11/05/2026
*INCREÍBLE LO QUE NOS HIZO DONALD TRUMP*
Claudio Nazoa
Para nadie es un secreto que Orlando Urdaneta tiene un alto cargo en la CIA. Desde su investidura, nos hizo una extraña y misteriosa invitación para ir al Pentágono, a Laureano Márquez, a Amilcar Rivero y a mí.
A cada uno de nosotros nos llamó Marco Rubio y nos preguntó qué cómo queríamos llegar a USA, ¿con American Airlines o por extracción? Para evitar problemas elegimos viajar por la línea aérea.
Ya en el sitio, nos reunimos con Orlando:
-Como ustedes saben –dijo- el presidente Trump ha desclasificado los expedientes secretos sobre los OVNIS y ha reunido a personalidades de diferentes partes del mundo, para compartir información que prueba la existencia de seres extraterrestres.
-Pero, ¿por qué nosotros? -preguntó Laureano alarmado- Que yo sepa todos los aquí presentes hemos nacido en el planeta Tierra.
-¡Cállate, bestia! –le gritó Orlando- esto se trata de que nosotros tengamos un encuentro cercano con seres extraterrestres femeninos … ¿alguna otra pregunta?
Los tres nos quedamos callados y desconcertados. En ese instante y bailandito, apareció el presidente Donald Trump y dijo:
-Ustedes cuatro van a ir a Roswell, en el estado de Nuevo México, y serán participes de un encuentro del tercer tipo que consiste en tener relaciones sexuales con mujeres extraterrestres.
Laureano, asustado, preguntó con timidez:
-Pe … pero a mí no me gustan los tipos de ningún tipo y menos del tercer tipo.
-¡Cállate, bestia! –le increpó Trump mientras seguía con su bailecito.
A partir de allí, no se habló más.
Al día siguiente nos montamos en el helicóptero de guerra de ataque avanzado de los Estados Unidos, el Boeing AH-64 Apache. Rápidamente, aterrizamos en la misteriosa y famosa base de Roswell. Del helicóptero, descendimos en rápel enganchados firmemente a la cuerda de un arnés.
Al llegar, nos mandaron a desvestir y nos pusieron un traje de Nivel 4 de Bioseguridad que son bragas, de cabeza a pies, de color blanco, equipadas con ventilación autónoma. Desde allí nos llevaron a un hangar gigantesco y antes de entrar, sobre un libro sagrado escrito en inglés, juramos que haríamos lo que nos pidieran.
Ya adentro, frente a nosotros, vimos una enorme nave espacial en forma de plato de sopa al revés. Subimos hasta la nave por una escalerita eléctrica de vidrio templado y transparente. En la entrada, nos recibió un alienígena gay y cabezón, quien elegantemente vestido y con mucha educación, nos dijo:
-¡Señores, bienvenidos a mi nave extraterrestre! Ustedes serán los primeros terrícolas en tener contacto sexual con señoritas del universo.
-No los tengo ni con las de la tierra voy a tenerlo con las del universo –susurró Laureano cada vez más aterrorizado.
-¡Cállate bestia! –respondió firme, pero con elegancia, el extraterrestre. Luego, añadió– les presentaremos a cuatro candidatas al Miss Universo
-¡Verga, chamo!, a mí lo que me faltaba era que mi octavo matrimonio fuera con una extraterrestre –comentó Orlando.
Nuestro anfitrión chasqueó los dedos. En el acto, cuatro hermosísimas mujeres con cuerpos exuberantes, vestidas de plateado, con ojos grandes y negros, salieron a nuestro encuentro.
-La de Claudio es Miss Universo Oro –dijo el alienígena.
Era una catira bellísima con radioluminiscencia de resplandor dorado radiactivo.
-Al señor Orlando –prosiguió el extraterrestre- le toca la representante del planeta Platán.
Era una morena delgada con un extraño bulto y con un cuerpazo, que generaba calor al rojo vivo.
-Al señor Amilcar le corresponde Miss Agujero Negro.
Era una mujerona espaciodescendiente, cuatro veces más alta que Amilcar.
-Al señor Laureano, igual que hizo Diógenes en Grecia, le ha sido otorgada una lámpara para que, dentro de la habitación, encuentre a una mujer iluminada.
Con el corazón acelerado, cada uno de nosotros entró a una habitación con paredes plateadas y camas cubiertas con papel aluminio por el lado brillante.
-Desvístete! –ordeno mi catira con voz metálica.
Yo. Obedecí. Me quité la braga blanca y quedé chino en pelota. Por pudor, solo me dejé puestas las medias de rombo. Ella no solo se quitó la ropa, se quitó hasta el pellejo dejando al descubierto una masa amorfa y verde, con una cabezota de bombillo Led, en donde un par de ojos almendrados, grises y enormes que llegaban hasta sus inexistentes orejas, parecían escanearme. Aterrorizado, traté de dejar en alto la virilidad de los terrícolas, pero por más que lo intenté, no encontré ninguna concavidad en dónde hacer algo.
En ese momento, afuera, se escuchó un alboroto. Me asomé no sin antes cubrir con la sábana de papel aluminio mis partes pudientes. Vi a Orlando Urdaneta quien corría desnudo por la nave. Lo perseguía un extraterrestre transgénero del planeta Platán. Era un extraterrestre que no se identificaba ni con hombre ni con plátano, ahora se entiende lo del enorme y extraño bulto.
Al mismo tiempo, escuché gritos en el cuarto de Amilcar. Resulta que nuestro pequeño amigo había caído en un agujero negro que se lo estaba tragando completico.
Como pudimos, Orlando y yo lo jalamos por los pies y logramos sacarlo de tan bochornosa y peluda situación.
Por increíble que parezca, el único que literalmente quedó bien parado en esta experiencia extraterrestre, fue Laureano quien, con su lámpara encendida, encontró la luz al final del túnel.
En esa profunda penumbra, se escucharon gemidos de la alienígena y gritos como: _“me voooy … me estoy yendooo ...”._
Mientras, Laureano, gritaba:
-No te vaaayas que yo estoy llegandooo ...
Esta historia continuará.