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ICYMI: ASIA/KAZAJISTÁN - Sembrar futuro en la estepa: la misión educativa de la “escuela del pastor”: Por Paolo Affatato...
16/10/2026

ICYMI: ASIA/KAZAJISTÁN - Sembrar futuro en la estepa: la misión educativa de la “escuela del pastor”: Por Paolo Affatato

Korneewka – En una pequeña localidad del norte de Kazajistán, una escuela sigue apostando por el futuro. Se trata de la Escuela San Lorenzo de Korneewka, un proyecto educativo que nació hace treinta años por iniciativa de un sacerdote alemán y que ha crecido hasta convertirse en un referente para más de doscientos alumnos. Allí, la educación también es una forma de ofrecer a niños y adolescentes la posibilidad de imaginar una vida diferente, descubrir sus talentos y convertirse en personas capaces de asumir responsabilidades en la familia y en la sociedad.

Quien cuenta esta experiencia a la Agencia Fides es el padre Leopold Kropfreiter, sacerdote de la comunidad de los Siervos de Jesús y María y director del centro desde 2018. Llegó a Kazajistán en 2008 y, tras sus primeros años de servicio pastoral y su experiencia como director nacional de las Obras Misionales Pontificias, conoce bien los desafíos de un territorio extenso, marcado por las distancias y las transformaciones sociales. La escuela se encuentra en una localidad de unos 2.500 habitantes, en la región septentrional del país, a unos 120 kilómetros de Petropávlovsk. En un entorno rural, garantizar una educación de calidad significa proporcionar a los jóvenes herramientas para construir su futuro, incluso cuando las perspectivas en la zona son limitadas.

La Escuela San Lorenzo nació por iniciativa de católicos y, aunque se inspira en una visión cristiana de la educación, es un centro privado concertado con el Estado kazajo, que reconoce su programa educativo. «No podemos llamarla escuela católica», explica el padre Leopold Kropfreiter, «pero tratamos de transmitir una visión cristiana del ser humano a través de la educación, la ética y la formación integral de la persona». Esta identidad está abierta al encuentro: entre los alumnos y el personal hay católicos, ortodoxos, protestantes y musulmanes de distintas nacionalidades.

La historia de San Lorenzo comenzó en 1996, como relata el padre Leopold a Fides: «Tras la disolución de la Unión Soviética y la reorganización del país, el padre Lorenz Gawol, sacerdote alemán que había llegado a Kazajistán en 1991, tuvo que tomar una decisión. En la región vivían numerosas familias de origen alemán, muchas de ellas católicas. El sacerdote había contribuido a la vida de la comunidad y a la fundación de parroquias, pero en los años noventa muchos alemanes regresaron a Alemania. ¿Debía quedarse o marcharse? La respuesta fue madurando al fijarse en los niños y jóvenes que permanecían en la zona».

«Una posibilidad era regresar también él a Alemania; otra, tratar de ayudar al país y a los niños y jóvenes de la zona a recibir una buena educación, pero también una sólida formación moral y una especie de educación cristiana». Esta segunda opción dio origen a la escuela, que abrió sus puertas en septiembre de 1996 con apenas once niños. En pocos años, el número de alumnos superó los doscientos, con edades comprendidas entre los cinco y los dieciocho años.

Educación y oportunidades para los jóvenes

San Lorenzo está integrada en el sistema educativo kazajo y presta especial atención a la formación del carácter, la responsabilidad y el crecimiento personal. Al currículo oficial se suman actividades deportivas, artísticas, musicales y artesanales, dentro de un proyecto que incluye también una escuela infantil y un internado para los alumnos procedentes de localidades lejanas.

«Uno de los rasgos distintivos -cuenta el padre Leopold- es la enseñanza de idiomas. El alemán ocupa un lugar central desde la fundación del centro, también por los vínculos históricos de la región con la población de origen alemán. Desde 2009, la escuela participa en el programa DSD, que permite a los alumnos prepararse para los exámenes del Diploma de Lengua Alemana, con certificaciones reconocidas en Alemania y Austria. Es una oportunidad concreta para continuar los estudios en el extranjero y ampliar las perspectivas profesionales».

