19/10/2026
LAJUJ TZ’I (10 PERRO – 19 de octubre, 2026)
“El Tz’i’ es un día de justicia [...].
Todo lo que diga usted lo tiene que cumplir,
porque es su palabra.”
Catarina Rojas
El nawal Tz’i es la energía de la palabra, con la que nombramos y construimos nuestros mundos de manera colectiva, que también es individual. La palabra tiene dirección: puede servir a la verdad y a la vida, o convertirse en instrumento de mentira, opresión y muerte. Es interna y hacia los demás, veraz y mentirosa, sincera o manipuladora, que conecta o separa, que acaricia o hiere… La palabra lleva energía, tiene fuerza y poder por lo que hay que saberla manejar, con responsabilidad.
Según el Popol Wuj, el mundo surgió con la palabra, cuando Tepew y Q’uq’ Kumatz dialogaron, se pusieron de acuerdo y dieron lugar a la creación.
Tz’i es además el valor de la palabra, es decir, la palabra debe ser verdadera y justa; lo que se dice se cumple, por lo que representa también lealtad y coherencia. Dijo Martí: “La mejor manera de decir es hacer”.
Asimismo, el tz’i representa las leyes y normas que se deben cumplir para que haya justicia. El valor sagrado de la palabra es fundamento de la justicia y la convivencia. Tz’i es autoridad.
Los animales que lo representan son el perro y el coyote. El perro es guía conductor, anuncia, avisa, protege y, como cazador, es proveedor. Es guardián del orden natural y la palabra justa. Como toda dualidad, presenta rasgos positivos y negativos; a la vez de ser leal a sus dueños y protegerlos, representa ambición desmedida, avaricia y hedonismo. Asimismo, en los cuentos ancestrales mayas, Tío Coyote es el embustero, al que hay que vencer; pero también es astuto y capaz de adaptarse.
10 son los dedos de las manos y 10 los dedos de los pies, que juntos hacen 20, base del sistema de numeración vigesimal que utilizaron los Mayas. Se asocia con ideas de completitud y perfección.
En los días recientes, Guatemala ha sido sacudida por as*****tos políticos. No se permiten voces críticas que denuncien la corrupción y a las redes perversas de dominación. Se promueven discursos de odio, desinformación, manipulación y mal uso de la palabra por parte de aquellos que tienen mayor poder. Imponen ideas y construyen narrativas para justificarse, confundir y favorecer a minorías.
En estos momentos necesitamos verdad, no engaños. Se debe enjuiciar a los criminales, corruptos, opresores y explotadores que están detrás de los crímenes. Ningún crimen debe quedar impune.
Necesitamos más diálogo entre nosotros, con respeto y valoración mutua, abiertos a las diferencias, buscando el consenso. Debemos tender puentes para evitar mayor polarización, sin pretender convencer a nuestros opuestos, pero sí que haya relaciones de convivencia pacífica. De nuestro lado, necesitamos construir fuerza, aportando cada quien lo que pueda y lo que según su naturaleza le corresponda aportar, para que sea la palabra verdadera la que prevalezca y haya justicia. Cuando la palabra se dignifica, los pueblos recuperan su camino.