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21/08/2026

"LOS ENTENDIDOS RESPLANDECERAN COMO ESTRELLAS EN EL FIRMAMENTO". Por: Lic. Josè Arroyo para COMUNIDAD LUZ Y ESPERANZA.

Estas son quizà las palabras de una de las promesas màs hermosas que aparecen en el libro del profeta Daniel. (Dn. 12).
Todos los que amamos la lectura de la Biblia conocemos la vida del profeta Daniel. Còmo fue llevado cautivo despuès de que Jerusalem fuera sitiada y conquistada por el ejèrcito de Nabuconodosor, Rey de Babilonia. Daniel fue llevado junto con otros jòvenes nobles (Dn. 1:3) a tierras de Babilonia (Provincia de Sinar), Dn. 1:2. Señalàndoseles no sòlo la dieta alimenticia (Dn. 1:5), sino las disciplinas que debìan aprender para estar en el palacio del rey: Sabidurìa, ciencia, entendimiento, letras y lenguas, para llegar a ser asesores reales (Dn.1:4).
Daniel se convirtiò con el tiempo, no sòlo en uno de los sabios que pertenecìan al grupo de magos, astròlogos y adivinos de Babilonia (Dn. 1:20), sino en gobernador de la Provincia de Babilonia, y jefe supremo de los sabios de Babilonia (Dn. 2:48), luego de que Dios le revelò en un sueño, un sueño que habìa tenido el rey Nabuconodosor, el cual, aunque no quizo contarlo, exigìa que sus magos y adivinos lo adivinasen y lo interpretaran. Como el asunto era realmente imposible de que hombre alguno lo pudiera adivinar e interpretar, todos fueron condenados a muerte, incluyendo a Daniel y sus amigos (Dn. 2:9, 10, 12, 13, 17, 18, 19, 24, 27, 28, 29-45). Pero luego de que Dios le diò a Daniel el sueño y la interpretaciòn, el mismo rey Nabuconodosor se postrò ante Daniel y reconociò que el Dios de Daniel es Dios de dioses (Dn. 2:46,47), elevàndole a tan alta posiciòn de autoridad (Dn.2:48).
Tambièn seguramente todos conocen la terrible prueba por la que tuvieron que atravesar los amigos de Daniel, quienes tambièn pertenecìa al grupo de los sàtrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces y gobernadores de las provincias de Babilonia (Dn. 3:2), cuyos nombres eran Sadrac, Mesac y Abed-Nego (Dn. 3:12), quienes fueron arrojados a un horno gigante como sentencia por negarse a postrarse delante de una estatua de oro erigida por el rey (Dn. 3:10,11).
Lo impresionante de la historia es saber còmo Dios personalmente los salvò, aùn cuando fueron arrojados dentro del horno, presentàndose como un cuarto personaje que les hizo compañia, evitando sobrenaturalmente, no sòlo que no se quemaran, sino ademàs, impidiendo que aùn su ropa adquiriera olor a quemado (Dn. 3:21-26).
Posteriormente Daniel fue sometido a otra difìcil prueba de fe y confianza en Dios, cuando, acusado injustamente por los que le envidiaban debido al rango tan importante que habìa adquirido, fue sentenciado a muerte por el propio rey Darìo, quien, aunque era su amigo, debìo ceder a la insistencia de los sàtrapas y gobernadores, de que Daniel merecìa morir por negarse a obedecer el edicto Real que prohibìa que fuera elevada peticiòn a Dios alguno fuera del propio rey de Babilonia (Dn. 6:7).
Daniel fue arrojado al foso de los leones y el rey, entristecido por tener que someterse al propio edicto real (Dn. 6:12,13), no quizo comer ni escuchar mùsica esa noche, debido a la tristeza que le provocò sentenciar a muerte a un amigo ( Dn. 6:16,18). Al dìa siguiente, el rey llegò temprano a buscar a Daniel, para saber si habìa mu**to, y al encontrarlo ileso gracias a la protecciòn divina, enviada al foso a travès de un àngel que impidiò que los leones le hicieran daño a Daniel, decidiò sacarlo del foso y poner allì en su lugar a aquellos que lo habìan obligado a condenar a muerte a Daniel (Dn. 6:24).