«Las familias envían a sus hijos a esta escuela porque valoran lo que ofrece», observa el sacerdote. «En primer lugar, creo que porque es muy económica, ya que también es un proyecto social. Y, después, por la calidad de la enseñanza». Los resultados se reflejan en los jóvenes que han podido continuar su formación en Europa: según el director, actualmente entre 25 y 30 antiguos alumnos estudian en Alemania y Austria.

Pero el valor de estas oportunidades no se limita a la posibilidad de marcharse al extranjero. Para el padre Leopold, «el resultado más importante es que los chicos puedan descubrir capacidades y posibilidades que, de otro modo, correrían el riesgo de permanecer ocultas. La formación abre horizontes, refuerza la autoestima y ayuda a elegir el propio camino con mayor libertad».

Un testimonio cristiano abierto a todos

La dimensión misionera de la escuela se manifiesta en la vida cotidiana. El profesorado está integrado por laicos de distintas confesiones: católicos, ortodoxos, protestantes y musulmanes. Los alumnos, a su vez, proceden de familias y tradiciones diversas. «La escuela se convierte así en un espacio concreto de encuentro, donde el testimonio cristiano se transmite a través de la acogida, la calidad de la educación y la convivencia», explica.

«Lo más importante es que no me vean solo como el director de la escuela. Me llaman “Padre”», cuenta Leopold. «Los alumnos reconocen y definen el centro como “la escuela del pastor”, y lo es porque su proyecto educativo se fundamenta en una visión cristiana del ser humano».

«A lo largo del año -relata el director- celebramos juntos distintas fiestas cristianas, desde San Martín hasta la Navidad. La fiesta de San Martín incluye una procesión a caballo, mientras que la representación navideña, con la escena de la Natividad, implica a toda la comunidad escolar y goza también de gran aprecio en el pueblo. Son momentos que permiten conocer las tradiciones y los símbolos de la fe cristiana sin que los alumnos de otras religiones tengan que renunciar a su propia identidad».

El padre Leopold recuerda el testimonio de una antigua alumna musulmana que se trasladó a Austria: «Cuando su novio católico le dijo que, por ser musulmana, quizá la habían tratado con hostilidad en aquella escuela cristiana de Kazajistán, ella respondió contándole una experiencia completamente distinta. Había participado con alegría en las celebraciones navideñas e incluso había interpretado a María en la representación de la noche de Navidad. La joven defendió con firmeza la educación que había recibido en nuestra escuela y explicó su espíritu de acogida e interculturalidad».

Para el director, episodios como este muestran que una escuela inspirada en el Evangelio puede ser un espacio de diálogo y respeto mutuo: «Tenemos la posibilidad de entrar en contacto con personas que no son cristianas, dialogar con ellas y quizá hablarles de Jesús. O darles un buen ejemplo, un ejemplo cristiano, que es muy importante».

«En este contexto, el testimonio misionero consiste en hacer visible una concepción de la persona que reconoce en cada uno su dignidad, su libertad y su capacidad de crecer. La educación se convierte así en un espacio de encuentro entre la fe y la vida, donde la fe cristiana puede darse a conocer a través de relaciones concretas» reitera.

Preparar el futuro también a través de la tecnología

La Escuela San Lorenzo mira al futuro también desde la innovación. En 2026, en el marco de un programa destinado a extender la enseñanza de la informática a las zonas rurales de Kazajistán, el centro puso en marcha cursos de competencias digitales, adquirió ordenadores y organizó seminarios de formación sobre inteligencia artificial. El padre Leopold cuenta con entusiasmo que «los alumnos se están iniciando en la programación y están experimentando con la creación de aplicaciones y videojuegos mediante herramientas de inteligencia artificial».

El proyecto tiene especial relevancia en una pequeña localidad, donde el acceso a las nuevas tecnologías puede contribuir a reducir la brecha con los núcleos urbanos. Proporcionar competencias digitales a los jóvenes significa prepararlos para un mundo laboral y del conocimiento en rápida transformación y ayudarlos a no quedar excluidos de las oportunidades del futuro.

