04/06/2026
📍Notas de prensa🌍 Corriere della Sera📰Andrea Roma-Andrea Riccardi
Detener la nueva Babel. Reflexión de Andrea Riccardi sobre la encíclica Magnifica Humanitas.
En la estela de la «doctrina social» de la Iglesia, el papa León condena la «cultura del poder», no las nuevas tecnologías. Corriere della Sera.
Elaborar una visión del mundo puede parecer una tarea ardua, quizás superada, a causa de su complejidad, hasta el punto de que requiere de las más variadas especialidades. Y aun así, León XIV, con la encíclica Magnifica Humanitas, indaga en el horizonte global leyendo críticamente el presente y valorando juntos los numerosos aspectos distintos y contradictorios de la realidad.
La Iglesia vive en la historia y escruta sus cambios a la luz de una preocupación, que es el centro de la encíclica: «¿No existe el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto?». El texto quiere seguir la estela de la «doctrina social» de la Iglesia, que empezó con León XIII, quien en 1891, con la Rerum novarum, planteó la cuestión obrera en la sociedad industrial: «La riqueza se ha acumulado en pocas manos y la pobreza se ha extendido ampliamente». Para Sturzo, aquella encíclica social no fue solo una aportación teórica, sino una invitación a la movilización en sentido social.
El papa Prevost conoce la desorientación de la gente corriente ante un mundo complejo y conflictivo, frente al desarrollo rápido del poder tecnológico, frente a la pregunta sobre quién toma realmente las decisiones: la gente piensa –escribe– «que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado pequeños, y que, por tanto, nuestras decisiones no cambian nada». Y concluye: «Nadie está exento de responsabilidad». Ayer los interlocutores eran los Estados, «hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos». En el marco en el que se mueven los «señores» de la «revolución tecnológica», el papa ve algunas ideologías, como el transhumanismo o el posthumanismo, que residen «en algunos centros de poder tecnológico y colonizan el imaginario colectivo».
La encíclica no rechaza el progreso tecnológico, sino más bien lo que León llama el «síndrome de Babel»: la ideología del beneficio, la pretensión de un lenguaje único, digital. En definitiva, la expresión de la «cultura del poder», que encontramos en muchos aspectos del mundo de hoy. Esta cultura, con el uso de grandes medios, tiende «a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano»: penetra en la sociedad, cambia las relaciones y rehabilita la guerra. El papa dice: «Pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien». Favorece el diálogo con las religiones, la política, el ámbito privado, sabiendo que el futuro será humano si lo construimos no unilateralmente, sino basándonos en la dignidad del hombre y respetando la creación.
Que nadie piense que Magnificas Humanitas es una condena del progreso tecnológico. La encíclica no es una invectiva contra este ni propone rígidos principios, sino una visión formada en el «encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia». No es un compendio de verdades abstractas, sino una lectura de la historia presente en diálogo con las culturas y las ciencias. Quiere animar al mundo del pensamiento y de las universidades para que replanteen la doctrina social frente a la revolución digital. También es, pues, el inicio de un trabajo de reflexión integral. El centro del mensaje es la afirmación de que la persona humana tiene valor por sí misma y no debe ganarse el valor midiéndose con los «más eficientes y productivos».
En el capítulo central de la encíclica, León XIV aborda el tema de la inteligencia artificial y de la persona humana frente a dicha inteligencia artificial, y explica que, a causa de su rápida evolución, cualquier observación que se haga queda pronto obsoleta. Pero afirma que la inteligencia artificial no se puede equiparar a la humana, aunque es una valiosa herramienta de ayuda si se maneja con «un enfoque prudente y cauteloso». La prudencia que se pide puede demorar el desarrollo, pero no es oscurantismo, sino cuidado de la humanidad. Para el papa hay que «desarmar la inteligencia artificial» rompiendo la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar, hay que utilizarla pero no ser utilizado por ella. Esta actitud protege la libertad contra cualquier mercantilización.
En la encíclica no se nombran los constructores de la república tecnológica –por citar el título del libro de Karp sobre la alianza entre Occidente y Silicon Valley–, ni las teorías de Peter Thiel o de Elon Musk (que coinciden en decir, como han declarado últimamente, que se hace más el bien a la sociedad con sus empresas que con la beneficiencia). Magnifica Humanitas revela el horizonte evangélico del que beben los constantes llamamientos a la paz y las preocupaciones de León. El papa rechaza el cambio de paradigma que se ha instaurado en la última década y que ha normalizado la guerra, que en el pasado era «flagelo» de la humanidad según la Carta de las Naciones Unidas, que se ha convertido en instrumento corriente de política. Renunciando al diálogo, «indispensable para la diplomacia», el mundo se encuentra en un estado de beligerancia permanente. Los conflictos se eternizan gracias al poder de las armas y de la industria que las fabrica, a los mercenarios y las redes criminales que viven de la guerra, gracias a la aplicación de la tecnología en la guerra. Se va instaurando «una convicción cultural y antropológica, como si la guerra fuera inevitablemente parte de la naturaleza humana». El papa declara con amargura: «Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural». Hace suyas las palabras de La Pira: «Habrá que sustituir el método de la guerra por el método de la paz», el diálogo.
Para el papa queda mucho por construir, intentando interpretar el nuevo mundo como lo hace la encíclica y propiciando una amplia convergencia para crear un futuro humano.
Andrea Riccardi