Asì que con su propia vida, Daniel nos enseña còmo se convirtieron èl y sus amigos en hombres sabios, prudentes y de un gran entendimiento màs allà del que la educaciòn pueda dar, pues èsta sòlo podìa ser consecuencia de la intervenciòn de Dios en sus vidas, debido a la fe de ellos, a la bùsqueda de la voluntad divina a travès la oraciòn, para resolver sus problemas y enfrentar todas las situaciones, especialmente las adversas, para obedecer y honrar a Dios, aùn a costa de su propias vidas.
La Escritura nos da ciertas fòrmulas para alcanza la inteligencia y la sabidurìa. Leemos en Efesios: "Por tanto, no seàis insensatos, sino entendidos de cuàl sea la voluntad del Señor (Ef. 5:17). Aquì la sensatez y el entendimiento estàn vinculados con conocer la voluntad del Señor para cada uno. Alquien pensarà que tal cosa es imposible saber, pero si conocemos las Escrituras y oramos en cada decisiòn importante de nuestra vida, Dios se encargarà de hablarnos y guiarnos para que tomemos la decisicòn correcta.
Otra clave sumamente reveladora la encontramos en el libro de Deuteronomio: "Guiardadlos pues (los estatutos y decretos), y ponedlos por obra; porque esta es vuestra SABIDURÌA y vuestra INTELIGENCIA ante los ojos de los pueblos, los cuales oiràn todos estos estatutos y diràn: ciertamente pueblo SABIO y ENTENDIDO, naciòn grande es esta (Dt. 4:6).
Este versìculo encierra la fuente de la sabidurìa, la inteligencia y el entendimiento, que se halla nada menos que en conocer y guardar u obedecer los estatutos y decretos dados por Dios al hombre, primero directamente al pueblo de Israel, y luego, gracias a Cristo y a la obra de sus apòstoles, a toda la humanidad que abraza el cristianismo. No es complicado: Conocer por el "oìr" y luego obedecer.
Pero ¿dònde obtendremos esta sabidurìa, entendimiento e inteligencia?. Tambièn la Escritura nos lo enseña. En el libro de Crònicas leemos: "Jehovà te dè ENTENDIMIENTO y PRUDENCIA para que cuando gobiernes ... guardes la ley de Jehovà tu Dios. Entonces seràs prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y decretos que Jehovà mando a Moisès para Israel " (1Cr. 22:12,13).
El guardar (obedecer o cumplir de todo corazòn) no sòlo genera entendimiento, sino se necesita de este entendimiento y prudencia para guardar la misma ley de Dios. Es como una retroalimentaciòn: EL OBEDECER permite alcanzar la sabidurìa, pero se necesita de inteligencia y de prudencia (que sòlo Dios da) para poder guardar o cumplir dicha ley. Primero, Dios da este entendimiento para poder cumplir con sus mandatos y, raiz de que obedecemos, se nos aumenta la sabidurìa, el entendimiento y la inteligencia.

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11/08/2026

LAS PALABRAS MAS HERMOSAS QUE JESÙS PRONUNCIÒ Y SU EFECTO EN LOS RELIGIOSOS DE SU ÈPOCA. Por: Lic. JOSÈ ARROYO para "COMUNIDAD LUZ Y ESPERANZA".
Jesùs habìa comenzado su ministerio terrenal sometièndose al bautizmo del profeta Juan, su primo -llamado por ello Juan el Bautista- (Lc. 3:21,22). Inmediatamente, nos cuenta el apòstol Sn. Lucas, que "Jesùs lleno del Espìritu Santo, volviò del Jordàn, y fue llevado... al desierto" (Lc. 4:1) en donde ayunò durante 40 dìas (Lc. 4:2). Luego de los cuales, "volviò en el poder del Espìritu a Galilea... y enseñaba en las sinagogas de ellos" (Lc. 4:14,15).