Korneewka, sin embargo, sufre el traslado progresivo de los jóvenes a otras localidades. «Muchas familias se marchan porque no encuentran suficientes perspectivas, y el número de niños en edad escolar tiende a disminuir», reconoce el padre Leopold. La continuidad de la escuela dependerá también de su capacidad para mantener vivo el proyecto y garantizar la presencia de alumnos.

El centro cuenta con el apoyo de las comunidades de los Siervos de Jesús y María y de las religiosas franciscanas de Vöcklabruck, junto con organizaciones eclesiales y misioneras como Ayuda a la Iglesia Necesitada y las Obras Misionales Pontificias. El proyecto se sostiene gracias a las donaciones y al trabajo de una comunidad educativa en la que religiosos y laicos comparten la responsabilidad de la formación.

El padre Leopold espera que puedan surgir experiencias similares en otros lugares de Kazajistán, «como en la capital, Astaná, o en otras ciudades, donde una escuela de este tipo podría convertirse en un espacio de diálogo intercultural e interreligioso». «La Escuela San Lorenzo –explica-, pese a sus dimensiones modestas y a las dificultades del entorno rural, demuestra que un proyecto educativo puede influir en la vida de las personas y ofrecer un testimonio cristiano abierto a la sociedad».

La institución sigue sembrando futuro en la estepa a través de los idiomas, la cultura, la tecnología, la formación humana y el encuentro entre tradiciones diferentes: una labor misionera que ayuda a los jóvenes kazajos a imaginar y construir su porvenir.

Agenzia Fides: Organo di informazione delle Pontificie Opere Missionarie dal 1927

ICYMI: AASIA/KAZAJISTÁN - Sembrar futuro en la estepa: la misión educativa de la “escuela del pastor”: Por Paolo Affatat...
16/10/2026

ICYMI: AASIA/KAZAJISTÁN - Sembrar futuro en la estepa: la misión educativa de la “escuela del pastor”: Por Paolo Affatato

Korneewka – En una pequeña localidad del norte de Kazajistán, una escuela sigue apostando por el futuro. Se trata de la Escuela San Lorenzo de Korneewka, un proyecto educativo que nació hace treinta años por iniciativa de un sacerdote alemán y que ha crecido hasta convertirse en un referente para más de doscientos alumnos. Allí, la educación también es una forma de ofrecer a niños y adolescentes la posibilidad de imaginar una vida diferente, descubrir sus talentos y convertirse en personas capaces de asumir responsabilidades en la familia y en la sociedad.

Quien cuenta esta experiencia a la Agencia Fides es el padre Leopold Kropfreiter, sacerdote de la comunidad de los Siervos de Jesús y María y director del centro desde 2018. Llegó a Kazajistán en 2008 y, tras sus primeros años de servicio pastoral y su experiencia como director nacional de las Obras Misionales Pontificias, conoce bien los desafíos de un territorio extenso, marcado por las distancias y las transformaciones sociales. La escuela se encuentra en una localidad de unos 2.500 habitantes, en la región septentrional del país, a unos 120 kilómetros de Petropávlovsk. En un entorno rural, garantizar una educación de calidad significa proporcionar a los jóvenes herramientas para construir su futuro, incluso cuando las perspectivas en la zona son limitadas.

La Escuela San Lorenzo nació por iniciativa de católicos y, aunque se inspira en una visión cristiana de la educación, es un centro privado concertado con el Estado kazajo, que reconoce su programa educativo. «No podemos llamarla escuela católica», explica el padre Leopold Kropfreiter, «pero tratamos de transmitir una visión cristiana del ser humano a través de la educación, la ética y la formación integral de la persona». Esta identidad está abierta al encuentro: entre los alumnos y el personal hay católicos, ortodoxos, protestantes y musulmanes de distintas nacionalidades.

