18/08/2026
En 1936, dos atletas japoneses hicieron algo que ningún reglamento olímpico había previsto:
cortaron sus medallas por la mitad para que ninguno pudiera decir que había ganado más que el otro.
Ocurrió el 5 de agosto en el Estadio Olímpico de Berlín.
Shuhei Nishida y Sueo Ōe competían por Japón en salto con pértiga.
El estadounidense Earle Meadows consiguió superar los 4,35 metros y aseguró la medalla de oro.
Detrás de él quedó una batalla mucho más extraña.
Nishida, Ōe y el estadounidense Bill Sefton habían superado los 4,25 metros, por lo que tuvieron que continuar saltando para decidir las posiciones restantes.
En el desempate, Sefton terminó eliminado.
Solo quedaban los dos japoneses.
Plata y bronce estaban asegurados.
Lo único que faltaba era decidir quién recibiría cada una.
Pero Nishida y Ōe eran compañeros y amigos.
Y no quisieron seguir compitiendo uno contra el otro únicamente para determinar cuál de los dos debía subir un escalón más en el podio.
Los responsables japoneses terminaron tomando la decisión.
La plata fue para Nishida, que era mayor y además había superado los 4,25 metros en su primer intento.
Ōe recibió el bronce.
Oficialmente, los Juegos Olímpicos habían terminado así.
Nishida era segundo.
Ōe, tercero.
Pero cuando regresaron a Japón decidieron que aquella clasificación no representaba lo que ambos sentían que había ocurrido en Berlín.
Llevaron las medallas a un joyero.
La medalla de plata fue cortada por la mitad.
También la de bronce.
Después unieron una mitad de cada una.
El resultado fueron dos medallas idénticas:
mitad plata.
Mitad bronce.
Terminaron siendo conocidas como las “Medallas de la Amistad”.
Cada hombre conservó una.
Y entonces la historia tomó un rumbo que ninguno podía imaginar aquel día en Berlín.
Nishida continuó vinculado durante décadas al atletismo japonés. Llegó a presidir la federación nacional y vivió hasta 1997.
Ōe tuvo mucho menos tiempo.
En 1939 fue llamado al servicio militar.
El 24 de diciembre de 1941 murió en combate en la isla filipina de Luzón.
Tenía apenas 27 años.
Solo habían pasado cinco años desde aquella tarde olímpica.
La medalla que había creado junto a su amigo sobrevivió.
Y con ella quedó una de las historias más singulares de los Juegos de Berlín de 1936.
En un evento construido precisamente para ordenar a los atletas del primero al último, dos hombres decidieron que una diferencia entre segundo y tercero no valía más que la amistad que los había llevado hasta allí.
Por eso cortaron sus medallas.
Y con dos premios distintos fabricaron algo que ninguno de los organizadores había pensado entregar:
dos medallas iguales.
Tomado del muro Datos Históricos