Pero fue en la ciudad de Nazarth, donde se habìa criado, en donde se escucharon las palabras màs hermosas que Jesùs pronuciara, las que se encuentran escritas en el libro del Profeta Isaìas:
"Y habiendo abierto el libro, hallò el lugar donde estaba escrito:
EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI,
POR CUANTO ME HA UNGIDO PARA DAR BUENAS NUEVAS A LOS POBRES;
ME HA ENVIADO A SANAR A LOS QUEBRANTADOS DE CORAZÒN;
A PREGONAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y VISTA A LOS CIEGOS;
A PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS;
A PREDICAR EL AÑO AGRADABLE DEL SEÑOR" (Lc. 4:16,17).
Para ese momento Jesùs ya habìa efectuado milagros en Capernaùm, porque èl mismo lo menciona como una noticia que sabìa habìa llegado a oìdos de la gente en Nazareth, quienes seguramente le pedirìan que realizara alguna señal allì (v. 23). Anticipàndose a la peticiòn que sabìa iban a hacerle dicièndole: Mèdico, cùrate a ti mismo, Jesùs les recuerda que "ningùn profeta es acepto en su propia tierra" (v. 24) y comienza a darles una corta enseñanza a travès de dos conocidos pasajes del Antiguo Testamento.
La primera historia en mencionar fue la de la viuda de Sarepta, dicièndoles: "muchas viudas habìa en Israel en los dìas de Elìas, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elìas, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidòn" (Lc. 4:25,26).
La segunda fue la de el leproso Naamàn, quien era valiente general del ejèrcito Sirio, y quien fue enviado por su rey al rey de Israel, a peticiòn del mismo Naamàn, quien le oyò hablar a la esclava de su esposa acerca de Eliseo, el Profeta, quien segùn ella, podìa sanarle de su lepra (2 R 5:2-6). Jesùs continuò dicièndoles a los de la sinagoga: "Y muchos leprosos habìa en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamàn el sirio" (Lc. 4:27).
¿Por què Jesùs les recuerda a sus interlocutores estas dos historias desfavorables para Israel, en las que interviene un profeta hebreo a favor de personas de otras naciones y no a favor del propio pueblo de Dios?. Podrìamos argumentar sin temor a equivocarnos que Jesùs supo todo el tiempo que serìa rechazado por su propio pueblo, porque sabìa que tendrìa que morir por el pecado de toda la humanidad. Pero ese pecado ya se habìa manifestado en la historia del pueblo de Israel durante la travesìa por el desierto hacia la tierra de Canaan, en la que muchas veces, aùn viendo la manifestaciòn sobrenatural del Señor y la de sus innumerables maravillas, el pueblo habìa tentado al Señor, revelandose a travès de muchas murmuraciones en contra de Moisès y de las mimas disposiciones divinas.
Jesùs conocìa perfectamente el corazòn de los lìderes hebreos, y de cada uno de los que escucharon su lectura del pasaje del libro del Profeta Isaìas, asì que no le extrañaba que manifestaran envidia, incredulidad o rechazo por la obra que èl habia comenzado a hacer para manifestar a toda su generaciòn que èl era realmente el Mesìas enviado para liberar al pueblo de Dios , en cumplimiento a las profecias. A este Jesùs, el hijo del carpintero de Nazareth, a quien ellos podìan ver, tocar y escuchar, era a quien el Espìritu del Señor mismo le habìa ungido para realizar una labor trascendental, misma que jamàs hombre alguno realizò ni realizarìa como Jesùs lo hizo, pues sòlo èl puede ostentar el tìtulo de CRISTO , o el Ungido de Dios, por lo que se atreviò a decir con toda certidumbre "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Lc. 4:20).
¿Por què pues Jesùs les menciona a la viuda y a Naamàn? Por varias razones. Primero porque estàn comenzando a presenciar las maravillas y milagros hechos por "el dedo de Dios" a travès de su Ungido, realizadas por el poder del Espìritu Santo quien le usaba para realizar las señales que continuarìan viendo hasta el momento en que Jesùs fuera entregado para ser crucificado, en las que de todos modos muchos no creerìan, porque aùn "viendo no ven, y oyendo no oyen", por la dureza de su corazòn, al igual que no creyeron en la època en que actuaron Elìas y Eliseo.