La historia de San Lorenzo comenzó en 1996, como relata el padre Leopold a Fides: «Tras la disolución de la Unión Soviética y la reorganización del país, el padre Lorenz Gawol, sacerdote alemán que había llegado a Kazajistán en 1991, tuvo que tomar una decisión. En la región vivían numerosas familias de origen alemán, muchas de ellas católicas. El sacerdote había contribuido a la vida de la comunidad y a la fundación de parroquias, pero en los años noventa muchos alemanes regresaron a Alemania. ¿Debía quedarse o marcharse? La respuesta fue madurando al fijarse en los niños y jóvenes que permanecían en la zona».

«Una posibilidad era regresar también él a Alemania; otra, tratar de ayudar al país y a los niños y jóvenes de la zona a recibir una buena educación, pero también una sólida formación moral y una especie de educación cristiana». Esta segunda opción dio origen a la escuela, que abrió sus puertas en septiembre de 1996 con apenas once niños. En pocos años, el número de alumnos superó los doscientos, con edades comprendidas entre los cinco y los dieciocho años.

Educación y oportunidades para los jóvenes

San Lorenzo está integrada en el sistema educativo kazajo y presta especial atención a la formación del carácter, la responsabilidad y el crecimiento personal. Al currículo oficial se suman actividades deportivas, artísticas, musicales y artesanales, dentro de un proyecto que incluye también una escuela infantil y un internado para los alumnos procedentes de localidades lejanas.

«Uno de los rasgos distintivos -cuenta el padre Leopold- es la enseñanza de idiomas. El alemán ocupa un lugar central desde la fundación del centro, también por los vínculos históricos de la región con la población de origen alemán. Desde 2009, la escuela participa en el programa DSD, que permite a los alumnos prepararse para los exámenes del Diploma de Lengua Alemana, con certificaciones reconocidas en Alemania y Austria. Es una oportunidad concreta para continuar los estudios en el extranjero y ampliar las perspectivas profesionales».

«Las familias envían a sus hijos a esta escuela porque valoran lo que ofrece», observa el sacerdote. «En primer lugar, creo que porque es muy económica, ya que también es un proyecto social. Y, después, por la calidad de la enseñanza». Los resultados se reflejan en los jóvenes que han podido continuar su formación en Europa: según el director, actualmente entre 25 y 30 antiguos alumnos estudian en Alemania y Austria.

Pero el valor de estas oportunidades no se limita a la posibilidad de marcharse al extranjero. Para el padre Leopold, «el resultado más importante es que los chicos puedan descubrir capacidades y posibilidades que, de otro modo, correrían el riesgo de permanecer ocultas. La formación abre horizontes, refuerza la autoestima y ayuda a elegir el propio camino con mayor libertad».

Un testimonio cristiano abierto a todos

La dimensión misionera de la escuela se manifiesta en la vida cotidiana. El profesorado está integrado por laicos de distintas confesiones: católicos, ortodoxos, protestantes y musulmanes. Los alumnos, a su vez, proceden de familias y tradiciones diversas. «La escuela se convierte así en un espacio concreto de encuentro, donde el testimonio cristiano se transmite a través de la acogida, la calidad de la educación y la convivencia», explica.

«Lo más importante es que no me vean solo como el director de la escuela. Me llaman “Padre”», cuenta Leopold. «Los alumnos reconocen y definen el centro como “la escuela del pastor”, y lo es porque su proyecto educativo se fundamenta en una visión cristiana del ser humano».

«A lo largo del año -relata el director- celebramos juntos distintas fiestas cristianas, desde San Martín hasta la Navidad. La fiesta de San Martín incluye una procesión a caballo, mientras que la representación navideña, con la escena de la Natividad, implica a toda la comunidad escolar y goza también de gran aprecio en el pueblo. Son momentos que permiten conocer las tradiciones y los símbolos de la fe cristiana sin que los alumnos de otras religiones tengan que renunciar a su propia identidad».

El padre Leopold recuerda el testimonio de una antigua alumna musulmana que se trasladó a Austria: «Cuando su novio católico le dijo que, por ser musulmana, quizá la habían tratado con hostilidad en aquella escuela cristiana de Kazajistán, ella respondió contándole una experiencia completamente distinta. Había participado con alegría en las celebraciones navideñas e incluso había interpretado a María en la representación de la noche de Navidad. La joven defendió con firmeza la educación que había recibido en nuestra escuela y explicó su espíritu de acogida e interculturalidad».

