24/05/2025
Cuando un hermano o hermana nos deja, aunque ya sabemos que para él o ella todo es MUCHÍSIMO MEJOR (Fil. 1:23), no deja de ser un momento de dolor y pesar por el vacío insustituible que dejan, en la familia, en la iglesia local. Lógicamente tratamos de encontrar consuelo revalorizando esa vida, en especial si han sido como la de nuestro querida hermana Guadalupe Ortiz (Lupita) cariñosamente conocida entre los hermanos(as). Que nos deja un gran legado de piedad y por supuesto, de una vida de fe inquebrantable ante las vicisitudes de esta vida. Queda su lindo recuerdo y herencia de fe para los suyos y oramos por su gran familia, no solo por fortaleza y consuelo en el Señor... Su Señor Jesucristo a quién tanto amó y sirvió, sino porque también esa huella pueda estimularlos a continuar por esa senda de fe, y honrarle de esa manera mientras vivan.
Ya descansa en paz nuestra hermana.
Salmos 57:2: "Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios."