La Fundación Rigoberta Menchú Tum, plataforma institucional del Premio Nobel de la Paz 1992, acompaña procesos de paz, facilita el diálogo y la negociación como instrumento para la solución política de los conflictos. Se guía por los principios, valores humanos y cosmogónicos, la diversidad étnica, cultural y política de los pueblos del mundo. Trabajamos por la justicia, la democracia,
el respeto pleno a la Madre Tierra y los derechos humanos, especialmente de los Pueblos Indígenas. La Fundación Rigoberta Menchú Tum resguarda la memoria colectiva de los pueblos y sostiene los patrimonios universales que genera el Premio Nobel de Paz 1992 desde el momento de su otorgamiento. Consolida el reconocimiento nacional e internacional por su liderazgo en la promoción de la paz, defensa de los derechos humanos, derechos de los pueblos indígenas, fiscalización de la aplicación de la justicia, lucha contra la impunidad y respeto a la Madre Tierra. Asimismo consolida la educación y procesos de investigación en contextos multiculturales y lingüísticos de los pueblos, como un proceso de construcción y fortalecimiento hacia el 2029. El accionar de la Fundación Rigoberta Menchú Tum se fundamenta en los principios y valores que promueven al ser humano como un ser extraordinario, trascendental y prodigioso, que coexiste con las vidas en el planeta tierra.
-Respeto: Principio de la armonía y el equilibrio en la unidad y la diversidad, fundamento de la coexistencia y la evolución de la vida.
-Reciprocidad: Dar y recibir. La interrelación cósmica es complementariedad, dualidad.
-Gratitud: Ser agradecido. Agradecer es un acto de humildad en cada instante de nuestra vida, en coexistencia con todos los seres vivos. Agradecemos ante el Creador y Formador; gracias Madre Tierra, gracias Padre Universo, gracias Madre-Padre Agua, gracias Madre-Padre Aire y gracias Madre-Padre Fuego.
-Amor incondicional: Cumplir nuestra misión de vida, con plenitud en el equilibrio y armonía, en la tridimensionalidad de la existencia material, social y espiritual.
-Conciencia propia y colectiva: Indispensable para ser trascendental. Nuestro origen nos permite cultivar nuestro ser espiritual, social y material. Está en nuestras manos decidir sobre cada instante de la vida.