Para el director, episodios como este muestran que una escuela inspirada en el Evangelio puede ser un espacio de diálogo y respeto mutuo: «Tenemos la posibilidad de entrar en contacto con personas que no son cristianas, dialogar con ellas y quizá hablarles de Jesús. O darles un buen ejemplo, un ejemplo cristiano, que es muy importante».

«En este contexto, el testimonio misionero consiste en hacer visible una concepción de la persona que reconoce en cada uno su dignidad, su libertad y su capacidad de crecer. La educación se convierte así en un espacio de encuentro entre la fe y la vida, donde la fe cristiana puede darse a conocer a través de relaciones concretas» reitera.

Preparar el futuro también a través de la tecnología

La Escuela San Lorenzo mira al futuro también desde la innovación. En 2026, en el marco de un programa destinado a extender la enseñanza de la informática a las zonas rurales de Kazajistán, el centro puso en marcha cursos de competencias digitales, adquirió ordenadores y organizó seminarios de formación sobre inteligencia artificial. El padre Leopold cuenta con entusiasmo que «los alumnos se están iniciando en la programación y están experimentando con la creación de aplicaciones y videojuegos mediante herramientas de inteligencia artificial».

El proyecto tiene especial relevancia en una pequeña localidad, donde el acceso a las nuevas tecnologías puede contribuir a reducir la brecha con los núcleos urbanos. Proporcionar competencias digitales a los jóvenes significa prepararlos para un mundo laboral y del conocimiento en rápida transformación y ayudarlos a no quedar excluidos de las oportunidades del futuro.

Korneewka, sin embargo, sufre el traslado progresivo de los jóvenes a otras localidades. «Muchas familias se marchan porque no encuentran suficientes perspectivas, y el número de niños en edad escolar tiende a disminuir», reconoce el padre Leopold. La continuidad de la escuela dependerá también de su capacidad para mantener vivo el proyecto y garantizar la presencia de alumnos.

El centro cuenta con el apoyo de las comunidades de los Siervos de Jesús y María y de las religiosas franciscanas de Vöcklabruck, junto con organizaciones eclesiales y misioneras como Ayuda a la Iglesia Necesitada y las Obras Misionales Pontificias. El proyecto se sostiene gracias a las donaciones y al trabajo de una comunidad educativa en la que religiosos y laicos comparten la responsabilidad de la formación.

El padre Leopold espera que puedan surgir experiencias similares en otros lugares de Kazajistán, «como en la capital, Astaná, o en otras ciudades, donde una escuela de este tipo podría convertirse en un espacio de diálogo intercultural e interreligioso». «La Escuela San Lorenzo –explica-, pese a sus dimensiones modestas y a las dificultades del entorno rural, demuestra que un proyecto educativo puede influir en la vida de las personas y ofrecer un testimonio cristiano abierto a la sociedad».

La institución sigue sembrando futuro en la estepa a través de los idiomas, la cultura, la tecnología, la formación humana y el encuentro entre tradiciones diferentes: una labor misionera que ayuda a los jóvenes kazajos a imaginar y construir su porvenir.

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ICYMI: ÁFRICA/BURKINA FASO - Una guerra dentro de otra guerra: el enfrentamiento entre el JNIM y el Estado Islámico en e...
16/10/2026

ICYMI: ÁFRICA/BURKINA FASO - Una guerra dentro de otra guerra: el enfrentamiento entre el JNIM y el Estado Islámico en el Sahel: Uagadugú – Una guerra dentro de otra guerra. Es la que se libra entre las arenas del Sáhara, en la zona de la triple frontera entre Mali, Níger y Burkina Faso, donde se enfrentan los dos principales grupos yihadistas activos en la región: Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin y el Estado Islámico en el Sahel .

El primero está vinculado a Al Qaeda, mientras que el segundo está ligado al Estado Islámico. Durante mucho tiempo, ambas organizaciones han coexistido y, en algunos casos, incluso han colaborado en los tres países del Sahel, pese a que en otros contextos grupos yihadistas con afiliaciones similares se han enfrentado entre sí, como ocurrió en Siria y en otras zonas de África.

