16/09/2026
El Señor de la Misericordia y mi dolor...
(Un pequeño tratado de amor)
Cierro los ojos y pienso en lo que me deparará la vida...
Recuerdo el n**o que se hace en la garganta a las tres de la mañana cuando todos duermen y yo no puedo hacerlo...
Siento esa lágrima caliente que baja lenta por mi mejilla, y que limpio rápido para que nadie en casa me vea llorar...
Pesa ese dolor de cabeza que no es de cabeza, es de mi alma, pesa ese dolor de espalda que duele de tanto cargar preocupaciones...
Cala ese vacío que siento cuando veo el refrigerador y sé que no alcanzará para terminar la quincena...
Lástima esa llamada que espero y no llega, lástima pensar en ese hijo que se fue y no avisa... no regresa!!
Este es el dolor humano, el mío, el tuyo, el de todos, el de cualquiera...
Los Santos Padres dicen algo que abraza: ese dolor que se siente, no es un castigo que Dios mandó para vernos sufrir, porque Dios no hizo el dolor, Dios hizo el amor y la misericordia !!!
San Agustín lo explica con el corazón en la mano: Dios nos hizo para estar unidos a Jesús, abrazados entre nosotros, en paz por dentro...
Y saber que todo empezó con un no... Un no a Dios !!!
Cuando el ser humano dijo no, rompió la cercanía, y al romperse la cercanía, el corazón humano sintió por primera vez ese frío por dentro, esa vergüenza y esconderse entre los árboles, ese temblor en las manos, ese temor en las entrañas !!!
El libro del Génesis lo dice con una frase que atraviesa el alma: se escondieron porque tuvieron miedo...
Ese fue el primer dolor, no fue un golpe en el cuerpo, fue un hueco en el alma, al sentirte lejos del amor paterno...
Después vino otro dolor, el que conocemos bien: el del cuerpo que se cansa, el de la mujer que da a luz entre lágrimas y dolores de parto, el del hombre que trabaja bajo el sol y se gana el pan con el sudor de la frente y llega a casa con las manos partidas, el de la despedida de quien amas cuando lo ves irse, cuando le ves morir...
San Ireneo dice que el dolor es consecuencia de esa separación, pero la Misericordia del Señor, no lo dejó como condena, lo convirtió en puerta, es decir, lo que entró por desobediencia, el Señor de la Misericordia lo transformó en camino de regreso !!!
San Ambrosio dice que hay dos maneras de vivir el dolor, imagina a dos personas con la misma herida, una se encierra en su cuarto, apaga la luz, no le habla a nadie, rumia su herida una y otra vez, esa herida lo deja sin fuerza hasta que muere...
La otra persona siente el mismo dolor, llora también, pero levanta los ojos, clama a Jesús, y le dice: esto me duele pero te lo entrego, lo encomiendo a tu Misericordia y lo sumo a tu amor...
Es la misma herida, pero una aplasta y la otra transforma, depende si la vives solo o la vives unido al amor y a la Misericordia del Señor !!!
Y es aquí donde nos duele reconocernos, porque nos cuesta valorar nuestro propio dolor, queremos un amor bonito pero sin entrega, una fe cómoda, una vida sin lágrimas, queremos que todo pase rápido y sin dolor, sin sufrir...
Por eso tomamos pastilla para todo, cambiamos de canal cuando sale alguien sufriendo, nos alejamos del familiar enfermo porque nos recuerda que nosotros también somos frágiles y podemos quebrarnos en cualquier momento...
Orígenes dice que el dolor descubre lo que hay en el corazón, como el viento que sopla fuerte y deja ver qué árbol tiene raíces y se mantiene firme y cuál árbol se cae...
Ante el dolor, se ve que amor es verdadero, San Cirilo dice que cuando se vive el dolor mal acompañado, llegan pensamientos que confunden: nadie me quiere, Dios se olvidó de mí, ya no valgo, mi vida carece de sentido, esto ya no tiene salida, y te encierras en un cuarto oscuro por dentro!!!
San Agustín dice que el dolor sin amor vuelve duro el corazón, te vuelve indiferente, ya no abrazas, ya no escuchas, te cansa por dentro y el alma se queda vacía, entonces se sufre mucho, pero sin fruto...
Para qué sirve este dolor que hoy aprieta el pecho, cual es el objeto o el sentido del sufrímiento ?!?!
San Ildefonso responde con una frase que deja sin aire: Nadie ha amado tanto y por eso nadie ha sentido una huella tan profunda, porque cuanto más grande es el amor, más grande el dolor, pero también más grande el fruto que deja!!!
San Buenaventura enseña que el dolor, cuando se vive unido a los dolores de la Pasión de Cristo, deja tres regalos:
1.- Te limpia, porque no quita el dolor a medias, quita la máscara, aumenta la humildad.
2.- Te ilumina, porque en la noche de tu dolor ves con claridad quién sí está contigo, ves quién te llama, ves lo que de verdad vale, que eln dinero no abraza, que el aplauso no consuela.
3-Te hace volver a lo esencial, es decir, te hace más parecido a Jesús, te hace de su familia !!!
Entonces cómo se valora, cómo se ofrece el dolor ???
Es que cuando llegue esa punzada, ese diagnóstico del doctor que no esperabas, esa deuda que asfixia, esa traición que marca el amor propio, no lo tires, no lo maldigas, tómalo en tus manos como se toma un pan y di: Señor de la Misericordia, esto que me duele, este dolor de mi rodilla, este dolor de mi hijo, este dolor de mi matrimonio, este dolor de sentir la soledad, te lo entrego, lo uno a tu entrega por mí!!
Nuestro Señor, no necesitaba pasar por el dolor sin embargo lo tomó para darle sentido, no lo tomó porque lo merecía, sino para abrazar nuestro dolor !!!
En el huerto Jesús, sintió ese sudor frío, ese temblor en todo el cuerpo, esa angustia que sentimos cuando no sabes qué va a pasar mañana, en su camino sintió la soledad de ser abandonado y traicionado por sus amigos, la sed no tanto de agua sino de calor humano, el ser incomprendido, la entrega total !!!
Jesús transforma el dolor de castigo en dolor de amor, nuestro sufrímiento ya no es para pagar una deuda, sino para ofrecerlo como amor...
Y detrás de Jesús, todos los que lo amaron entendieron lo mismo. Santiago Apóstol, cuando lo llevaban a su martirio, decía con el pecho encendido: déjenme ser trigo molido para mi maestro Jesús, Santiago no amaba el dolor, amaba a Aquel que por amor a nosotros pasó y aceptó el dolor primero.
El dolor de hoy, ese que no le contamos a nadie, ese que nos hace agachar la cabeza en la regadera para que no se escuche nuestro llanto, si lo unes a Jesús, deja de ser carga y se convertirá en semilla !!!
Lo que hoy nos
Gracias Señor de la Misericordia, porque no me sueltas de tu mano !!!
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