01/10/2026
El pasado 27 de Septiembre se celebró la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que este año el papa León XIV ha querido dedicar especialmente a los menores. El tema elegido, «Incluso uno solo de estos pequeños», remite a las palabras del Evangelio de Marcos: quien «acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí».
Es un llamamiento a ser responsables con los niños y adolescentes que, en las rutas migratorias, suelen ser los que están más expuestos a la violencia y a la explotación. Al finalizar la audiencia general del miércoles 23 de septiembre, León XIV recordó a todas las personas que se ven obligadas a abandonar su tierra y denunció el «sufrimiento indescriptible» que viven muchos de ellos: violencia, torturas, explotación y traumas que pueden acompañarles a lo largo de todo el viaje. «Que todos sintamos que tenemos en nuestras manos la vida de estos jóvenes», dijo el Papa, «que siempre hay que proteger y asistir».
Esta exigencia –proteger a quienes huyen e impedir que para encontrar salvación se vean obligados a arriesgar su vida– dio lugar a la experiencia de los corredores humanitarios. Desde 2016, gracias a la iniciativa impulsada por la Comunidad de Sant’Egidio junto a la Cáritas Italiana, la Federación de Iglesias Evangélicas de Italia y la Mesa Valdense, 8.946 refugiados han podido llegar a Europa de manera legal y segura, con una especial atención a las situaciones de más vulnerabilidad, como familias con niños, mujeres solas o personas enfermas y víctimas de violencia.
Diez años después de la llegada del primer grupo a Roma, el 29 de febrero de 2016, Marco Impagliazzo recuerda que precisamente los niños fueron determinantes en el inicio de esta experiencia: «Fue muy emocionante ver las caras de los niños». Y hoy resume así qué significan los corredores humanitarios: «En un mundo en guerra se construye la paz salvando la vida de las personas y llevando a estas personas a vivir en paz». Porque, añade, «quien salva una vida, salva el mundo entero».