El JNIM nació en marzo de 2017 de la fusión de varias katibas , bajo el liderazgo de Iyad Ag Ghaly. El Estado Islámico en el Sahel, conocido anteriormente como ISGS/EIGS, surgió entre 2015 y 2016 en torno a la figura de Adnan Abu Walid al-Sahrawi, que posteriormente fue abatido.

Desde 2019, las tensiones entre el JNIM y el EIS han ido en aumento, hasta desembocar en enfrentamientos cada vez más violentos. El último episodio se produjo hace unos días. Según un comunicado difundido por Amaq, la agencia de propaganda del Estado Islámico, el EIS habría matado a unos 400 miembros del JNIM durante unos intensos combates en la provincia de Oudalan, en el norte de Burkina Faso, y habría causado además importantes pérdidas de armas y motocicletas. Sin embargo, la información no ha sido confirmada por fuentes independientes.

Según Amaq, los combates comenzaron el 9 de octubre en la aldea de Ganadaouri, donde los milicianos del EIS habrían repelido una ofensiva a gran escala del JNIM. Los enfrentamientos se habrían prolongado durante aproximadamente una hora y media.

Anteriormente, el 1 de septiembre, el JNIM y el EIS se enfrentaron en Mali, cerca de N'Daki, en la región de Tombuctú, junto a la frontera con Burkina Faso. El EIS se impuso y mató a alrededor de un centenar de combatientes del JNIM, entre ellos un comandante de alto rango. Estos enfrentamientos se produjeron después de que el JNIM eliminara, el 17 de agosto, al jefe del EIS en Burkina Faso, Abou Zeid, y al comandante Saad.

En el origen del conflicto se encuentran las diferencias políticas y doctrinales entre las dos organizaciones yihadistas. El JNIM adopta un enfoque relativamente pragmático y está arraigado en las realidades locales. Ataca sobre todo a las instituciones estatales y sus símbolos, negocia con las élites locales e impone, en las zonas bajo su control, un sistema de gobierno relativamente flexible, basado en instrumentos como la ‘zakat’ , la mediación en las disputas y las sanciones correctivas, en lugar de castigos públicos ejemplarizantes. También tiende a evitar prácticas como las decapitaciones y las lapidaciones públicas, en parte con el propósito de preservar cierto grado de apoyo entre la población.

El EIS, por el contrario, mantiene una orientación más rigorista. Recurre con mayor facilidad a la excomunión religiosa contra los musulmanes a los que considera desviados de su línea, dirige más ataques contra civiles acusados de colaborar con el enemigo y recurre a la violencia como instrumento de intimidación, castigo y control.

Paralelamente a los enfrentamientos entre ambas organizaciones, las dos siguen combatiendo contra las fuerzas de seguridad de los tres países del Sahel. Las poblaciones locales son las que pagan el precio más alto, expuestas a la violencia perpetrada por todas las partes en conflicto.

Uagadugú (Agencia Fides) – Una guerra dentro de otra guerra. Es la que se libra entre las arenas

ICYMI: JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES - P. Luigi Codianni: "La misión es estar junto a quienes son vulnerables; es deci...
16/10/2026

ICYMI: JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES - P. Luigi Codianni: "La misión es estar junto a quienes son vulnerables; es decirles: me importas": Por Paolo Affatato

Roma – Una noche de 1988, varios jóvenes fueron asesinados en el barrio de Parque Santa Madalena, en la periferia oriental de São Paulo, Brasil. El misionero comboniano Luigi Codianni, que entonces vivía en el barrio, se encontró ante una violencia que dejaría una huella profunda en su vida. En aquel lugar, una gran favela marcada por el tráfico de dr**as y la vulnerabilidad de tantos niños y adolescentes, la misión adquirió para él un significado aún más concreto: ponerse del lado de quienes corrían el riesgo de quedar abandonados, compartir su vida y defender su dignidad.

