22/07/2026
Esta es la noche en la que los pueblos vuelven a encontrarse.
Como nos recuerda nuestros primeros abuelos caminaron desde los cuatro rumbos del universo. Desde el Oriente, donde nace la luz; desde el Poniente, donde el Sol descansa; desde el Norte y desde el Sur, llevando consigo la memoria, la palabra y el espíritu de sus pueblos. No caminaron solos: caminaban unidos por un mismo corazón y una misma esperanza.
Esta noche, ese caminar vuelve a hacerse presente.
Las guardianas de los elementos de identidad llegan desde distintos territorios. De montañas, volcanes, ríos y valles. De los pueblos donde aún resuenan las voces de las abuelas y los abuelos. Llegan llevando en sus hombros la historia de quienes resistieron para que hoy la palabra, el idioma, el güipil, el corte, la danza y el fuego sagrado continúen vivos.
Las Verdes Verapaces las reciben con el abrazo del quetzal y la pureza de la monja blanca. La tierra abre su corazón para escuchar nuevamente el sonido del tun y la chirimía, el eco de los pasos ceremoniales y el latido de quienes comprenden que representar a un pueblo no es un privilegio, sino un compromiso sagrado.
Sin embargo, esta también es una noche de nostalgia.
Porque en cada sonrisa habita el recuerdo de quienes ya no están; de las abuelas que tejieron identidad con sus manos; de los abuelos que enseñaron el camino de la dignidad; de las guardianas que entregaron su voz antes que nosotras y que hoy caminan convertidas en estrellas, iluminando nuestro sendero desde el cielo.
Ellas nunca se fueron. Permanecen en cada tejido, en cada ceremonia, en cada palabra pronunciada en nuestros idiomas, en cada niña que sueña con servir a su pueblo.
Esta noche los corazones laten al mismo ritmo. No importa la distancia entre un territorio y otro, porque cuando los pueblos se reúnen, desaparecen las fronteras y florece la hermandad.
Bajo este cielo estrellado, las guardianas vuelven a abrazarse, como lo hicieron nuestros primeros ancestros cuando emprendieron el camino desde los cuatro rumbos del universo. Hoy no llegan únicamente mujeres; llegan historias, memorias, luchas, alegrías y también dolores que han resistido el paso del tiempo.
Y mientras la luna contempla este encuentro, una nueva Hija del Rey se prepara para recibir la responsabilidad de custodiar la voz de los pueblos originarios.
Que el Creador y Formador bendiga este caminar. Que los abuelos y las abuelas espirituales abran caminos blancos y anchos para cada una de las guardianas. Y que, cuando termine esta noche, no solo haya nacido una nueva representante, sino que también haya renacido, una vez más, el espíritu de unidad que desde tiempos inmemoriales sostiene el corazón de nuestros pueblos.