Segundo, porque al igual que en la època de la viuda y el leproso, el pueblo de Dios siempre habìa rechazado a los profetas, llegando incluso al colmo de darles muerte. Esa misma suerte iba a correr Jesùs, quien en su calidad de profeta serìa rechazado y asesinado, y quien, en virtud de ese rechazo, se volverìa a "los que le recibieron", pues los suyos... "no le recibieron" (Jn. 1:11). Nosotros , sin ser hebreos, creìmos en èl por la obra de la predicaciòn del Evangelio, para que se cumpliese tambièn la Palabra del Señor en relaciòn a lo que nos dice el profeta Oseas: "Llamarè pueblo mìo al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada" (Rom.9:25), para alcanzar a los gentiles (como le hizo entender al apòstol San Pedro) ya que el propio pueblo de Dios no conociò "el tiempo de su visitaciòn", y ellos mismos dieron muerte "al Autor de la vida"(Hch. 3:15).
Esto se cumpliò prontamente en la manifestaciòn de la maldad de los hombres, representada en los propios coterràneos de Jesùs, en el momento en que, despuès de hablarles de la viuda de Sarepta y de Naamàn, el Sirio, "todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantàndose le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle" (Lc. 4:28,29). Aquì queda corroborada contundentemente la naturaleza humana, no sòlo la de los judìos, que no son diferentes de nosotros, sino la de todos nosotros, que no somos diferentes de ellos, porque "ya hemos acusado a judìos y a gentiles, que todos estan bajo pecado" (Ro. 3:9). Somos humanos pecadores unos y otros, tan capaces de sentir ira despuès de escuchar las palabras màs maravillosas que hombre alguno ha dicho, como de intentar asesinarlo despeñàndole. Por eso la Escritura dice "no hay justo ni aùn uno..." (Ro. 3:10-18).
No pensemos que somos "buenos", pues "bueno sòlo Dios" (dijo Jesùs al joven rico), sino aceptemos la "culpabilidad" que nos atribuye la Escritura a travès del Apòstol San Pablo (Ro. 1:18-32), cuando entre otras verdades dice: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad".
Si alguno està libre de culpa, "tire la primera piedra"; si alguno cree que no peca, "hace mentiroso a Dios"; si alguno cree estar sano moralmente, "no necesita de mèdico"; si alguno cree poder justificarse por su propia justicia, recuerde que la Palabra de Dios dice en Isaìas: "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicias; y caìmos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento" (Is. 64:6).
Esta es la Palabra de Dios, no fue dada para que nos guste, ni para que la juzguemos y decidamos aprobarla o no, sino para que conozcamos la maldad que hay en nosotros, y para que conozcamos al Dios verdadero y lleguemos a su Hijo, Jesucristo, "la propiciaciòn por nuestros pecados", para que podamos cambiar la "naturaleza pecaminosa" por la "nueva criatura" que sòlo Cristo puede formar en nosotros y que es la ùnica que puede agradar a Dios. Humillèmonos y seremos exaltados cuando fuere tiempo.

08/08/2026

"EL CI******LO, EL ESTIGMA DE MAYOR VENTA EN EL MUNDO". Por: Lic. JOSÈ ARROYO para "COMUNIDAD LUZ Y ESPERANZA".
Isaac y Luis abandonaron el altar del sacrificio levantado detràs de los arbustos de uno de los jardines de la Rectorìa de la Universidad. Despuès de fumar la hierba prohibida comenzaron a experimentar las consecuencias de haber honrado a su ìdolo.
Mientras caminaban por el sendero de cemento y piedrìn rumbo a la salida, la tierra, el cèsped, las flores, los arbustos y los àrboles iban adquiriendo el intenso colorido de la dimensiòn de los efectos del excitante psìquico... era como caminar en el Paraìso Perdido...
Innumerables experiencias en el consumo de la droga transformaron a Isaac en un asiduo dependiente suyo. En el auto de Adolfo, èl e Isaac conversaban acerca del misterio del origen de la vida y de la formaciòn de la naturaleza. De còmo ella misma -segùn el punto de vista del musicòlogo amigo de Isaac- piensa en sì a travès del hombre.