Hoy, el padre Codianni, de 62 años, es superior general de los Misioneros Combonianos y reconoce en aquella experiencia una de las heridas que pueden transformarse en una llamada. «Ante aquella violencia y la muerte de aquellos jóvenes, sentí con más fuerza la urgencia de estar al lado de los niños y adolescentes más vulnerables, de aquellos a quienes la sociedad considera a menudo un problema que hay que eliminar, en lugar de personas a las que acoger, proteger y amar».

Aquel episodio contribuyó a orientar decisivamente su elección de acompañar a los jóvenes de la calle. No bastaba con denunciar la violencia: era necesario compartir la vida de aquellos muchachos, caminar con ellos y escucharlos. «Sentía que debía intentar devolverles la dignidad, la esperanza y un futuro», cuenta a la Agencia Fides. La convicción que maduró entonces sigue ocupando un lugar central en su visión misionera: aquellos jóvenes «no necesitaban que los juzgaran o los apartaran, sino encontrar a alguien dispuesto a estar a su lado, a reconocer su humanidad y a creer en ellos, incluso cuando parecía que nadie más lo hacía».

De aquella noche nació una convicción que atraviesa toda su reflexión sobre la misión: «Antes incluso de hablar de Dios, hay que hacer sentir a esos muchachos que sus vidas tienen valor, que no son “invisibles”, que alguien cree en ellos». La palabra cristiana, explica, se traduce en cercanía concreta y en una relación de amor: «La caridad no sustituye al anuncio, sino que le da credibilidad; el anuncio no sustituye a la caridad, sino que le proporciona su fundamento».

De la «geografía» a la «cultura» de la misión

La experiencia brasileña ayuda también a comprender cómo contempla el padre Codianni la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. La Jornada Mundial de las Misiones, que en 2026 celebra su centenario, ofrece la oportunidad de repasar un siglo de transformaciones sin perder de vista el núcleo esencial de la vocación misionera. «En cien años no ha cambiado el corazón de la misión: la Iglesia sigue llamada a anunciar a Jesucristo y a dar testimonio de su amor. Lo que ha cambiado es la manera de comprender y vivir la misión».

«Durante mucho tiempo –recuerda- se entendió la misión, sobre todo, como un movimiento que partía de Europa para llegar a los demás continentes. El Concilio Vaticano II supuso un cambio decisivo de perspectiva, al afirmar una visión en la que todas las Iglesias están llamadas tanto a dar como a recibir. Este camino ha sido desarrollado por el magisterio de Pablo VI, con ‘Evangelii nuntiandi’; de san Juan Pablo II, con ‘Redemptoris missio’; y del Papa Francisco, con ‘Evangelii gaudium’ y su invitación a ser una “Iglesia en salida”».

«Podríamos decir que hemos pasado de la “geografía de la misión” a la “cultura de la misión”», observa el superior general de los combonianos. «La misión ya no es “algo que sucede en lugares lejanos”, sino la razón misma de ser de la Iglesia, esté donde esté».

La ‘missio ad gentes’ conserva también toda su actualidad, pero adquiere nuevos rostros. La distancia respecto al Evangelio no se mide únicamente en kilómetros: puede manifestarse en la misma ciudad, en la misma diócesis, en la misma parroquia o incluso dentro de una familia. «Para mí, ad gentes significa, sobre todo, ir al encuentro de quienes todavía no conocen el Evangelio, de quienes están lejos, de quienes son excluidos, de quienes no encuentran un lugar en la sociedad y también de quienes piensan que ya no tienen nada en lo que esperar», afirma.

La misión, por tanto, «consiste en ir al encuentro del otro, especialmente allí donde las guerras, las migraciones, la pobreza, la soledad, la exclusión y la pérdida de sentido vulneran la dignidad de la persona». Entre las situaciones más dolorosas, el padre Codianni señala la de los niños y jóvenes que crecen en entornos degradados y violentos, privados de oportunidades hasta llegar a convencerse de que están destinados al fracaso. «Hoy creo que una de las periferias existenciales más importantes y graves es precisamente la de los jóvenes a quienes se les roba la esperanza», afirma.

