23/09/2026
En memoria de Richard Griffin (1932–2026)
Con profunda gratitud despedimos a Richard “Dick” Griffin, conocido cariñosamente en México como Ricardo, un pionero de OM Internacional que dedicó más de 50 años de su vida al servicio de Dios y del pueblo mexicano.
Su historia con OM comenzó en 1958, cuando aceptó el desafío de participar en una campaña evangelística de Navidad en México. Lo que pensó que sería un viaje temporal se convirtió en una vida entera de servicio.
Junto a su esposa Helen, Dick llegó a México en 1960 como uno de los primeros misioneros de OM en establecerse a largo plazo. Durante décadas, se dedicó al evangelismo, la distribución de literatura cristiana, el discipulado y, especialmente, a animar a jóvenes mexicanos a llevar el Evangelio más allá de sus fronteras.
Una de las grandes oraciones de Dick y Helen era ver a mexicanos enviados a todas partes del mundo para compartir el Evangelio. Dios respondió a esa oración de maneras extraordinarias. Cientos de mexicanos participaron en equipos de OM y muchos fueron enviados como misioneros a otros países.
Su influencia también alcanzó a líderes que posteriormente fundaron y dirigieron ministerios misioneros en América Latina. Su legado no estuvo solamente en lo que hizo personalmente, sino en las personas que inspiró, discipuló y animó a servir a Dios.
Incluso en sus 90 años, Dick continuaba buscando maneras de compartir a Jesús. Utilizaba las redes sociales para publicar devocionales bilingües, responder preguntas y animar a personas alrededor del mundo.
Él mismo dijo en 2023:
"As long as there’s something that I can do… I’ll retire when I get to heaven!"
“Mientras haya algo que pueda hacer… ¡me jubilaré cuando llegue al cielo!”
El 18 de septiembre de 2026, a los 94 años, Richard fue llamado a la presencia de su Salvador.
Hoy damos gracias a Dios por su vida, por su fidelidad y por el enorme legado que deja detrás.
Un pionero que llegó a México para una campaña de Navidad, y terminó entregando más de cinco décadas de su vida a la misión.
Que su ejemplo nos recuerde que una vida entregada a Jesús puede seguir dando fruto mucho después de que nosotros hayamos partido.
Hasta encontrarnos en casa, Ricardo.