Mientras Adolfo disertaba còmodamente sentado al volante, teniendo como marco las hojas de los àrboles del boulevard que conduce al Hipòdromo del Norte, Isaac podìa percibir de otra manera cada uno de los movimientos de aquèl, pues bajo los efectos de la droga, los gestos transcurrìan màs lentamente en el tiempo, y cada uno de ellos era hecho como si fuera una danza primitiva, por lo que verle hablar le complacìa màs que oirle.
Isaac se acostrumbrò tanto al narcòtico que continuò visitando la Universidad, no para estudiar en el Centro de Aprendizaje de Lenguas, sino para adquirir el preciado càñamo de la India. El nunca imaginò que existiera otro estado de percepciòn que el provocado por la ma*****na, menos dañina que los hongos alucinògenos y menos destructiva que la cocaìna o el crack, hasta que ingresò, por una experiencia sobrenatural, a la cuarta dimensiòn, la dimensiòn del Espìritu Santo.
El homnbre no puede "ver" la dimensiòn del Espìritu porque, en primer lugar, no cree que exista otra realidad que la que ve y de la que participa, y aunque existe mucha gente que cree en la dimensiòn de lo oculto o lo paranormal, es muy dificil convencerles de que su comportamiento es consecuencia de su propio estado espiritual, determinado por su comuniòn con Dios, o la ausencia absoluta de esa comuniòn.
En segundo lugar, "las cosas del Espìritu se han de discernir espiritualmente". ¿Serà que la dimensiòn espiritual es sòlo para los iluminados, yoguis o brujos, o es un campo al que todos tenemos acceso? ¿Existe un trasfondo de esta realidad que, aunque no lo veamos, posee personajes y niveles reales pero invisibles? ¿Es cierto que las cosas que se ven son temporales, pero las que "no se ven" son eternas? ¿Què tan importante es que tengamos la instrucciòn para el acceso a la dimensiòn del Espìritu (no hablo de espiritismo).
Aquèllos que se niegan a escuchar y a atender el llamado de Dios, y que no dan importancia a la Palabra de Dios como un libro inspirado por Dios mismo (2 T 3:16), por considerarla quizà sòlo una obra de autores hebreos, no saben que sin la obra del Espìritu conducièndonos a Cristo, estàn mu**tos espiritualmente, y que es de suprema importancia conocer el acceso a la vida espiritual eterna que Dios desea que obtengamos todos. Seguramente tampoco les interesa saber que sòlo existe un acontecimiento sobrenatural para la inclusiòn en el reino de Dios: El Nuevo Nacimiento (Sn. Jn. 3:3-8).
Actualmente una persona "normal" de casi cualquier sociedad del mundo, sòlo compra una cagetilla de ci*******os y comienza a fumar mientras piensa en còmo resolver sus problemas, o còmo adquirir lo que tanto quiere, o còmo deshacerse de lo que le està estorbando. O quizà, mientras el humo forma la columna que sube y que sale de sus labios y nariz, sòlo tiene recuerdos placenteros. Ignora que al fumar està cumpliendo con un antiquìsimo rito religioso. En casi todas las religiones de las culturas o "civilizaciònes" a travès de la historia , cuando se efectuaba un sacrificio, la vìctima u holocausto generalmente se incineraba, porque el humo debía ascender a la morada de los "dioses": El Cielo.
Sin que estemos concientes del trasfondo espiritual que posee el acto de fumar, encontramos en èl los 4 elementos bàsicos de todo sacrificio: 1) El oferente (o sacerdote) 2) la vìctima (o lo que se quema) 3) El altar (o lugar donde se inmolaba a la vìctima) y 4) el fuego. Estos elementos estàn presentes en el acto de fumar: 1) El fumador (que no sabe ni le interesa saber si està afectando algo màs que su salud) 2) el ci******lo 3) la boca ( del fumador) o altar donde se produce el sacrificio y 4) el fuego.