La respuesta misionera no consiste en una intervención ocasional, sino que se traduce en «una presencia capaz de comunicar, incluso sin muchas palabras, que nadie está abandonado. El misionero -afirma Codianni- dice: “Me importas, eres importante para mí”. Tu vida tiene una dignidad innata. Dios no te ha olvidado».

Una Iglesia que sale al encuentro y se deja evangelizar

Esta perspectiva interpela directamente a las comunidades cristianas. «La Jornada Mundial de las Misiones no puede ser solo una cita anual para recaudar donativos destinados a las misiones. Debe ser una ocasión para comprobar hasta qué punto las parroquias están realmente abiertas a quienes permanecen en los márgenes: los jóvenes, los pobres, los migrantes y todos aquellos que necesitan una palabra de consuelo», señala.

«Creo que debemos superar la idea de una Iglesia que “tiene misioneros” y reconocer que la Iglesia es “misionera por naturaleza”», afirma el comboniano. «Una comunidad se vuelve misionera cuando no se limita a esperar que los demás acudan a ella, sino que decide salir, encontrarse con las personas, escucharlas y acompañarlas. La misión ya no es una tarea que unos pocos realizan por los muchos que están lejos, sino algo que toda la comunidad está llamada a vivir, siempre y en todas partes».

«Salir» significa también dejarse encontrar por personas y culturas diferentes, reconociendo que la misión no avanza en una sola dirección. «Durante mucho tiempo -recuerda el superior general- ha prevalecido un modelo en el que unas Iglesias daban y otras recibían. Esta distinción ya no funciona. Todas las Iglesias están llamadas a dar y a recibir».

Los misioneros africanos, asiáticos y latinoamericanos que llegan a Europa aportan no solo sus competencias y su disponibilidad para el servicio, «sino también su fe, su espiritualidad, su cultura y su manera de vivir la comunidad. El propio carisma comboniano se ha vuelto cada vez más universal, multinacional y multicultural, en sintonía con el deseo de san Daniel Comboni de fundar un instituto auténticamente católico, es decir, universal y no vinculado a una sola nación», señala. «La fraternidad –añade- no significa eliminar las diferencias, sino aprender a convivir con ellas y apreciarlas, sin permitir que se conviertan en divisiones. La unidad no consiste en ser todos iguales, sino en aprender a amarnos en la diversidad».

La misma lógica se aplica al diálogo interreligioso. Dialogar no significa renunciar a la propia fe, sino «reconocer en el otro a una persona con la que construir relaciones de respeto, conocimiento y colaboración». La paz, el servicio a los pobres, la promoción de los jóvenes y la defensa de la dignidad humana son ámbitos en los que creyentes de distintas religiones pueden trabajar juntos. «El otro, el diferente de mí, no es un obstáculo para la misión, sino una persona con la que encontrarme. Y cuando realmente te encuentras con ella, descubres que tiene algo que enseñarte».

El padre Codianni vivirá en Italia la Jornada Mundial de las Misiones, el próximo 18 de octubre, participando en encuentros de sensibilización y de anuncio del Evangelio. Lo hará llevando consigo las experiencias y los rostros conocidos a lo largo de los años, tanto en el ejercicio de su servicio al frente del instituto como durante sus visitas a las distintas realidades misioneras. La celebración es «una oportunidad para recordar que la misión no pertenece al pasado ni se refiere únicamente a tierras lejanas: continúa allí donde una comunidad cristiana es capaz de generar encuentro, fraternidad y esperanza».

Actualmente, los Misioneros Combonianos son unos 1.450, entre sacerdotes y hermanos, y están presentes en más de 40 países de los cuatro continentes: África, América, Asia y Europa. Su labor abarca desde la primera evangelización hasta la formación, la educación y la sanidad, además de la promoción humana, la justicia y la paz, la ecología integral y la comunicación. Un servicio misionero que, siguiendo el carisma de san Daniel Comboni, une el anuncio del Evangelio a la cercanía concreta a las poblaciones, especialmente a las más vulnerables y olvidadas.

Por Paolo Affatato Roma (Agencia Fides) – Una noche de 1988, varios jóvenes fueron asesinados

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