18/06/2026
Rostros del café: Iluminada, la semilla que florece en la herida
Iluminada Pino nació un 28 de noviembre. Hoy acumula cerca de 25 años entregados por entero a la vida cafetalera en la zona de San Rafael, en Buey Arriba. Pero su historia no comienza con una taza de café, sino con un vacío profundo: perdió a su madre recién nacida y fue criada por una persona ajena a su sangre, porque de su padre solo conoció abandono.
Sin embargo, no hay rencor en sus palabras, sino una gratitud inmensa. Esa mujer le enseñó el valor de la tierra. Iluminada creció entre cafetales, aprendiendo a sembrar, deshijar y chapear. Todo lo que sabe se lo debe al campo y a quien la acogió sin deberle nada.
Hoy, con la voz quebrada pero la espalda recta como un tronco, cuenta que su vida ha sido una lucha constante. Recientemente, un virus le afectó la movilidad. Y aún así, recoge el café con un cubo —porque de eso depende su sustento— y dice con una energía que estremece: “No pararé. No importa que no haya machete ni materiales. Esto es lo único que sé hacer, es mi pasión”.
Enferma, casi sin fuerzas, ha realizado sola las labores culturales de su finca, a puro sudor. En su casa cuida a dos hijos con discapacidad y a otro con problemas de salud. Los atiende sin ayuda. Su jornada es agotadora, pero lucha por los suyos sin un solo reproche. Sulma, su vecina y también caficultora, la regaña con cariño: “¿Cómo vas a ir sola a recoger todo el café?”. Iluminada baja la mirada, pero no se detiene. ¿Qué más puede hacer? Es su vida.
Pero hay algo que Iluminada no presume: también atiende un centro donde cura a miles de personas. Esa misma mujer humilde y sacrificada que recolecta café con las manos, sana enfermedades con ellas. Lleva su finca, su familia y un consultorio en el alma.
Iluminada Pino no es una historia triste. Es una historia de orgullo. Porque cuando todo le fue negado, ella eligió sembrar.
Con la colaboración de: Dayanet S. Céspedes La O y Daniela D. Céspedes Aguilar, estudiantes de la UO.