En què momento se hace "natural" que el hombre expela humo por sus labios y su nariz? Bueno, porque lògicamente ha inhalado el humo del tabaco que se quema y que pasa por el filtro hacia sus pulmones a través de sus propios labios y faringe. Aun cuando lea la advertencia impresa en la cajetilla de lo dañino que es el ci******lo, el deseo de "disfrutar" de la fumada es màs poderosa. ¿No nos damos cuenta de que siempre que hay humo es evidencia de que "algo" se quema? ¡Pues hombre! diràn los fumadores ¿No te das cuenta que estoy fumando y que es el tabaco el que se quema?. Pero, hombre! ¿No serà que, espiritualmente hablando, el humo solo es el "estigma" que evidencia que lo que se quema es el ALMA del hombre?.
Alguien pensarà que exagero. Pero La misma Biblia usa el humo como una "señal" o estigma. En Jeremìas 6:1 dice:"Huìd, hijos de Benjamìn, de en medio de Jerusalem, y Tocad bocina en tecoa, y alzad por señal HUMO sobre Bethaquerem; porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande (no creo necesario comentar este versìculo).
De los fluìdos naturales que todo ser humano expele o evacua, como la saliba, la o***a, el sudor, las làgrimas, la leche materna, el semen, etc. ninguno tiene la connotaciòn que tiene el humo . ¿Por què no es natural ni aconsejable que un niño o un menor fume? ¿Por què los padres de familia no inducen a sus hijos a fumar desde pequeños, antes bien les prohiben rotundamente que prueben y practiquen semejante "vicio" aùn cuando ellos sean fumadores empedernidos o consumidores de ma*****na?. Pero, por què casi todos los jòvenes desde la adolescencia o incluso desde la pubescencia comienzan a fumar a espaldas de sus padres (y algunos incluso con el consentimiento de ellos)?
Fumar no sòlo no es natural y no sòlo "CAUSA SERIOS DAÑOS A LA SALUD DEL CONSUMIDOR" sino es la evidencia del estado espiritual del fumador, que a la luz de la Palabra de Dios no es precisamente de aprobaciòn. Porque, en el momento que alguien recibe a Jesucristo como Salvador y le entrega o consagra su cuerpo y su vida entera a Dios, se convierte en "templo de Dios" . Segunda Corintios 3:16,17 dice a los cristianos (y a los que crean serlo) "¿No sabèis que sois templo de Dios, y que el Espìritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirà a èl; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es". No le aconsejo a nadie que contamine el templo de Dios con "humo extraño" (aunque sea tabaco de marca) porque Dios es celoso y "horrenda cosa es caer en manos de un Dios vivo"...
Analicemos el fenómeno del fuego y del humo a la luz de la Palabra de Dios. En Exodo 3:2,3 dice: "Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.... Moisés dijo: veré... por qué causa la zarza no se quema". La zarza inevitablemente debía arder por la presencia del fuego. Es más, el fuego surge por la combustión o destrucción de la materia, ya que la materia, en sus elementos constitutivos como la molécula y el àtomo, están destruyéndose en pequeñas explosiones, desintegrándose, combustionando, irradiando luz y calor al romperse la perfecta unidad de la materia, dando así a luz el fuego. El humo, sabemos, son las partículas microscopicas restantes de la materia destruída que se precipitan hacia arriba por ser más livianas que el aire.
Por el contrario, en la Teofanìa del monte Sinai, en Exodo 20:18 encontramos humo sin fuego, cuando leemos: "Todo el pueblo observaba el estruendo y los relàmpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que HUMEABA; y vièndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos". Algo divinamente parecido ocurriò en la dedicaciòn del templo edificado por el Rey Salomon, porque leemos: "Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenò la casa de Jehovà. Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehovà habìa llenado la casa de Jehovà" (1R 8:10,11).
Hay mucho màs que decir, pero ruego a Dios que los fumadores reconsideren que su adicciòn al ci******lo no sòlo les puede causar "enficema" pulmonar, sino define su realidad en relaciòn a si desean dejar de ser recipiente de las partìculas de nicotina del tabaco para convertirse en templo de Dios, para morada de su santo Hijo Jesucristo y su divino Espìritu. Que Dios los ilumine y les dè valor para tomar la decisiòn correcta. Ver menos

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