03/05/2026
Hay proyectos que no solo se presentan… se viven.
Ayer, en la inauguración del Puente Nichupté, se construyó algo más que una pieza escénica: se creó un puente humano, sensible y poderoso a través de la danza contemporánea, bajo la dirección de Perla Paola Sánchez.
Gracias infinitas al grupo folklórico de la del Caribe, a la Escuela de Danza de la maestra Ana Iris y a los voluntarios del Laboratorio de Butoh, por sumarse con generosidad y entrega a este acto colectivo.
La danza fue una representación viva de lo que significa un puente en nuestras vidas: conexión, tránsito, transformación. Un cuerpo que vibra, que se expande, que sostiene. Un pulso compartido que nos recuerda que todos estamos en constante cruce.
Este laboratorio reunió a personas desde los 7 hasta más de 50 años. Un grupo diverso, hermoso, profundamente humano. En tan solo dos horas se construyó una pieza con entrega absoluta, con personas que no solo ensayaron… lucharon por estar ahí.
Porque sí, fue un evento grande. Hubo retos, ajustes, momentos complejos. Pero justo ahí está la esencia: los puentes no se levantan solos. Se construyen con esfuerzo, con voluntad, con la suma de muchas manos —y en este caso, de muchos cuerpos.
Lo que sucedió fue una representación real, honesta y total de ese proceso.
Gracias al Instituto de Cultura por la invitación. Fue un honor ser parte.
Y gracias a cada persona que puso su energía, su presencia y su corazón en escena. También un reconocimiento especial a Ramón Isaac Fluir por su acompañamiento en la estructura de la pieza. Instituto de la Cultura y las Artes Cancún
Juan Je
Esto fue danza.
Esto fue comunidad.
Esto fue puente.