Fue profesor durante más de 20 años de Análisis y Diseño de Estructuras en la UNAM y el IPN.
Participó en 1961 en el Movimiento de Liberación Nacional junto al general Lázaro Cárdenas. En 1968 se sumó al movimiento estudiantil desde la Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior, y eso lo llevó a la cárcel de Lecumberri en 1969. Al salir, en 1971, fundó el Partido Mexicano de los Trabajadores con figuras como Demetrio Vallejo y Luis Villoro.
Entre 1976 y 1996 escribió en la revista Proceso y publicó libros como "Cuando el petróleo se acaba" (1984), donde denunció la política energética de los gobiernos de López Portillo y De la Madrid, el crecimiento de la deuda externa y la dependencia frente a Estados Unidos. Proponía que México entrara a la OPEP y que el crudo dejara de ser materia prima barata para los países ricos.
En junio de 1988, siendo candidato presidencial del Partido Mexicano Socialista, declinó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas con una frase que lo retrata: "La declinación no es claudicación". Ese gesto sentó las bases del PRD. Sus últimos años los dedicó a la Comisión de Concordia y Pacificación en Chiapas, convencido de que sin resolver las demandas de los pueblos indígenas no habría paz duradera.