08/04/2026
Hoy sería el cumpleaños de mi hijo Alex.
Cumpliría 38 años.
Y aunque el tiempo ha pasado, hay fechas que el corazón no olvida…fechas que se siguen sintiendo con la misma intensidad, con el mismo amor… y también con la misma ausencia.
Recuerdo con claridad el día en que nació.La alegría, la emoción, la sensación de que Dios estaba completando mi familia. Ese día fui profundamente feliz.
Alex partió a los 23 años…y desde entonces, he caminado un proceso largo, muy largo.
Un camino lleno de preguntas sin respuesta,
de sueños que no se cumplieron,
de silencios que duelen…
y de ese anhelo profundo de volver a escuchar su voz y de abrazarlo una vez más.
Con el tiempo he entendido algo importante:
el duelo no se “supera”.
No es pasar la página.
No es olvidar.
No es dejar atrás.
El duelo se integra.
Se aprende, poco a poco, a vivir con ese amor que ya no se puede expresar de la misma manera…
pero que sigue vivo en el corazón.
Y en ese proceso, no es el tiempo por sí solo el que sana. Es el amor de Dios, obrando en el tiempo, el que va sosteniendo, cubriendo y restaurando el corazón.
Hoy sigo adelante,no porque el dolor desapareció,
sino porque el amor permanece.
Y también porque he elegido honrar la vida de mi hijo,
acompañando a otros que transitan este mismo camino llamado duelo.
En mi familia tenemos una frase que nace del amor más profundo: “Los Rodríguez Marroquín seguimos siendo 4. Tres vivimos en la tierra… y uno en el cielo con nuestro Padre Celestial.”
Hoy celebro su vida.
Hoy abrazo su recuerdo.
Hoy lo amo… de una forma diferente, pero igual de real.
Y si tú estás viviendo una pérdida, quiero decirte algo desde el corazón:
No estás solo.
Tu dolor tiene sentido.
Y el amor que sientes… nunca termina.
“Así como compartimos momentos de profundo dolor, también podemos experimentar un consuelo abundante que viene de Cristo.”
2 Cor. 1:5
Con cariño,
Vilma Marroquin